Nuevamente Atlas estaba teniendo esos sueños extraños donde aparecían aquellas criaturas aladas rompiendo los cielos y cayendo en el planeta Eros, esta vez podía observar como la sangre salpicaba por todos lados junto con gritos de dolor que lo perturbaban en segundos, el mundo sumido en llamas y caos, un paisaje de cuerpos inertes era lo que lograba a divisar a medida que caminaba, todo a su alrededor cambiaba constantemente, por más que sintiese miedo tenía que ir hasta la raíz de toda esta destrucción. Siguió adentrándose más y más en su profundo sueño hasta que comenzó a reconocer lugares por los que había caminado antes tales como Nörd y el sendero que había hasta Qunlung, aquella cascada donde junto con Diana descansó también aparecía, pero lo más extraño de todo es que ya no eran

