NARRA FRANCIS Problemas, problemas y más problemas. Ese es el pan de cada día en mi trabajo como alcalde. Y ahora, resulta que muchos jóvenes se han organizado para realizar una protesta en el ayuntamiento. Una protesta en mi contra. Yo solo podía observar desde la ventana de mi despacho cómo cientos de jóvenes, de distintas clases sociales, se enfrentaban a la policía y lanzaban cosas a las instalaciones de la alcaldía. Todos los jóvenes exigían lo mismo: que yo renunciara. -¿Por qué quieren que renuncie? – le pregunté a mi jefe de prensa. -De entre tantas cosas, la principal es que destinó los recursos que eran para las escuelas públicas, entre esas incluida el Conservatorio, para otros proyectos – respondió él. -No fui yo…fueron los concejales – refunfuñé. -Pero eso no lo

