Tenía unas ganas terribles de vomitar por el jet-lag. Llevo casi todo el día viajando. Llegué desde muy temprano a París y tuve que esperar dos horas para que el vuelo a Montpellier saliera, ya que el que tenía inmediatamente después de llegar a París, fue cancelado. Y en Montpellier también tuve que esperar un buen rato a que saliera el vuelo a Béziers. Y el vuelo resultó ser en una avioneta de esas pequeñas que pareciera que se fueran a caer con cada pequeña turbulencia. Todos los vuelos hacia Béziers son en avioneta, porque el aeropuerto es muy pequeño como para recibir un avión grande. Tal vez por eso Donatien me recomendó tomar el tren o un bus desde Montpellier, pero no le hice caso, y ahora estoy que no me aguanto el jet-lag. Cuando crucé las puertas de la sala de desembarque, vi

