Elizabeth se despertó viendo a su alrededor. Ella estaba consciente de lo que tenía que hacer ese día, pero no sabía si sería lo más apropiado. Paulo les había encargado con Liam dirigirse a un lugar especifico y asesinar a dos hombres. No conocía sus nombres, pero si que era un joven y otro más adulto. De todas formas, ella solamente los encontraba y su compañero hacía el trabajo sucio. Ese día se sentía más nerviosa que cualquier otro y eso la intrigaba. Llevaba trabajando muchos años así, como para que se encontrara de esa forma. Veía cómo sus manos temblaban y trató de relajarse, tomándose un té verde. — ¿Cómo estás, mi amor? —Dante llegó y le dio un beso en la frente. Se le hacía raro que estuviera tomando té tan temprano en la mañana, pero no hizo ningún comentario al respecto.

