Elizabeth ese día sintió que quería ir a un bar con su novio. Quería que pasaran todo el día juntos y en la tarde-noche, salieran un poco a pasar el rato. Ellos dos eran personas muy hogareñas, pero llevaba varios días en los que el bichito de salir la estaba picando y al final, se decidió por decirle a Dante. — ¿Estás segura? Es algo raro viniendo de ti… — ¿Por qué? — Porque siempre quieres que veamos películas y esas cosas. — Hoy quiero que salgamos a una cita. Dante levantó la ceja, divertido—. ¿Pero gastas tú? — Como sea —se encogió de hombros la castaña—. Solamente sé que quiero salir. El muchacho asintió y se levantó de la cama para preparar algo de comer. Habían estado hablando durante dos horas y ya era medio día y nada que habían comido algo. Su estómago habí

