Capítulo 4

2003 Words
Reino Unido /Londres/ Adara —¡Mamá! El grito de Derek me hace poner de pie de un salto sacando el arma que tengo debajo de la almohada, la alzo con la intención de dispararle a cualquier amenaza pero cuando llevo la vista al otro lado de la cama me topo con la oscuridad de su mirada. —¡Casi me matas de un susto Derek!— lo regaño mientras sonreí mirando la pistola que guardo en la mesa de noche. —¿Cuándo podré usar una?— señala con la barbilla y lo miro anonadada. Es un niño y me sorprenden sus ideas. Ya ni yo cuándo tenía su edad tenía ganas de practicar todo lo que me habían mostrado en la Organización. Me gustaba el combate cuerpo a cuerpo, sí. Pero me habían asustados las armas. Con suerte con el pasar de los años y con mucha práctica se volvieron mis amigas y puedo presumir que soy experta en ellas por mi amplio conocimiento en el departamento de armamento. —¿Y tú por qué preguntas eso? Se subió a la cama. Todavía tenía puesta la pijama gris que tanto le gustaba y que decía que le recordaba a mis ojos. —Me llama la atención— se encoje de hombros.—Se ve interesante. No era un niño cualquiera. Tenía pensamientos de un adulto, ideas de un genio y la fuerza que cualquier niño de su edad jamás tendría. Su capacidad para entender las cosas y aprender eran geniales, ¿y cómo no? Si es mi hijo, su fuente de Interitus funciona a la perfección, heredó todas mis cualidades y ni hablar de su carácter. —Hablaremos de eso después, ¿Quieres desayunar? —No— negó.—Quiero quedarme en la cama. —Nos quedamos aquí entonces— le seguí y me acosté de nuevo. Inmediatamente me trajo el control remoto de la televisión. —¿Una película?— propuso y acepté. Mi intención era poner una caricatura pero se quejó y terminé poniendo una de acción. Sentí como se abrazaba a mí y cómo colocaba su cabeza en mi pecho, lo abracé de vuelta y acaricié su cabello chocolate mirando la pantalla. —¿Mamá? —¿Sí? —Te amo. —Y yo a ti cariño. (...) Era necesario Me repetí mirando hacia atrás para ver como Derek se ponía a mi lado trotando. Teníamos unos minutos en el patio, salí a correr un poco e insistió en acompañarme diciendo que quería ser muy fuerte como los hombres que había visto en la televisión horas atrás. Todo lo que yo no quería que viviera él mismo lo deseaba y lo reclamaba. Yo quería protegerlo, crear una barrera sólida y fuerte a su alrededor para protegerlo del mundo que había allá afuera, ese que nos esperaba y no de la mejor manera. No quería que pasara por lo mismo, quería que tuviera una niñez sana y feliz. Buenos recuerdos que podría recordar sin dolerle. Supongo que todo esto que sentía era miedo de madre. Como mamá osa o mamá gallina no quería que le pasara nada a mi hijo, mi preocupación era enorme pero aquí estaba: encantado por todo lo que yo hacía y con ganas de aprender. —¡Más rápido mamá!— gritó, a unos metros de mí cuando se me adelantó.—¡Eres muy lenta! Sonreí con gracia y apreté el paso hasta alcanzarlo, de una movimiento rápido lo tome y lo coloqué en mi hombro trotando con él encima. —¡Suéltame!— gritó riendo. —¿Quién es el lento?— troté con más fuerza y rapidez provocando más risas de su parte. —¡Déjame! Lo tiré sobre el césped sin llegar a lastimarlo, su risa era como una medicina para mí e inevitablemente me vi a mí embarazada de él hace tres años sufriendo el encierro al que me condenó una de las personas que más quería. Estaba decida, él quería aprender lo que yo sabía y yo sería la persona indicada para enseñarle. Haría de él un hombre fuerte, feliz y capaz de comerse el mundo entero su así él lo quería. —¡La hora llegó! El grito del entrenador llamó nuestra atenció. —¡A entrenar Atesh!— miró a mi hijo y este asintió entendiendo que se tenía que ir para recibir su entrenamiento diario. Se levantó del césped sacudiendo su ropa. —¿Vendrás conmigo?— preguntó con ojos brillantes. —Por supuesto. No me perdería nada de mi hijo. Caminamos hasta el interior de la casa y cuando entramos al salón me di cuenta de que era la única mujer que entrenaba en esta casa. La esposo de Diego era abogada, Estefania estaba enfocada en sus estudios además de que no estaba interesada. La esposa de Iván era otra de las menos interesadas y su única hija no vivía en esta casa, además ella también era Doctora cómo Diego. Mentiría si digo que no me molestaba la mirada de incomodidad que me lanzaban los demás hombres, ellos estaban acostumbrados a entrenar solos en equipo sin ninguna mujer incluida y eso en parte me causaba gracia. Estaba segura que ninguno de ellos, ni siquiera el entrenador soportaría una rutina como la que me daban el OANS. Lo primero con lo que iniciamos fue con el calentamiento, después de eso nos pusieron a combatir cuerpo a cuerpo, derribé a cada uno de mis rivales incluido al entrenador cuando todos lo animaron mientras Derek nos observaba encantado con las escenas de acción como las de las películas que tanto le gustaban. La tarde se nos fue encerrados en ese lugar, de vez en cuando teníamos un descanso y después regresábamos más intensos. La mayoría de los hombres se habían quitado la camisa afectados por el calor, admito que admiré a varios de ellos en silencio cuando se paseaban frente a mí con esos músculos tensos y provocadores. Yo no estaba ciega y sabía muy bien identificar un cuerpo atractivo. Cuándo todo terminó dejé a Derek para que tomara una ducha mientras yo hacía lo mismo. Cuándo salí una de las empleadas me avisó que la maestra de Francés ya había llegado y Derek ya estaba en su clase. Estaba muy interesado por aprender idiomas distintos al nuestro y más cuándo me pidió que le hablara en todos los que sabía. Muchas veces le hablé en Español, Francés, Italiano, Ruso, Turco, Árabe, Portugués y lenguaje de señas. Después de eso su curiosidad había despertado por aprender más y el primero que estudiaría sería Francés. Además de dominarlo un poco, tenía una pequeña habitación en la planta baja llena cuadros, pinceles y pinturas, era un amante del arte y le encantaba pasarse horas dibujado. Cuándo su clase terminó lo vi entrar a mi habitación con la cabeza baja. Fruncí el ceño sin entender su comportamiento y mi vista cayó a una hoja de papel que traía en la mano un poco arrugada por la fuerza que ejercía. —¿Sucede algo?— me senté en el borde de la cama para estar a su altura.—¿Cómo te fue en la clase? Sonreí cuándo me contestó en Francés. —Le professeur est parti tôt— La maestra se fue temprano.—Et j'ai dessiné une image de... notre famille— e hice un dibujo de nuestra familia. —Laissez-moi voir— Déjame ver. Me excedió el papel con timidez y eso me descolocó un poco, Derek no solía ser un niño tímido y mucho menos conmigo. Pero cuándo miré el dibujo entendí su comportamiento y me tensé de inmediato. Nuestra familia. En el dibujo estaba yo del lado izquierdo, tenía el cabello largo color n***o y podía ver mis ojos grises, en medio estaba mi hijo tomado de mi mano, y... del lado derecho estaba él. Liam estaba ahí, tomando de la mano a Derek, estaba mucho más alto y grande que nosotros y me alarmó el ver el parecido que tenían los dos en el dibujo. —¿De dónde sacaste esto?— le pregunté, señalado a Liam.—¿Has visto a este hombre, Derek?— estaba ansiosa y preocupada por su respuesta. —Es mi papá— contestó como si nada. —¿Lo has visto?— levanté un poco la voz y supe que me estaba alteranado cuando él dio un paso atrás. —No. —¿Entonces por qué dices que es tu padre? Se encogió de hombros sin saber que decir. —Lo intuí. No me parezco en nada a ti así que supongo que mis características vienen de él. Se me encogió el corazón al oírlo. No podía concebir la imagen de él imaginando a un hombre que no sabía ni de nuestra existencia, porque nadie supo que estaba embarazada y todos creen que estoy muerta. —¿Él es así?— llamó mi atención cuándo me quitó la hoja. Acarició la parte dónde estaba Liam con la punta de los dedos. —¿Así cómo? —Grande— me miró a los ojos y pude ver un brillo especial.—Y... parecido a mí. Me quedé callada, no sabía que decir y no estaba lista para que me preguntara sobre su padre, ¿qué le diría? No quería mentirle con lo típico "tu padre falleció cuando eras bebé". Pero tenía claro que tampoco quería decirle la verdad. —¿Ya comiste?— pregunté, poniéndome de pie. —No. —Vamos entonces. Dejó de lado el tema junto a la hoja sobre mí cama. Esa vez la cena fue en el jardín, pero Iván no estaba, había viajado a Canadá por asuntos de la Sociedad. Esa noche Derek decidió dormir en su habitación y lo acosté dándole las buenas noches, salí de su habitación y cuando entré a la mía tomé entre mis manos el papel arrugado. Tenía tantos años sin saber nada de Liam, nunca he visto una fotografía de él y mucho menos ahora que ya tiene una familia, supongo que Anna se convirtió en su esposa y está feliz con su hija. No quería decirle eso a mi hijo. Me dolería demasiado decirle que su padre está con otra mujer, que tiene una hija y que no piensa en nosotros. Que no sabe que nació y que estamos más cerca de él de lo que me gustaría. No quiero que Derek tenga contacto con su padre por la simple razón de que es su segundo hijo, no sé si Liam lo querría pero estaba segura que no iba a ser bien tratado en esa casa mientras en ella viviera Béatrice y Anna. Esas mujeres me odiaban y no me cabe la menor duda de que pueden hacerle algo a mi hijo y eso no lo voy a permitir. Me acuesto en la cama lista para dormir pero me quedo mirando el techo con Liam rondando por mi cabeza. ¿Cómo estará? ¿Se acordará de mí? Siempre que pienso en él el pecho se me oprime y siento unas horribles ganas de llorar. A pesar de que no lo he visto, en mi mente él se ve igual como el primer día que lo miré en aquel aeropuerto dónde le robé el maletín. Recuerdo todo lo que pasamos y lo miro pasar frente a mí como si de una película se tratara. No mentiré, me han dado ganas de tomar un vuelo a Canadá y mirarlo de lejos como si fuera una acusadora. Permitirle por lo menos a mis ojos verlo aunque mis manos se mueran por tocarlo y sentir su piel contra la mía. Cierro los ojos con fuerza entrando en razón. Liam no es más que un mentiroso que no cumplió su promesa y recuerdo las palabras llenas de veneno de Béatrice en mi boda diciendo que él no me quería. Y lamentablemente lo comprobé de la peor forma. Se supone que él está en mi pasado. Mi presente ahora es mi hijo y mi venganza.
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