Reino Unido
/Londres/
Adara
Entro al territorio de Reino Unido por los aires preparándome para aterrizar sobre la pista privada dónde me espera una camioneta y hombres armados. Cuándo lo hago bajo las escaleras despidiéndome del Jet n***o para caminar hasta los hombres que están parados junto al auto.
—Bienvenida— saluda uno de ellos, totalmente trajeado de n***o, con un arma al costado de su cadera y lentes oscuros al igual que los demás.
Asiento en respuesta y uno de ellos me abre la puerta para que suba. Agarramos carretera y en treinta minutos estamos ingresando por el portón de acero de la mansión. Este a sido mi hogar desde mi escape, Diego me trajo hasta aquí con mi hijo y debo admitir que me llevé una sorpresa muy grande cuándo conocí al dueño de estas tierras.
Cuándo pongo un pie dentro de la construcción mis ojos van directo a las escaleras dónde el hombre con traje me sonríe en bienvenida.
—Bienvenida, bella Lilith.
Le sonrío y baja las escaleras hasta llegar frente a mí.
—Diego me contó que lograste lo esperado.
—Así es— asiento.
—Me alegro por ti. Sabes que cuentas con mi apoyo para lo que quieras.
Tuve una gran sorpresa cuándo Diego me trajo aquí, a la casa de su hermano mayor Iván Thomson. Me contó que eran hermanos, Diego era un excelente médico mientras Iván cargaba con el clan de su padre gobernando en todo el país. Conocí la familia de Diego: su esposa y su hija; Estefania, la misma niña que Fernando había maltratado hace años y la cuál ya no era una niña sino una adolescente hermosa.
El agradecimiento de la familia Thomson fue tan grande que me recibieron en su casa, me volví parte de la mafia Británica y una integrante de esta familia así como también mi hijo. Estos años nos hemos mantenido en este lugar sin dejar que alguien nos vea para no correr riesgo y que las cosas se adelanten.
—¿Dónde está Derek?— pregunto.
—Atrás.
Caminamos por el pasillo para llegar al otro extremo de la enorme mansión. Llegamos a dos puertas negras y cuando las abre el pulso se me dispara al ver a mi pequeño de tres años luchar con un hombre que conozco cómo el entrenador de los hombres de Iván.
—¿Quién lo ha puesto ahí?— cuestiono con evidente molestia.
—Fue idea suya.
Llega Diego parándose frente a mí ignorando su saludo cuándo el enojo se apodera de mí.
—Ha insistido.
—Eso no es posible, Diego. Dije que quería lejos a Derek de todo esto— lo señalé.—No tiene edad ni cabeza para entender esto. No quiero arruinar...
—Tranquila— me toma de los hombros mientras yo respiro con agresividad.—Sé que te preocupas por él pero debes entender que el mundo en el que vive lo obligará a saber todo lo que tú sabes.
—Es un niño— mis ojos captan su pequeña figura. Sigue luchando con el hombre que le enseña como atacar.—No quiero que viva lo que yo viví. No quiero someterlo a esta vida, quiero que disfrute de su niñez.
—Y así será. Adara, le has dado todo el amor que una madre puede darle a su hijo. No le hace falta nada a tu lado.
—No quiero arruinarlo...
—Y no lo harás— Deja de tocarme y se coloca a mi lado.
Miro a mi hijo dedicado y serio a la hora de repartir goles con sus pequeñas manos en contra del entrenador que se sorprende con la agilidad y fuerza que cuenta como para ser un niño de tan solo tres años.
—Tiene potencial— habla Iván.—Cómo su madre.
Sonrío levemente por y trato de tranquilizar mis nervios. Tengo muy claro que no quiero que Derek pase por lo mismo que yo, quiero que su infancia sea feliz y memorable. No una llena de soledad y tristeza por la falta de cariño o por darle tareas que no debería hacer como esta. No quiero escribir su destino y mucho menos su camino que grita igual que el mío.
—Conoces el mundo en el que vivimos— habla de nuevo.—Es necesario que sepa defenderse, no está de más.
Y tiene razón. Lamentablemente no vivimos en un mundo color rosa y lleno de flores. Al contrario, vivimos en uno oscuro y lleno de espinas que amenazan con acabar contigo si no sabes como moverte.
—¡Mamá!
Le sonrío al enano que corre a mí con los brazos abiertos y con su rostro feliz por verme. Cuándo llega a mí lo tomo en brazos y giro con él en brazos causando que ría a carcajadas.
—Te he extrañado— me abraza por el cuello dejando su cabeza en mi pecho.
—Yo también cariño— le acaricio el cabello chocolate y levanta la mirada.
—¿Me has visto?— pregunta ilusionado.
—El entrenador me ha enseñado muchas cosas en estos días.
—¿Ah sí?
—¡Sí! ¡Puedo enseñarte!— se baja de mis brazos, me toma de la mano y me jala al lugar de combate.
—¿Qué te parece si te enfrentas a mí?— le hago una seña al hombre para que se retire y de paso también se van los hermanos.
—No— niega.—No se puede ni debe golpear a una mujer.
Sonrío por su caballerosidad. Definitivamente se parece a Liam aunque me cueste admitirlo.
La última vez que lo miré fue frente a mi tumba, de ahí en adelante no supe más, ni tan siquiera cuándo Iván viaja a Canadá hacia el Linaje, últimamente han tenido problemas.
—¿Miedo?— lo reto.
—¿Yo? Jamás.
—¡Ataque!— grito y de inmediato nos ponemos en posición de pelea. Sus ojos no abandonan los míos.
—¿Me vas a obligar a hacer esto?
—Sí tu enemigo es hombre o mujer nunca debes tenerle piedad porque ellos no la tendrán contigo— le explico.—¡Ataque!
Me le voy encima midiendo mi fuerza, observo detalladamente como se mueve y esquiva mis movimientos regresando los pequeños golpes que me propina.
Me quedo con él toda la mañana, prestando atención a todo lo que hace y me enseña mientras lo observo con una sonrisa por la expresión seria que adopta a la hora de luchar. Le doy muchos trucos para derribar al oponente y se queja que es trampa pero al final los aprende muy rápido.
La hora de la comida se llega y lo tomo de las piernas poniéndolo sobre mi hombro.
—¡Mamá!— se queja y ríe a carcajadas cuando subo las escaleras con él en mi espada y rebota.
—Al baño— entramos a su habitación y lo lanzo sobre un puff n***o.
Se levanta y corre al baño para ducharse mientras yo me voy al mío. Sudamos toda la mañana y cuando el agua fría de la regadera hace contacto con mi piel me relajo por completo retirando toda la suciedad. Cuándo salgo me pongo algo causal del clóset sin necesidad de abrir mi maleta.
Encuentro a Derek en el pasillo y lo tomo de la mano para bajar al comedor dónde todos nos esperan.
—¡Hola Adara!— saluda Estefania.—Qué gusto verte de nuevo.
—Hola— saludo, con una sonrisa mientras jalo la silla para mi hijo.
—Escuché que fuiste a Estados Unidos— sigue y asiento para no dar explicaciones y guarda silencio cuando las empleadas llegan con la comida.
Estefania ha crecido demasiado, en una adolescente que asiste a la preparatoria sin ninguna dificultad después de lo que pasó con Fernando. Gracias al cariño a de su familia, sobre todo el de los padres, y por su voluntad ha salido adelante llevando su vida adelante.
El día entero me la paso con mi hijo y cuando es hora de cenar me encuentro con todos de nuevo en la mesa. Al final me llevo a mi hijo a mi habitación para que duerma conmigo. Lo acomodo en la cama ya con su pijama puesta, lo cubro con el edredón y dejo un cálido beso en su frente dándole las buenas noches y cuándo se queda dormido salgo de mi habitación para ir al despacho de Iván.
Lo encuentro sentado del otro lado del escritorio.
—¿Pasa algo bella Lilith?— Deja de lado los papeles que tenía entre las manos.
—Quería regresarte la Polímata— me acerco y dejo la tarjeta sobre la madera.
Me ha hecho de gran ayuda ahora que he empezado con mi venganza. Esa simple tarjeta a la vista no es más que tecnología sumamente inteligente y útil para hacer cualquier cosa.
Desde que le conté mis planes me la ha prestado y ahora que he regresado de Estados Unidos se la regreso por cualquier cosa.
—No es necesario— negó y la tomó en su mano derecha.—Quédate con ella, la necesitarás— la extiende a mí.
—No quiero que pienses...
—No tengo nada que pensar— me interrumpe.
—Es más tuya que mía desde que dejó de funcionar y le dedicaste tiempo y esfuerzo para repararla y para que funcionara con eficacia de nuevo.
Tenía razón. Después de que mi equipo y yo recuperaremos la Polímata fue entregada a Iván, su original dueño. El problema fue que cuando personas del bajo mundo se enteraron que ya no estaba en poder de los Estados Unidos la quisieron robar y la hicieron pedazos.
Cuándo llegué aquí lo supe, así que me puse manos a la obra y la reparé haciéndola funcionar muy bien, tanto que el programa se había acostumbrado a mí. Estaba instalado por toda la casa, en mi auto, en el Jet y en los aparatos electrónicos incluyendo el sistema de seguridad que mi hijo tenía. La había convertido en un arma protectora para mí y para Derek. Definitivamente la había mejorado y estaba feliz por ello.
—Muchas gracias— agradecí, sinceramente.
No era capaz de imaginar que hubiera pasado si los hermanos Thomson no hubieran aparecido en mi vida. Sin duda me habían regresado su ayuda.
—Estamos en deuda contigo.
Fueron las palabras de Iván.
—Y los favores se pagan con favores.
El agradecimiento que me tenían por lo de Estefania lo sentía yo cada que despertaba bajo un techo con mi hijo sano y salvo a mi lado. Derek tenía una cama dónde descansar, alimentos y agua que consumir, una educación perfecta, un techo en dónde vivir y sobre todo, tenía el cariño de todos en esta casa por ser el único niño. Las empleadas estaban encantadas con él, se la vivían dándole dulces y pastelillos, cumpliendo los caprichos de mi pequeño hijo.
Los guaridas lo miraban con respeto y siempre lo acompañaban a cualquier lugar para protegerlo de cualquier cosa.
—¿Cuál será tu próximo movimiento?— preguntó, mientras yo tomaba la tarjeta de vuelta.
—Me pondré en modo rastreador— sonreí.
—Tengo mucho que hacer.
Me despido y me dirijo a hacia la puerta cuándo me regresa las buenas noches, pero antes de salir me detengo de espaldas a él cuando habla de nuevo.
—Suerte. Deseo que consigas lo que quieres.
—Y así será.