Capítulo 2

2724 Words
Estados Unidos /Las Vegas/ Adara Mis músculos tensos se relajan cuando mi cuerpo hace contacto con el agua fresca del jacuzzi de la habitación de aquel hotel. Era el mejor de Las Vegas y no cualquiera podía darse el lujo de hospedarse en este lugar. Todo era extremadamente caro y la verdad lo valía. Yo estaba en una suite majestuosa; la cama que me tentaba está enorme, sobre ella había almohadas bastantes suaves y las sábanas eran finas. En toda la habitación había decoraciones que parecían sacadas de un museo. Esa misma suite más que parecer habitación de hotel parecía un departamento donde una persona podía vivir con todas las comodidades posibles. Lo único que alcanzaría a disfrutar de aquel lugar era el jacuzzi lleno de burbujas, con velas alrededor, bocadillos y vino en una copa junto con su botella para servirme de nuevo. Me llevé dicha copa a los labios y mi lengua disfrutó del sabor de aquel líquido que provenía de Italia. Eché mi cabeza hacia atrás y antes de que cerrara los ojos la voz robótica hizo que los abriera de nuevo. —Objetivo presente— indicó desde la cama en dónde lo tenía. Mi siguiente víctima estaba en este hotel y evidentemente no muy lejos, por lo menos no lo suficiente para salvarse de mí. Era matar a dos pájaros con una bala. Franco me dejó cerca de aquí dónde esa persona estaba muy tranquila pasando las vacaciones que le habían dado en la Organización de Australia. Di inicio a esto con Rivera y no sabía muy bien cómo terminaría todo esto, tenía claro que iba a cazar a cada uno de ellos y el final sería deshacerme de Rogelio y Siria. Tenía todo fríamente planeado y por nada del mundo podía salir de ese camino que me mostraba la perfección de mis planes. Salí del jacuzzi y me coloqué una bata de baño para salir. Cuando lo hice el teléfono que usaba para trabajar empezó a sonar. Me acerqué al mueble dónde estaba y tomé la llamada cuando miré que en la pantalla estaba el nombre de Diego. —¿Bueno?— contesté. —¿Cómo van las cosas por allá?— preguntó. Diego estaba enterado de todo lo que estaba haciendo aquí y de lo que haría en un futuro no muy lejano. —Franco está muerto. —Lo miré en las noticias de la Organización de Australia— informa.—Rogelio ha de estar furioso. —Y se enojará más cuando le llegue la noticia de otro médico suyo muerto. Mi primer objetivo era asesinar al equipo de médicos que estaban encargados de mí. La mayoría eran los mejores de la Organización y Rogelio me los puso todos en contra para acelerar la extracción. Así que primero acabaría con todos ellos dejándolos sin un elemento importante para la realización de sus ejecutores. —¿Y cómo te sientes?— su tono cambió a uno más suave por su pregunta. Sabía bien el impacto negativo que tenía sobre mi todo este tema. Fue testigo de cómo sufrí en estos años no sólo por los daños de mi hijo, sino también de los míos tanto físicos como psicológicos. Los muy cobardes me habían atacado con un miedo que tenía desde niña: la soledad y la privación de la libertad. Supieron como mover sus cartas en mi contra y Siria fue la ficha clave para que ellos supieran todo debilitándome. —Bien— mentí. Si bien me llenaba de satisfacción acabar con uno de ellos no me sentía bien. Había algo dentro de mí que me impedía sentir paz. Tal vez necesitaba saber que todos estaban bajo tierra para poder respirar bien. —Es uno menos de la lista aunque falten muchos— caminé por la habitación y me senté sobre la cama. Decidí dejar el tema por un lado porque siempre el ambiente se ponía tenso y no me gustaba que otras personas supieran mis planes o como pensaba. —¿Dónde está Derek?— cuestioné. —Aquí. Ha estado muy impaciente desde que te fuiste— oí como caminaba y entraba a una habitación.—Derek, tu madre quiere hablar contigo. Hubo un silencio por la línea, sabía que él tenía el celular porque podía escuchar su respiración reconocible para mí y él también sabía que lo podía oír así como él me oía a mí. —Te escucho— hablé, con una sonrisa en los labios. —¿Cuándo regresas? Escuchar su voz suave por la edad pero clara provocó que mi corazón se hinchara de gusto por oírlo después de días sin verlo. —Hola mamá ¿Cómo estás?— contesté con ironía. Derek demostraba el cariño que sentía por mí de una forma... peculiar. No era de muchas palabras y era muy serio al hablar. Me había dicho que me quería muchas veces pero siempre lo demostraba con actos más que con palabras. Supongo que era el ADN de Liam el que lo hacía lucir tan serio a la hora de hablar. La forma en que caminaba con seguridad me recordaba a su padre y la forma en que me miraba con esos ojos oscuros demostraban lo mucho que me amaba ese pequeño hombrecito. —Hola mamá— corrigió.—¿Cómo estás? —Estoy mejor ahora que te escucho cariño, ¿y tú cómo estás? —Extrañándote, ¿Cuándo regresas? —Muy pronto mi amor. En unos días estaré contigo y te daré muchos abrazos y besos por todos estos días separados. —¿Tú me extrañas?— preguntó con duda y sonreí más. —Mucho, demasiado. —¿Qué fuiste hacer para allá?— cuestiona resentido porque quería venir conmigo pero no lo dejé. —Trabajar. —Aquí también trabajas y siempre me llevas contigo. —Esto es diferente... Lo oí suspirar. Desde que lo tuve entre mis brazos de nuevo nunca nos habíamos separado, él se había acostumbrado a mí y yo él. Estuve en sus tres años de vida en cualquier momento, miré sus primeros pasos, mamá fue su primera palabra y siempre anduve detrás de él para cuidarlo. —Ajá. —Prometo que pronto estaré allá. Ahora, necesito colgar— miré la pantalla iluminada con la imagen de la persona que esperaba que llegara al casino del hotel. —Te amo mamá. —Te amo hijo. Cuelgo y me visto con el vestido que cuelga de un gancho en el clóset. Me llega por arriba de las rodillas, es de color beige de seda y cuelga de dos tirante con pedrería que van en mis hombros. También calzo unos zapatos de tacón plateados y me recojo el cabello en una coleta alta dejando ver el escote de mi espalda. Adorno mi cuello con un collar plateado, unos aretes cortos dónde la voz robótica me informa todo y pulseras y anillos del mismo color. Recordaba perfectamente que Nick era un genio para la informática y siempre fue su arma más poderosa. Así que desde que recuperé mi entrenamiento aprendí todo sobre eso haciendo uso de todo lo que sabía antes para usarlo a mí favor y mucho más ahora que actuaba sola y no tenía a mi equipo. No llevo bolso porque no quiero cargar con nada y antes de salir para el casino, apago todas las cámaras de seguridad sin que los guardias se den cuenta, porque aunque ya no gravan lo que pasa, les muestra una grabación repetida que no distinguen. Ya con eso guardo todo y me voy a la salida de emergencia para meter todo en el auto y salir de aquí cuando todo termine. Al llegar a la recepción uno de lo trabajadores del hotel me guía hasta las inmensas puertas del casino. Cuando pongo un pie en ese lugar mi vista es deslumbrada por el lugar completamente lleno de personas que apuestan un dineral en todos los juegos. Los hombres son los típicos que apuestan y con ellos están los hombres que los cuidan y mujeres de compañía que visten llamativos vestidos. Bajo las escleras para mezclarme entre toda la gente y un hombre me ofrece una copa de vino que recibo gustosa. Sigo caminando hasta llegar a la barra dónde se pide alcohol y ahí tomo asiento mirando todo con determinación hasta que un desconocido llega a mi lado con intenciones de ligar. —Buenas noches— saluda, tomando asiento a un lado de mí.—¿Puedo sentarme aquí? —Eres libre de sentarte dónde quieras— respondo tosca para que se dé cuenta que su compañía no es grata. —Me gusta esta silla— ríe captando todo. —Y tú también me gustas. Dejo la copa vacía de lado y me levanto para alejarme de ahí, pero su mano tomando mi brazo impide mi huida. —Acompáñame... —No— me zafo y me alejo. —¿Te haces la difícil o...?— sigue detrás de mí y me giro bruscamente provocando que se asuste por ese movimiento. —No-quiero-compañía— le digo lento. —Así que aléjate. —Objetivo presente, Adara— escucho. —A ocho metros frente a ti. Miro por encima del hombro de este hombre y miro la cabellera dorada de Fabiola Álvarez bailar en la pista de baile con un tipo que no conozco. Es una mujer. Siria también era una mujer y mi mejor amiga, la consideraba mi hermana y me traicionó. No importa si es hombre o mujer, todos me hicieron daño y sólo les voy a devolver el favor. Muchas veces le supliqué que me soltara y que no me hiciera nada con esas máquinas del diablo y siempre se hizo de oídos sordos. Por su culpa mi sangre se infectó en las primeras semanas que estuve con ellos y para limpiarla me hizo sufrir de una manera cruel. Y aún cuando supo que tenía vida en mi vientre no le importaba y practicaba conmigo como si fuera una rata de laboratorio. Para mi suerte Diego nunca le permitió que me pusiera una mano encima, pero cuando lo hacía sonreía plena escuchando como gritaba y como pedía piedad. —¿Quieres bailar?— pregunta el hombre cuando nota como miro hacia la pista. —No. Me voy al segundo piso perdiendo de vista al hombre insistente. Me siento en uno de los sillones junto al barandal donde miro todo desde arriba. Mis ojos no se despegan de Fabiola en ningún momento mientras bebo más vino de mi copa esperando el momento indicado. La noche transcurre con tranquilidad. Muchos hombres hicieron lo mismo que el primero: me invitaban una copa, a bailar y a que los acompañara como adorno mientras ellos se lucían con otros hombres demostrando quién tenía más dinero para apostar y quién era más inteligente para ganar. Me levanté de mi lugar cuando la vi subir las escaleras del piso en dónde yo estaba. Miré como entraba a un pasillo con dirección al baño y no perdí mi oportunidad para ir detrás de ella. Cuándo entré estaba en uno de los cubículos vomitando por culpa de todo el alcohol que había consumido. Me paseé por los demás lugares revisando que estuvieran solos y así fue. Por último cerré la puerta de salida con seguro para que nadie me interrumpiera y me quedé a lado de ella en un rincón dónde no llegaba mucho la luz. Con dificultad sólo se miraban las puntas de mis zapatos. Observé en silencio cómo salía y se tomaba del estómago con una mueca de dolor y asco en su rostro, se acercó al lavabo y limpió su boca agachando la cabeza al nivel del agua. Esa fue mi oportunidad para salir y colocarme detrás de ella a un metro de distancia sin darse cuenta. Cuándo levantó la cabeza me miró a través del espejo, sus ojos verdes se abrieron sorprendidos pensando que eso era un mal juego de su cerebro por el alcohol y que yo era una ilusión. —¿Qué tal Fabiola? Se horrorizó cuando mencioné su nombre y giró rápido sobre sus talones esperando que detrás de ella no estuviera y comprobar que estaba alucinando, pero cuando lo hizo me le fui encima tomándola del cabello y estrellando su cabeza en el espejo. Con el primer golpe el cristal se partió y varios pedazos se introdujeron en su piel provocando que diera un grito de horror. La puse frente a mí y le di un puñetazo que la aventó al lavabo con fuerza mientras ella tomaba su rostro. Mi siguiente movimiento fue tomarla del cuello para obstruir el paso del aire a sus pulmones. Sus ojos me vieron con miedo cuando comprobó que estaba viva, empezó a llorar e intentó hablar pero no lo logró. Patalea desesperada para que la suelte y cuando lo hago la lanzo con fuerza hacia la pared, cae al suelo y tose respirando. —¿Qué...?— trata de hablar pero no lo logra. —¿Adara?— me mira desde abajo llorando mares. —La misma que torturaste— sonreí sin gracia y noté como su cuerpo temblaba. —Estás viva— me miró de los pies a cabeza y se pegó a la pared para alejarse de mí. —Lo estoy. Sus ojos verdes derramaron más lágrimas pensando a dónde pararía todo esto. Yo no sabía en qué parte del rostro mirarla, estaba llena de sangre, sangraba por la boca y la nariz, sus cortes mostraban pedazos de vidrio en ellos y su cuello ya empezaba a ponerse morado por mis manos. —Arriba— la tomé con brusquedad y la jalé del cabello para ponerla de rodillas. —Por favor— murmuró.—No me mates Adara. —¿Tienes la cuénta de cuántas veces te supliqué?— dije entre dientes, sintiendo como mi sangre hervía de furia.—Porque yo sí y te las haré pagar. Le di un golpe en el estómago con una de mis rodillas y al instante volvió a vomitar pero esta vez sobre el suelo. —¡Perdón!— gritó adolorida.—¡No quiero morir! —¡Yo tampoco quería morir!— le metí otra patada en el suelo y se dobló.—¡Yo tampoco quería dejar de existir para las personas que me conocían! —Detente— suplicó esta vez vomitando sangre. —¡¿Cuántas veces te reíste de mí mientras yo gritaba y pedía clemencia?!— la levanté del todo soportando la peste que traía. —Lo siento... —Eso no sirve de nada— saqué la navaja que traía en el cinturón de mi pierna y la clavé en su estómago con fuerza disfrutando del corte que hacía. Sus ojos se abrieron más y me escupió sangre en el rostro cuando esta salió de su boca. Tomó mi mano para intentar sacarla y cuando el filo salió lo metí de nuevo pero más duro y profundo. Repetí la misma acción muchas veces apuñalanfola sin compasión, metió sus manos para que la dejara pero hice cortes en toda su piel escuchando los gritos de dolor y horror que una vez yo también di. —Fabiola Álvarez, eliminada. Cuándo la dejé sin vida en el suelo lavé el cuchillo dejándolo dónde estaba y lavé mis manos y rostro quitando todo rastro de sangre. Me observé por un pedazo de espejo que estaba cerca de mí y acomodé mi cabello antes de salir. Unas chicas pasaron por mi lado y alcancé a escuchar el grito de terror que dieron mientras yo bajaba las escaleras para largarme de aquí. Salí de Las Vegas como si nada, en el camino miré las patrullas de policía y la ambulancia que se dirigían al hotel. Las cámaras de seguridad volvieron a la normalidad y yo no dejé ni rastro llegando a la pista privada dónde me esperaba un Jet color n***o que me llevaría con mi hijo. Destruí el auto en que iba y me preparé para despegar el avión con mis propias manos porque estaba sola en esto, además era experta en pilotear. Cuando estuve regulada en el aire coloqué el piloto automático y me di una ducha que necesitaba demasiado. Miré como amanecía mientras seguía en el aire. Me dispuse a viajar en toda la noche para llegar muy temprano en la mañana a casa con mi hijo.
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