Capítulo 7

2233 Words
Reino Unido /Londres/ Iván La Sociedad del Poder era un dolor de cabeza cuándo se lo proponía. Había omitido el hecho de que el sistema sería actualizado y por lo tanto los clanes estarían encabezados por nuevos líderes en las fechas acordadas para la transformación. Sólo quedaba un día para presentar al sucesor y el único clan que faltaba de presentarlo era el mío. Sentía la presión de todos los demás y más cuándo dijeron que estaría extinto sino había alguien que ocupara mi lugar. ¿Me preocupaba? Sí. Yo no tenía hijos varones, solo mi hija, la cuál era Doctora y no estaría dispuesta a dejar su vida para servirle a este mundo, siempre me había encargado de dejar a mi princesa alejada de todos estos asuntos y no podía permitir que eso cambiara ahora. Mi siguiente opción era Diego, mi hermano, pero él tampoco quería involucrarse en esto, mucho menos desde lo que pasó con Estefania hace años dónde casi pierde la vida. No tenía más hermanos, ni primos o tíos que estuvieran a la altura para dedicarse a esto. Cada uno de ellos estaba felizmente casados y con familia. Cuándo empecé a bajar las escaleras miré a Adara entrar a la casa con dirección a la cocina. La saludé con un asentimiento de cabeza colocándome a su lado para llegar a la cocina dónde tomó un vaso con agua y se la bebió de golpe. —¿Estuvo duro el entrenamiento?— pregunté, observando su agitación. —Nada fuera de lo normal. Era fuerte, decidida y capaz de hacer todo lo que ella se propusiera. También tenía una pizca de orgullo y un carácter fuerte capaz de intimidar a cualquiera que la tuviera de frente. Bella Lilith. La había apodado. Era una diosa del infierno, creada por la inteligencia de Santiago con la suficiente fuerza para derribar al hombre más fuerte y pesado del mundo. Poseía una belleza obsesiva, su rostro era delicado pero la fiereza de sus ojos contradecía cualquier rasgo de ángel, mostrando que era un demonio en todo su esplendor. Comprendía a Liam. Adara tenía una belleza atrayente, capaz de hechizar a cualquiera que se atreviera a mirarla. Funcionaba como un imán, era inútil poner resistencia y no observarla porque no pasaba desapercibida. —¿Tienes tiempo esta noche?— pregunté, cruzando mis brazos sobre la isla de la cocina. Eran las diez de la noche, pero tendría que salir a las doce y quería que viviera conmigo. —¿A dónde iremos?— preguntó en su lugar, mirándome con la tormenta en sus ojos. —A un club nocturno. (...) Abrí la puerta del auto dónde venía Adara para ofrecerle mi mano para bajar. Cuándo lo hizo captó la mirada de varios hombres que se encontraban afuera esperando poder entrar a pesar de que faltaban veinte minutos para la media noche. Caminó a mi lado, independiente de sus pasos sin la necesidad de colgarse de mi brazo así como las damas de compañía lo hacían con los hombres que las guiaban de aquí a allá toda la noche. Nos abrieron paso entrando por la zona VIP, fui testigo que como varios la siguieron con los ojos y la cabeza cuándo pasó a sus lados sin expresión alguna, con la espalda recta, el mentón en alto y mirando el lugar, no a las personas. Era llamativa, esa aura de mujer peligrosa, poderosa y autoritaria pocas mujeres la poseían y era confirmado por la envida reflejada en los ojos de aquellas mujeres que la miraban como una amenaza, mucho más para las que traían pareja. —Por aquí— le indiqué y se puso a mi lado. —No me has dicho a que hemos venido— habló, por encima de la música. —Negocios. Pasamos por la delgada tela que dividía el pasillo del salón y parpadeé molesto por las luces neón que adornaban el lugar junto con las luces que se movía de aquí allá. Este lugar no era cualquier club nocturno, tenían una reputación que hablaba por sí solo. Se practicaba el sadomasoquismo. La sorpresa de Adara fue notable cuándo miró a las mujeres casi desnudas practicando el pole dance. Todas ellas se movían en la barra al compás de la música y los hombres estaban el rededor de ellas dispuestos a pagar lo que fuera por la que les interesaba. Y eso no era todo, en el segundo piso estaban las habitaciones de juego dónde estaban todos los "juguetes" que se podían usar. El edificio se dividía en cuatro pisos. Estaba el sótano que era el piso cero, ahí se vendía droga, el primero era un bar cualquiera, en el segundo estaba el área VIP con acceso al sadomasoquismo ya fuera en la área de dominación o sumisión. En en el tercero estaban las habitaciones insonorizadas para que las mentes perversas y masoquistas tuvieran privacidad, y en el cuarto piso se encontraba el dueño del lugar, un hombre cuatro años mayor que yo, con barba crecida, panzón y un aspecto de pervertido con todo el significado de la palabra. —No sabía que tenía una... división— habló Adara. Esquivando a las personas e ignorando a los hombres, incluso mujeres que se le insinúan. —¿Conocías este lugar?— pregunté, confuso. —Sí. Digamos que para ahogar las penas— se encogió de hombros.—Pero no sabía que se practicaba el sadomasoquismo. —Sí te sientes incomoda... —Estoy bien— me interrumpió.—Puedo soportarlo. Asentí y la llevé hasta el elevador que nos llevaba al último piso. Cuándo las puertas se abrieron dejamos de escuchar la música, mis ojos cayeron en los hombres que estaban armados y que nos estaban esperando. —Buenas noches— saludé.—Venimos a ver a Victor Suárez. —Por aquí, señor Thomson. Lo seguimos sin ninguna necesidad, yo ya me sabía el camino pero después de esta noche no volvería a poner un sólo pie en este lugar. Cuándo la puerta se abrió y di un paso adentro, me detuve cuando noté como el guardia tomaba a Adara por el brazo para no dejar que pasara. Sabía que le daría un golpe sino la soltaba. Adara era elegante pero ruda. No era una princesa que esperaba ser rescatada del dragón por un príncipe azul. Al contrario, era el dragón que se interponía entre los planes de los demás, capaz de calcinarte con una sola mirada. Y lo supe. Ella era la indicada. Adara —La dama no— sentenció el tipo que me tomaba del brazo con total atrevimiento. Mis ojos quemaron su rostro y antes de poder decir algo, una voz masculina se escuchó en la oscuridad de la habitación. —Deja a esa preciosura pasar. El hombre, mirándome con total enfado me soltó y cerró la puerta a nuestras espaldas. —Qué gusto volver a verte Thomson— divisé el humo de un cigarro siendo expulsado por el tal Victor Suárez.—Tomen asiento. Había un juego de sillones, Iván se sentó en el individual y yo en el más grande en el centro. Sentí la mirada de ese tipo recorrer mis piernas desnudas cuando las cruce dejando una sobre la otra. Vestía un vestido color n***o ceñido al cuerpo resaltando todas mis curvas, me llegaba por encima de la rodilla, tenía un escote provocativo pero sin llegar a ser vulgar y era sostenido por tirantes gruesos del mismo color. Portaba unos zapatos de tacón del mismo color y un bolso de mano color plateado dónde cargaba mi arma. La sorpresa me invadió cuándo entré al salón lleno de personas, había tenído el gusto d estar en el bar pero nunca en zona VIP, dónde jamás imaginé que pasaran todas esas cosas de masoquismo. Debía admitirlo, el lugar sabía muy bien cómo esconder lo que en realidad hacían. —Imagino porqué estás aquí. La voz del hombre sonó de nuevo y las luces se encendieron dejando ver a un hombre regordete sentado tras un escritorio y con una mujer casi desnuda sobre su regazo. —He venido por lo que quedamos. Y ni se te ocurra resistirte porqué te lo quitaría a la fuerza de todos modos. El hombre soltó una carcajada y le dio un leve empujón a la mujer para que se pusiera de pie. —Te veo al rato— le dijo, ella asintió y antes de que se alejara de él, le dio un golpe en el culo que resonó por toda la habitación. Mantenía sus ojos negros puestos en mí ante ese movimiento mirándome con morbosidad mientras yo le sostenía la mirada sin ninguna expresión. Estaba muy equivocado si pensaba que me podía intimidar. —Admito que...— quitó sus asquerosos ojos de mí para ver a Iván.—Tienes agallas para venir sólo— se levantó y caminó hasta quedar frente a nosotros. —No vengo solo— contestó, señalandome con el mentón.—Ella viene conmigo. Volvió a soltar una carcajada y una mueca de asco partió mi rostro cuándo escupió saliva por la risa. Todo de ese hombre me daba repulsión y arcadas: su cuerpo, sus ojos, su voz, su risa. Todo. —¿Quién eres preciosa?— sus ojos divertidos me miraron de nuevo. —Guardaespaldas del señor Thomson— hablé con seriedad. Su risa aumentó, dos hombres entraron a la habitación, uno se quedó en la puerta y el otro le entregó a su jefe un maletín color n***o y después le hizo compañía al otro junto a la puerta. Se giró con una sonrisa estúpida y dejó el maletín en el escritorio para después abrirlo y dejar a la vista las libras de dinero que descansaban en él. —Puedes llevarte el dinero con una condición — le dijo Victor a Iván. Se paró para ir por él, este se quitó del lugar dejando que Iván pasara los dedos por los billetes mientras Victor se ponía detrás de él dándome la espalda a mí. —¿Cuál?— Iván se giró para tenerlo de frente. —Que dejes a la preciosura conmigo— mi cuerpo se tensó por el enojo.—Estoy seguro que podría dar un buen espectáculo para mis clientes y hacerme ganar millones. —Eso no— dijo Iván, con la mandíbula apretada. —Entonces de aquí sales sin tu dinero y sin tu puta— sacó una pistola del cinturón de su pantalón y le apuntó directo a la cabeza. En ese mismo instante me puse de pie, saqué mi arma y la hice sonar quitándole el seguro haciéndole saber que le apuntaba también. Sus hombres imitaron mi acción apuntándome a mí. —De aquí nos vamos con ese dinero— sentencié.—Y juro que si vuelve a llamarme puta le cortaré la lengua y haré que se la trague. Soltó una respiración profunda, me acerqué a él pegando el cañón de mi pistola en su nuca ganándome la amenaza de sus hombres. Pero poco me importaba, tenía la velocidad y agilidad suficiente para dispararle a él y después a ellos sin darles tiempo de tocarme un solo pelo. —Mis hombres pueden matarte... —Sus hombres no me hacen ni cosquillas. Baje el arma— ordené y lo hizo. Se dio la vuelta y mi cañón quedó en su frente. —Tienes pantalones, preciosa— sonrió. —Pero no vas a quitarme mi dinero. Uno de los hombres dejó escapar una bala a mi dirección, fui rápida cuando use el cuerpo de Victor para usarlo de escudo, siendo él quién recibiera la bala en el hombro derecho. Este se quejó y cayó al suelo. Llevé mi arma al que disparó y le volé la cabeza con una sola bala dejándolo sin vida, el otro se movió para cubrirse pero mi bala lo alcanzó haciendo que manchara la puerta de su sangre. —Tome el dinero— le dije a Iván y lo hizo. Cerró el maletín y yo me giré al hombre que retrocedía con temor puro en sus ojos y facciones. Su espalda chocó contra el ventanal polarizado que dejaba ver la zona VIP en todo su esplendor con todas esas personas lujuriosas. —No me mates— suplicó.—Te puedo dar más dinero— tembló ligeramente cuándo me acerqué a él.—Jamás trataré de estafarlos... Fue mi turno de reír ante sus palabras. Una carcajada sin nada de diversión y gracia tronó en el lugar dejando helado al hombre. —No es la estafa— di otro paso.—Fue el insulto. —Perdón... No dejé que terminara, le metí una bala en el cráneo provocando que la sangre salpicara el vidrio. Su cuerpo se balanceó hacia él y por el peso terminó quebrando el cristal y cayendo en la pista de las bailarinas. Gritos de mujeres asustadas llenaron mis oídos cuando vieron al cadáver de su jefe ante sus pies. Había dejado que me insultaran, maltrataran, tocaran, golpearan y humillaran demasiadas veces como para seguir soportandolo. No dejaría que eso pasara nunca más porque era lo suficientemente fuerte y valiosa como para pasar por lo mismo y no defenderme. Me giré a Iván que tenía una sonrisa orgullosa en sus labios, tenía el maletín en sus manos y el brillo de sus ojos me confundió, pero no tanto como sus siguientes palabras. —Sé la líder de la mafia Británica.
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