CAPÍTULO 8

721 Words

Sombras en el Ático El regreso a Manhattan fue como chocar con un muro de realidad. El brillo de la suite de Chicago se desvaneció en cuanto pisamos el helipuerto de la torre Moretti. Maximilian se colocó sus gafas de sol, recuperando su postura de estatua de granito, y caminó hacia su despacho sin dedicarme una sola mirada. —Señorita Moretti —llamó Elena, su voz cargada de una preocupación que me hizo detener el paso—, su padre ha tenido una recaída. Está en el Hospital Presbiteriano. El mundo se inclinó bajo mis pies. No me despedí de nadie. Corrí hacia el ascensor, pero antes de que las puertas se cerraran, una mano firme se interpuso. Maximilian entró, su rostro serio y sus ojos escrutándome con una mezcla de fastidio y algo que no pude identificar. —Yo la llevo —dijo simplemente.

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