7. La Aldea Esmeralda

1306 Words
― ¡Corre, corre! Gritaba Kristal a gran velocidad en las calles de Zenel, nocturnas y azotadas por un viento helado. Recién habíamos salido de la mirada intuitiva de los guardas que nos habían dado el paso libre. Mi pantalón de soldado me hacía ágil y ligera en la carrera por nuestras vidas. Aun así, Kristal había sido más rápida y sacó ventaja unos metros delante de mí. Al verme en la retaguardia; gritó con desesperación exigiendo que corriese tan rápido como ella lo hacía. En ese momento de confusión, giré a ver el palacio de Zenel. Era Iluminado como un poderoso gigante y caí en cuenta que me había encargado de encender una llama lo demasiado fuerte para quemarme en el camino de mi nueva vida como fugitiva. Porque efectivamente, de princesa heredera había pasado a ser una prisionera, y de prisionera a una fugitiva en un reino desconocido. Y mis miedos que habían desaparecido se aferraron de nuevo en mi pecho. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos del peligro, atravesamos uno de los tantos callejones sin luz cuando un hombre emergió de las sombras. Ambas nos asustamos y quedamos frente a frente con el hombre desconocido. Su rostro escondido entre mantas se unía misterioso a las sombras y solo sus ojos brillaban débiles en contraste con la poca luz de la luna. ― ¿Hacia dónde creen que van? Sus manos sutilmente quitaron la manta que ocultaba su rostro, que gastado con profunda tristeza dibujó una sonrisa de lado, como quien encuentra diversión... No supe cómo reaccionar. Kristal en cambio, rio tan fuerte que su carcajada resonó en todo el callejón, lo cual hizo que un gato que dormía entre la basura corriese asustado. No sabía qué estaba sucediendo con exactitud. ― ¿Edward, eres tú? Me asusté tanto. ― ¿Edward? Pregunté al verme excluida de la conversación. El hombre era de un cabello rizado Azabache, tan oscuro como la noche. Kristal lo vio y le dijo que se presentara él mismo. El hombre agachó su cabeza y luego dirigió a mí su mirada. ― Me presento alteza, mi nombre es Edward, cuñado de Luke. Me había llamado alteza. ― Soy hermano de Eloise, esposa de Luke, he venido para acompañarlas hasta la aldea. ― Ellos viven en una aldea cerca del bosque. Luke prefirió que la resguardemos allá, cuando el rey se dé cuenta que usted ha huido, no sabemos lo que es capaz de hacer. Explicó Kristal viéndome condescendientemente. ― Sí sabemos lo que es capaz de hacer, así que mejor démonos prisa. Corrigió Edward. Las mil y un formas de reacción del rey Friedrich me hicieron sentir escalofríos. Era realmente perturbador lo que un hombre como él era capaz de hacer. Su poder y maldad no tenía límites. Había una verdad poderosa en todo lo acontecido y es que el universo sabrá cuando ponerte a las personas indicadas en el lugar indicado. La vida es así, sencilla y complicada a la vez. Pero aun en esa complicación, debes mantener tu rostro alzado viendo la luz. Y justo de esa manera en senderos en las afueras de los muros del reino, más allá del manantial y de campos floreados, se escondía una aldea: La aldea Esmeralda. El reino de Zenel había centralizado su poder dentro de los muros. Sin embargo, en sus afueras había aldeas, y eran estas aldeas los inicios del reino. La aldea Esmeralda era un poblado olvidado y la más cercana al bosque de los misterios. Una vez mi padre, el rey Vicent me habló sobre los tres grandes bosques que había en toda la tierra de los reinos y del círculo, y era el bosque de los misterios fronterizo con Escandia, el reino de la reina Zobzini. No podía creerlo, a partir de ese día viviría en el lugar del que había crecido escuchando y ese era solo el principio de mi vida como fugitiva. Para llegar a nuestro destino, seguimos un sendero, en medio de la noche, con un cielo estrellado y brisa fresca que recorría el pasto y alimentaba nuestras emociones. Una estrella fugaz cruzó el horizonte. ― Pidan un deseo. Kristal señaló el cielo mientras cerraba sus ojos. El viento soplaba en su rostro, su tez morena brillaba con la luz de la luna. Edward la vio con una sonrisa en su rostro, y cuando pensé que él se negaría, hizo exactamente lo mismo, sus labios pronunciaban palabras en secreto. En ellas se escondían los deseos más puros y los más vulnerables. Verlos creer en la magia del universo, me hizo darme cuenta que había perdido mis sueños, los que se guardaban en mi pecho cada noche, con cada historia narrada por mi padre. Decidí creer una vez más, Mis ojos se dirigieron al cielo y también pedí un deseo: regresar victoriosa a casa. No quería ser una heroína por mí sino por mi reino. Todo sería por ellos. Después de confesar al cielo nuestros anhelos, retomamos el camino. La primera etapa del viaje había terminado, el sendero se redujo cuando nos introducimos a lo espeso del bosque. El ambiente era fresco y e l sonido de grillos y el cantar de las aves nocturnas nos indicaron que estábamos cerca. ― Estamos cerca. Informó Edward a mi derecha. Kristal caminaba tras nosotros meditabunda. Cansada. ― Hábleme de su reino, alteza. ― Aspen es maravilloso. Creía que era un reino grande pero después conocer Zenel mi opinión ha cambiado. ― Zenel es hoy en día un reino próspero no por el reinado de Friedrich sino por los antepasados de Raffael. ― Ustedes también conocen su verdadero nombre. ― En realidad toda la aldea Esmeralda lo sabe. Raffael regresó a esta aldea antes que a los muros, él sabe que nuestra gente lo reconoce como legitimo rey. Por ello, ha elaborado junto a Luke un plan que nos salve a todos. ― Es una guerra sin declaración. ― El rey Friedrich cree que "Caín" es su vasallo más leal. ― De esta forma Raffael sabe todos sus movimientos, sus debilidades y sus ventajas. Es un arma de doble filo. Concluí. Esa arma de doble filo implicaba que también podía traerme consecuencias. Estaba consciente que yo había pasado a ser una pieza fundamental dentro de este juego. ― El reino creyó que su heredero a la corona había muerto, no tuvo más opción que aceptar a ese cretino como su monarca. Kristal nos alcanzó justo a la entrada de la aldea. Todo a su alrededor era bosque. Todo a su alrededor era misterio. Todo inspiraba naturaleza. El nombre de Esmeralda empezó a tomar sentido. ― Hemos llegado a su refugio. Kristal sonrió. ― ¿Qué nos hace pensar que el rey no me buscará en este lugar? Al fin hice la interrogante que había guardado toda la noche. ― Excelente pregunta alteza. Respondió Edward. ― No es necesario que me llaméis Alteza, a partir de este día soy simplemente Leila. ― Entonces, excelente pregunta Leila. ― De hecho si te buscarán en este lugar... Una mujer tras nosotros habló. Giré para observarla y me encontré con una pelirroja hermosa, de rostro perfilado y con pecas esparcidas en él, como lo eran en el reino de Escocia. ― La diferencia es que tu no serás Leila, tú serás una más de nosotros, pasarás desapercibida para cualquier soldado del reino que te busque. A partir de hoy eres Ázoe, una plebeya como nosotros. La pelirroja abrió sus brazos para arrullarme y que mi rostro se escondiese en su pecho. Era un abrazo fraterno lleno de sensaciones extrañas. ― Soy Eunice, esposa de Luke. Hizo una pausa. ― mañana al atardecer serás pelirroja como yo. Una sonrisa se ensanchó en su rostro cristalino. Luego todos reímos también. El alba había llegado y con ella, grandes cambios en mi travesía en Zenel
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