6. El día de la huida.

2069 Words
La noche del baile. Hoy es un buen día para escapar o es un buen día para morir intentándolo. De cualquier forma, no había vuelta atrás. ― ¿Entonces no hay aretes color lavanda? Acacia negó buscando en el cofre dorado que Lady Monique me había enviado especialmente para esa ocasión. Lady Monique era prima del rey Friedrich y como todo Zenel lo hacía, ella también ignoraba que yo estaba allí obligadamente. Sin embargo había sido la única que se mostró gentil y emocionada por la boda. La cual si todo salía bien en mi huida, se cancelaría, representando una victoria para mí y para ahora aliado: Raffael. ― No queda más remedio que combinarlo con estas arcillas plateadas. Adeline nos mostró las arcillas. Su color plateado se incrustó en mis orejas y daban un toque elegante junto a mi vestido color lavanda que se pegaba ligeramente a mi cuerpo. En mi mirada había un brillo, un brillo peculiar producido por la adrenalina que esa noche me esperaba. Estaba vestida para impresionar y para mostrar de lo que era capaz. Al ser la princesa de Aspen, había sido privada de conocer realmente mis capacidades. En palacio, tenía personas por doquier a mi servicio, dispuestas a complacerme. Sin embargo, no eran del todo genuinas conmigo, aun mi familia muchas veces me hizo sentir desvalorizada. No hablo de mis padres, sino de todos aquellos que implícitamente me hacían comentarios despectivos hacia mi figura como futura reina de Aspen. ― Alteza está usted lista para ser presentada oficialmente ante la sociedad de nuestro reino. ― Será una reina maravillosa no lo dudamos. ― Gracias chicas. Estoy muy agradecida por su ayuda y compañía, fue un gusto haber coincidido con ustedes. ― Habla como si se estuviese despidiendo, alteza. Dijo una consternada Acacia. Y luego se abalanzó sobre mí en un fuerte abrazo. ― Solo estoy la melancólica Acacia. Dije a su oído. Después de separarnos me despedí una última vez de ellas y salí de mi habitación con mi corazón saltando de emociones encontradas. Raffael me esperaba a la entrada del pasillo. Vestido elegante de n***o no parecía el hombre salvaje y temerario de siempre. ― Esta noche no seré yo quien te escolte al salón real, no sería bien visto que llegaras al baile con un simple mercenario. Han enviado a dos de las duquesas más importantes del reino por ti. El rey no quiere perderte de vista. A mis ojos aparecieron dos mujeres pudientes con vestidos pomposos y coloridos. En su cabello había adornos con plumas también coloridas y con sonrisas sus impecables me saludaron. ― Alteza, es un honor conocerla en persona, he escuchado maravillas de usted. ― Es más hermosa de lo que los rumores dicen. Démonos prisa no hagamos esperar al rey. Asentí dispuesta a ser guiada por ellas, no sin antes hablar unas últimas palabras con Raffael. ― Hablaremos en el baile, antes de tu presentación. Luke se nos unirá. ― De acuerdo. Y así salimos del pasillo en búsqueda del jardín que conducía al salón real, el más grande auditorio en el reino, un escenario digno para una fiesta como aquel baile de bienvenida, donde iniciaría realmente el cambio en mi vida. La iluminación de las velas eran intensa, los colores lo suficientemente vivos para distinguirse del resto de palacio que era adornado en su mayoría con colores neutros. Efectivamente, El baile había diseñado para una complacer a una princesa y de la nada me reí con solo imaginar al rey Friedrich con su estampa de monarca temible planeándolo. Aunque pensándolo bien, era imposible que él se hubiese tomado el tiempo para ello. ― Sígannos. Uno de los encargados del protocolo nos dirigió por una puerta trasera del salón. ― No se preocupe princesa, solo esperaremos a que usted sea presentada para hacer su entrada triunfal. Estaba nerviosa, no por el rey Friedrich sino por el plan. Raffael ya debería estar en su posición y Luke, seguramente ya tendría todo listo con el guarda que nos ayudaría a abrir una de las puertas principales del imponente palacio de Zenel. En unos minutos más adelante mi nombre fue anunciado. Sin embargo no como todas las veces anteriores, sino que a la descripción añadieron el adjetivo "prometida". Con una punzada en mi estómago empecé a caminar hacia la puerta que fue abierta por una de las mujeres que me acompañaban. La otra tomó mi brazo y no lo soltó hasta que la luz plena del salón y el brillo que irradiaba la realeza de Zenel me recibieron. La mujer que me llevaba sutilmente del brazo soltó su agarre. Caminé con mi rostro sonriente y una postura decorosa. Los invitados también sonreían y me veían entre la sorpresa, por parte de quienes era la primera vez que me veían y otros miraban emocionados haciendo brindis. El rey Friedrich me esperaba al de las escaleras con su brazo extendido hacia mí, esperando llenar su orgullo ante sus súbditos. Luke estaba junto a Raffael, ambos sudorosos y con preocupación en sus rostros. No sabía que estaba pasando, solo imaginé que había surgido algún imprevisto en lo que contemplaba el plan. Desee con todas mis fuerzas que no fuese grave, no obstante si lo era. Después de mi presentación, me excusé con el rey y me abrí paso hasta donde estaba Luke. Raffael ya no estaba junto a él, sin embargo se encontraba en una posición donde podía vernos a ambos. ― El guarda que nos daría el paso libre para su escape alteza, ha sido arrestado. Damian lamio sus labios, ligeramente nervioso. Estaba intentando no entrar en pánico. Sin embargo, sentí un hormigueo en mis piernas y espalda, yo también estaba nerviosa. Quedarme en palacio solo significaba que nunca más podría escapar. Y no hay nada peor que ser privado de la libertad. Todos somos aves que hemos salido de nuestras jaulas en búsqueda de la tierra donde las almas son libres, donde los árboles y las flores cantan una canción apacible y donde echamos raíces y crecemos de manera única, si nunca lo has imaginado, quizá haya que intentarlo cuanto antes, esa es la tierra que yo deseaba. Mi libertad en el palacio de Aspen, estaba limitada y llegar a Zenel, solo empeoró todo. Ahora entendía la historia de mi madre, es como si la rosa fuera cortada del tallo y dejada en el suelo para morir, pero yo florecería, estaba segura. No sería mi final. ― ¿Han descubierto el plan? Pregunté ya serena, me recordé que debía ser valiente, y que pronto podría ir a donde quería y hacer que las cosas sucedieran según mis deseos. ― Fue descubierto vendiendo armas de guerra ilegalmente. Raffael estudiaba desde el otro lado, cuál sería mi reacción. Abrir brecha en un terreno desconocido estaba resultando más difícil de lo planeado. Pero esto no había terminado aún. Rendirse no era una opción. ― ¿Quién es el nuevo guarda de la zona? Pensó antes de responder. ― Es imposible sobornarlo, es leal al rey. ― No, no quiero escapar como una princesa. Luke no lo entendió. ― Escaparé como un soldado. Hice una pausa girando para regresar al lado del rey. ― Consígueme un traje de soldado, te veré en aquella habitación en 15 minutos. Ordené. Pocas veces había estado en una encrucijada pero esta vez sabía lo que debía hacer. El rey me esperaba impaciente. Su mano rodeó mi cintura y me atrajo hacia él para susurrar. ― ¿No sabes que debes estar a mi lado siempre? Preguntó con molestia. No respondí, lo cual solo logró que se enfureciera aún más. ― ¿En qué piensas? Cambió de pregunta y esta debía tener una respuesta o era capaz de encerrarme de nuevo en ese momento. ― En que hace mucho calor. ― No debes mentir para salir del compromiso. Había leído mis pensamientos sin esfuerzo. ― No estoy mintiendo. Le sostuve la mirada. ―Mi futura esposa es buena mintiendo, quizá debo cuidarme de lo que puedes hacer con estos hermosos labios. Sus dedos recorrieron mi labio inferior bajo la mirada de los presentes. Para ellos se trataba de una escena sensual de una pareja como cualquiera. Era el momento de hacerle creer que me estaba adaptando a la situación. Así que coloqué mis manos en su pecho ceñido por un abrigo de terciopelo color vino y luego le arreglé el cuello. ― Necesito refrescarme. Dije después de mi actuación como si en serio me preocupase por su imagen. Me alejé dejándolo con uno de sus ministros, cuando alguien me atrajo con fuerza un pequeño pasadizo y me haló con fuerza a un cuarto a oscuras. Quien quiera que fuera me soltó y en medio de la oscuridad encendió una vela. Y con esa poca luz la vi. Era una mujer de tez moreno. Un moño de trenzas brillaba con la poca luz. No llevaba un vestido acorde a la fiesta, era demasiado revelador. Mostraba perfectamente sus curvas en una trasparencia y sus senos casi fuera de su corcel. Ella me sorprendió estudiándola sin descaro. ― ¿Qué? ¿Nunca has visto a una mujer de color? No era eso. Era su sensualidad. Negué. ― Ah ya entiendo. Es por esto. Ella tocó sus senos. ― Sé que eres una princesa pero no creo que nunca te hayas sentido atractiva de esta manera. Me había descubierto. ― No, en realidad es que... ―No te avergüences. Me había sonrojado. ― No hay tiempo, ponte esto. Era el uniforme de los soldados de Zenel. Damian la había enviado. ― Hay que esconder tu cabello bajo esta sombrero y debes caminar como un hombre. Supongo que has notado como caminan, abiertos y descuidados. Asentí y ambas reímos con lo último. Ella me había caído bien. Se percibía como una mujer libre y segura de sí misma, pero en su mirar se notaba que había sufrido antes. Cuando estuve lista ella me despidió. ― No te fíes de tu familia. ― De que hablas... ¿los conoces? Ella negó instantáneamente. ― Solo sé que alguien de ellos te traicionó y por ello fue fácil para los hombres del rey raptarte en tu propio reino. Esa confesión me dolió. Alguien de mi familia me había traicionado y no podía creerlo. Era imposible. Todos ellos me habían mostrado una sonrisa el día de mi cumpleaños. Todos parecían sinceros. ¿Quién era el traicionero? ― ¿Quién eres? Le pregunté ― Mi nombre es Kristal y soy amante del rey Friedrich. Me alejé inmediatamente. Quizá ella no era una de los buenos y solo quería acabar conmigo. Alguien tocó la puerta. Ella y yo estáticas en un momento tenso nos vimos con dudas sobre quién podía ser. La puerta se abrió. ― Es hora. Era Luke. ― No podré acompañarte hasta la salida. Pero estás en buenas manos. Kristal será tu guía hasta que llegues con mi esposa. Kristal y yo salimos en el pasillo a oscuras. Luke tuvo que regresar a la fiesta para no levantar sospechas y el desafío era no ser detenidas por los guardas de palacio. Era una completa locura siquiera intentarlo porque ellos estaban por doquier. Atravesamos el primer salón completamente vigilado, mas no fuimos detenidas. Que Kristal me acompañase era un acierto puesto que era conocida y tenía el paso libre. Además mi caminata como hombre estaba funcionando. La verdadera prueba era la salida del palacio y estábamos frente a ella. Cinco soldados aguardaban con sus armas. Uno de ellos se acercó a nosotras, específicamente a Kristal. Me dirigió su mirada y me estudió. ― ¿Soldado, hay algo que necesite? ― Nada señor. Intenté hacer grave mi voz. ― ¿Hacia dónde se dirige? ― Voy a... ― Ya sabemos a dónde se dirige. Volvió a ver a Kristal bromeando. Lo entendí, Kristal era bailarina de alguna taberna. Por ello de su conjunto. Al salir, corrimos tan rápido como pudimos por las calles de Zenel. Era oscuras y lúgubres. Nunca imaginé correr de noche por calles solitarias acompañadas de una mujer tan despampanante como Kristal. Atravesábamos uno de los tantos callejones sin luz cuando un hombre emergió de las sombras. Ambas nos asustamos y quedamos frente a frentes con ese hombre misterioso. ― ¿Hacia dónde creen que van? En su rostro gastado se dibujó una sonrisa de lado, como quien encuentra diversión... No supe cómo reaccionar
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