VALENTINO
Estaba en mi oficina mirando el hermoso paisaje que me da Inglaterra. He vivido aquí por 5 años y jamás pensé en todo lo que me daría esta ciudad. Un chico, apenas saliendo de bachillerato, llegó a una universidad completamente desconocida y completamente solo; era algo que pensé que no resistiría. Y lo más importante: había dejado al amor de mi vida sin siquiera tener el valor de decirle a la cara que me marchaba, y no porque quisiera, sino porque me estaban obligando.
Aquel día, sí, ese último día que pasé con ella fue uno de los más hermosos. Vimos películas, comimos chuches que le encantaban, pero sobre todo, hablamos de nuestro futuro. Yo le dije que quería ser un gran empresario, tener una bella esposa, hijos e incluso un perro; sabía que le encantaban. Pero jamás tuve el valor de decirle lo que sentía por ella. Así que cuando salí de su casa y llegué a mi habitación, escribí una carta muy extensa explicándole por qué me iba, diciéndole que no tenía el valor de despedirme, pero asegurándole que la amaba con todas mis fuerzas, que aunque estuviéramos separados, ese amor jamás se acabaría. Y sobre todo, que cuando regresara, lucharía por ella, nos casaremos y tendríamos la familia que había soñado, incluso el perro. Sí, suena tonto, pues era un estúpido adolescente, pero era mi más grande sueño.
Solo que de aquella carta; nunca hubo respuesta. No hubo una llamada, un mensaje, un correo electrónico, nada. Byron me dijo que había sufrido mucho desde que me marché; parecía un fantasma en los pasillos de bachillerato. Y yo aún no entendía por qué, si traté de explicarle en esa carta lo que estaba sucediendo. Pero ahora que volvía a la ciudad, obviamente exigiría una explicación: ¿dónde había quedado mi mejor amiga? ¿Dónde había quedado mi Tatis, la mujer de la que estaba enamorado como un loco?
Escucho que se abre la puerta y de inmediato volteo. Cuando la miro, ahí de pie, mi sonrisa es completamente falsa, pero no lo puedo demostrar, así que simplemente suspiro y le pregunto:
—¿Qué haces aquí, tía? Pensé que después del funeral y la lectura del testamento no te volvería a ver.
Mi tía Lidia es una mujer mayor, amargada, con un carácter muy fuerte, pero ese carácter no ayudó nada a criar a sus hijos, ya que son unos vagos y borrachos que solo despilfarran el dinero del abuelo. Así que sé perfectamente por qué está aquí.
Ella camina despacio y juega con la correa de su bolsa. Se sienta frente a mi escritorio y me habla de una manera que jamás lo había hecho.
—Bueno, Valentino, suponer algo así es ilógico. Aunque mi padre ha muerto, sigo siendo parte de esta familia. Y aunque ese hombre que se dice mi padre me dejó fuera de su testamento, me duele su partida, me duele todo lo que sucedió, me duele que no quisiera hablar conmigo antes de morir.
Yo tomo asiento detrás de mi escritorio, entrelazo mis manos y la miro con una ceja alzada, prácticamente diciéndole que no le creo nada. Y antes de que yo pueda hablar, ella sigue con su discurso.
—Pero Valentino, soy una mujer noble. Solo vengo a decirte que ahora que te marchas y dejas las empresas a cargo de trabajadores, que si pides mi opinión, es la estupidez más grande que piensas hacer. ¿Por qué no mejor lo piensas y hablas con Jerry? Él te puede ayudar con la presidencia; incluso Lucas puede ayudarte con la vicepresidencia. Deberías hablar con ellos y pedir su...
Yo suelto una carcajada y no la dejo terminar de hablar. Confío más en mis empleados que en los vagos de mis primos.
—A ver, tía, te respeto porque eres una mujer adulta, pero si tú has olvidado por qué llegué a esta ciudad, te lo voy a recordar. Hace 5 años, antes de salir del bachillerato, el abuelo me llamó, me pidió, casi me exigió que me viniera a vivir con él, ya que tú, tu esposo y tus hijos le estaban robando en la empresa. Él, por su enfermedad, no se podía hacer cargo, así que me vi en la obligación de venir a ayudar a mi abuelo. Ahora yo te pregunto a ti: ¿por qué dejaría la herencia de mi abuelo en tus manos? Creo que son más leales mis trabajadores que tus hijos. Así que si no tienes nada más que decir, en media hora sale mi vuelo y voy tarde.
Yo me pongo de pie, y ella también lo hace, bastante molesta. Se da la vuelta y camina hacia la puerta. La abre y, antes de salir, me mira con tanto odio que la verdad no me preocupa.
—Te arrepentirás, Valentino, de la decisión que estás tomando, lo puedo asegurar.
Yo solo asiento y no digo nada más. Ella se marcha, tomo mi teléfono y, cuando veo la pantalla de este, sonrío. Desde que llegué a Inglaterra, tiene la misma fotografía: mi pequeña Tatis, mi hermosa Tatis. Pero cumpliré mi promesa: regresaré, me casaré con ella y formaré la familia que siempre he soñado. O al menos eso pensaba.
Cuando la veo bajar las escaleras, Dios mío, si antes era hermosa, ahora lo es aún más. Se ve elegante, distinguida, y esas curvas que hacen que se te pare, el corazón. Juro por Dios que sí había soñado tanto este momento que, cuando está a punto de caer y la sostengo en mis brazos, la verdad es que mis sueños no le hacían justicia. Me acerco a ella y le doy un pequeño beso, pero su aroma inunda mis fosas nasales. Definitivamente estoy loco por esta mujer.
Pero lo que realmente me vuelve loco es todo lo que está haciendo. Ahora me entero de que ya no es mi amiga, ya no es Tatis; ahora es Renata. Tatis solamente para la familia y amigos, y lo más importante: me odia y parece que con todo su corazón. Pero lo que hace que me desarme completamente y que ahora entienda el porqué de su odio es que ni siquiera leyó mi carta. ¿Por qué no lo hizo? Si justo ahí yo explicaba por qué me marchaba, pero obviamente no hay respuestas.
Cuando Byron entra a la oficina, me doy cuenta de que ellos tienen una relación muy cercana, que sí, me muero de celos. Obviamente me muero de celos, pero también Byron. Siempre fue mi mejor amigo; siempre estuve en comunicación con él. Él era el que me decía todo lo que estaba pasando, obviamente omitiendo que mi pequeña Tatis era una hermosa mujer, pero ya arreglaré cuentas con él después.
Estamos sentados los tres en una cafetería, sí, la misma cafetería que siempre visitábamos en bachillerato. Mientras Renata juega con su café sin decir nada, Byron no deja de hablar. Yo tomo la mano de Renata y ella de inmediato me mira con el ceño fruncido y empieza a negar.
—No me vuelvas a tocar.
Cuando sucede esto, Byron guarda silencio. El ambiente se siente un poco tenso. Yo suspiro y doy un trago a mi café. Cuando coloco de nuevo la taza sobre la mesa, miro a Tatis directo a los ojos y le pregunto algo que he querido saber desde hace tiempo, ya que Byron jamás quiso decirme la verdad.
—Y dígame, señorita Miller, ¿tiene novio, algún pretendiente, alguien que esté a su lado? Digo, Byron no cuenta.
Ella casi escupe el café encima de mí. Me mira con los ojos entrecerrados, limpia su boca con la servilleta, se cruza de brazos y me dice:
—¿Por qué Byron no contaría? No te entiendo. ¿Acaso no lo ves? Es un hombre apuesto, trabajador, es encantador. Cualquier mujer estaría encantada de estar a su lado, incluso yo.
Mis manos se cierran en puño. Volteo a ver a Byron, que estaba a punto de tomar de su taza de café, pero parece que ahora no es una buena idea. Me mira directo a los ojos y empieza a negar con una sonrisa nerviosa.
—No, no, no, no. Las cosas no son así entre Renata y yo. No hay nada. Oye, nena, esto se puede poner peligroso. Sabes que Valentino me puede matar por lo que estás diciendo. Y Valentino, nosotros solo somos amigos, siempre lo hemos sido. Relájate, porque te veo con ganas de quererme golpear.
Yo lo miro con desdén y le sonrío de lado.
—No me ves con ganas de golpearte, quiero golpearte.
Estoy a punto de irme encima de Byron cuando Renata suelta una carcajada. Así que yo de inmediato me detengo. De verdad, para ella esto es gracioso. Es una broma demasiado pesada. No, no puede ser que esté jugando así conmigo. Mientras Byron se cubre su rostro para que no lo golpee, yo volteo a ver a Renata, bastante molesto por lo que acaba de hacer, y ella no para de reír.
—Renata, esto no está bien. ¿Por qué me dices que tú y Byron...?
Ella se empieza a tranquilizar, se pone de pie y suspira.
—Yo jamás afirmé que Byron y yo. Dije que yo también estaría encantada. Sí, tengo que aceptar que lo hice por molestarte, porque si salgo con alguien, me acuesto con alguien o estoy con alguien, eso a ti no te importa, Valentino. Te lo dije muy en serio: no te quiero cerca, no quiero saber nada de ti. No soy tu amiga, entiéndelo.
Ella empieza a caminar fuera del café. Yo de inmediato me pongo de pie y volteo a ver a Byron mientras lo señalo.
—Espera aquí, porque tú y yo tenemos que hablar muy seriamente.
Él solo asiente como un loco y yo corro hacia fuera del café. Volteo hacia todos lados y veo cómo Renata empieza a caminar tan tranquilamente después de lo que sucedió. Pero esto no se puede quedar así, así que corro hacia ella. Cuando por fin llego hasta donde se encuentra, la tomo de la cintura, la acerco a mi cuerpo y le susurro al oído. Dios mío, sentirla así casi me hace un nudo en la garganta.
—De verdad necesitamos hablar. Esto se está convirtiendo en una tortura y tú y yo sabemos que los dos sentimos cosas que no podemos ocultar. Así que te espero en mi departamento hoy en la noche.
Dejo la dirección de mi departamento en su bolsillo y la suelto. Podía sentir lo tensa que estaba, su corazón latir tan fuerte, su respiración errática. Dios, justo así quisiera tenerla siempre, pero completamente enamorada, no odiándome con todo su ser. Pero esta noche haré que mi pequeña Tatis vuelva.