RENATA
Sabía que mi día había sido una porquería desde el momento en que lo vi ahí de pie al final de la escalera, pero jamás pensé que esto se pondría peor cuando llegamos al enorme edificio donde se encuentra la gran empresa de mi padre, Miller & Co. Beauty. Qué irónico, ¿no? Una empresa de belleza cuando yo ni siquiera era un estándar de esta. Pero gracias a Dios, eso ha cambiado y mucho. Ahora, lo que me preocupa es cómo diablos trabajaré con Valentino y, sobre todo, en la misma oficina. No, esto es una completa locura. Estábamos de pie esperando el elevador cuando escuché a mi padre decir:
—Tatis, por estos días compartirás oficina con Valentino. Ayer pensé que llegaría hasta la próxima semana, pero parece que se adelantó. Espero que se comporten.
Él me mira a mí y a Valentino como si fuéramos unos niños pequeños a quienes está regañando, pero se ha vuelto completamente loco si cree que voy a aceptar compartir oficina con este idiota. Así que, antes de que mi padre vuelva a decir algo, yo de inmediato suspiro y le sonrío, pero mirando a Valentino con ganas de matarlo.
—Papi, ¿no crees que hay que darle un recibimiento a Valentino diferente? No sé, tal vez acomodar el clóset que se encuentra al lado de mi oficina para que trabaje ahí. Si quieres, yo podría hacerlo con mucho gusto.
Mi padre me voltea a ver con una enorme sonrisa en su rostro, empieza a negar y besa mi frente.
—Sé que tu ofrecimiento es honesto, pero no creo que Valentino esté muy cómodo en una pequeña bodega de mantenimiento. Así que, por ahora, trabajarán juntos. Aún me sigo preguntando qué ha sucedido con ustedes dos, pero también sé que algún día voy a tener la respuesta.
Estoy a punto de decirle que no sucede nada cuando las puertas del elevador se abren. Ingresamos en completo silencio, llegamos al piso 15 y ahí está mi oficina. Así que, sin decir nada más, apenas se abren las puertas, salgo apresurada. Escucho los pasos tras de mí, pero no pienso detenerme ni un momento, obviamente, hasta que llego al escritorio de mi secretaria. Cuando esta me ve, me sonríe y de inmediato se pone de pie.
—Buenos días, señorita Miller.
Yo devuelvo el gesto, pero de inmediato abro la puerta de mi oficina e ingreso en ella.
—Buenos días, Jackie. ¿Qué hay para hoy?
Ella ve su tablet mientras da algunas miradas y sonrisas hacia Valentino, que este obviamente le responde.
—Hay una junta con su padre y algunos proveedores para la nueva marca. Recuerde que esta nueva marca se lanza en su honor, así que no puede dejar de asistir. Antes de que lo olvide, señorita Miller, el joven Byron le llamó. Dijo que si podían verse a la hora de la comida, que es algo muy importante.
Yo abro los ojos muy grandes para que mi secretaria guarde silencio, pero parece que no entiende mi señal, así que simplemente le sonrío y asiento.
—No te preocupes, Jackie. Yo me encargaré de confirmar mi asistencia. Ahora, ¿me podrías traer un café sin azúcar, un poco de miel y con leche deslactosada?
Ella me sonríe y asiente, voltea a ver a Valentino, pero antes de que le diga algo:
—El señor no quiere nada, solamente está de visita hasta que le entreguen su propia oficina. Por el momento, trabajará aquí, pero solo será por ahora, así que tú sigues siendo mi secretaria. Si el señor quiere un café, que vaya por él. Retírate, por favor, Jackie.
Ella me mira completamente sorprendida, ya que suelo ser un poco cordial, pero Valentino no merece ninguna cordialidad de mi parte. Así que ella simplemente asiente, se da la vuelta y se marcha. Yo tomo asiento tras de mi escritorio como si nadie más estuviera en mi oficina, pero obviamente él no se iba a quedar tranquilo y se paró frente a mí. Coloca sus manos encima del escritorio y me mira fijamente a los ojos.
—¿Me quieres decir qué diablos te pasa? Acabo de regresar y mira cómo te estás comportando. ¿Qué rayos fue lo que te hice para que me odies tanto?
Yo lo miro con los ojos muy abiertos y de pronto suelto una carcajada. Me pongo de pie, coloco mis manos en el escritorio como él lo ha hecho y me inclino hacia él, casi rozando nuestros labios, pero lo miro a los ojos con el odio y coraje que siento por él.
—No sabía que cuando te marchaste estabas enfermo de Alzheimer o, en su caso, demencia. Parece que las cosas importantes se te han olvidado, pero viaja un poco al pasado y recuerda el día en que te marchaste, y ahí te darás cuenta de por qué mi odio hacia ti.
Él abre y cierra su boca completamente sorprendido, tratando de decir algo, pero nada sale de ella. Yo solo sonrío con victoria, pues parece que sabe que estoy en lo correcto. Así que estoy a punto de alejarme cuando él toma mi mano, chasquea su lengua negando.
—Parece que sucedió algo de lo que yo no estoy enterado, pues cuando me marché, te dejé una carta explicando todo: por qué me marchaba y por qué no había dicho nada. ¿Acaso no la leíste?
Ahora la que abre y cierra la boca soy yo. Ni siquiera quise saber qué era lo que decía esa carta, así que, bastante molesta, retiro mi brazo de su agarre. Trato de tranquilizar los latidos de mi corazón, pues el saber que él explicó el porqué de su partida hacía que este latiera con fuerza. Pero ya es muy tarde para arrepentirnos de nuestras acciones. Además, aún siguen aquellas imágenes en mi memoria, así que simplemente suspiro y me encojo de hombros, restándole importancia.
—Tengo que ser sincera, porque yo no miento. No leí tu carta y la verdad es que no me interesa. Ya te habías marchado; las explicaciones debiste dármelas antes de hacerlo, pero ya no vale la pena recordar el pasado. Simplemente mantente alejado de mí. Es la segunda advertencia que te doy. Si no quieres que haga de tu vida un infierno, porque la Renata que conociste antes ni siquiera es una sombra de la que hay ahora, así que hazlo, Valentino, aléjate, porque puedes salir muy lastimado.
Él pellizca el puente de su nariz y coloca sus manos en la cintura. Empieza a caminar de un lado a otro, completamente confundido. Cuando se detiene, voltea y me mira con los ojos entrecerrados.
—Tú no tienes idea, Tatis, lo que yo sufrí cuando me marché y jamás recibí una carta, una llamada, algo que me diera señales de que estabas bien, de que querías hablar conmigo. ¿Por qué no lo hiciste? ¿Por qué no hablaste para preguntar cómo estaba? ¿Por qué jamás devolviste mi carta? Y lo más importante, ¿por qué jamás leíste mi carta? Debiste hacerlo para entender todo.
Creo que él no termina de entender que me partió el corazón en mil pedazos el día que se marchó y jamás me dio una explicación de por qué lo hizo. Una carta, una maldita carta, era tan importante para él, pues para mí no. Para mí era mucho más importante que él me explicara qué era lo que estaba sucediendo realmente, pero yo no era tan importante para él, pues jamás se tomó el tiempo para explicármelo cara a cara. Estoy a punto de decirle que ya nada me interesa cuando la puerta de mi oficina se abre de golpe y un Byron bastante alegre, con una hermosa sonrisa, entra como si estuviera en su casa.
—Tatis, nena, necesito hablar contigo. Es algo muy importante. Parece que Valentino ha vuelto a la ciudad. Tienes que estar...
Yo abro los ojos para que guarde silencio y entienda que Valentino justo está detrás de él. Él frunce el ceño y suelta una carcajada.
—Nena, ¿por qué haces esa cara? Es extraña, pero bueno, no importa. Lo que quería decir es que...
De pronto se escucha un carraspeo y él deja de hablar. Se da la vuelta y lo mira completamente sorprendido. Valentino está cruzado de brazos con una ceja alzada, mientras Byron voltea hacia mí y luego hacia él. Después vuelve a voltear hacia mí y, cuando voltea hacia él, empieza a negar.
—Eres un completo idiota. ¿Por qué no me llamaste y dijiste que volverías?
Valentino coloca su mano en su barbilla y lo mira como diciendo "en serio", pero Byron no lo deja decir nada más. Se acerca hacia él y lo abraza tan fuerte que, con este abrazo, me doy cuenta de que ellos jamás dejaron de estar en contacto, que a pesar del tiempo y la distancia, siempre seguirán siendo los mejores amigos. Pero entonces, Byron también me mintió. ¿Por qué me ocultó que hablaba con Valentino? Esto me lo tiene que explicar.