El Cumpleaños

2139 Words
—¿Estás segura de que esto va a salir bien, Dani? —Era la tercera vez que Katty me lo preguntaba, por lo que pongo mis ojos en blanco y suelto el aire que tenía retenido. —Que siiiii… —respondo con obviedad. —Internet es una herramienta muy peligrosa, Dani, se te va a llenar la casa… —Me advierte. —No se cumplen treinta años todos los días, Katty, ¡tengo que tirar la casa por la ventana! —exclamo al final. —No te quejes después —dice la pelirroja al encogerse de hombros.   Llevábamos toda la mañana arreglando mi casa, decorando con globos fucsia y negros, banderines y listones. La mesa del comedor, la decoré con un mantel a tono y dejé un espacio en el centro, para el pastel de cupcakes, así no tendría que preocuparme, por servirle a nadie; la extendí y la dejé pegada a una de las murallas donde habían dos globos, con el número tres y cero.   La nevera, estaba repleta de cervezas y gaseosas, además que, Katty estaba preparando su ponche especial con frutas, que era brutalmente rico y engañador.    Para comer, tenía preparadas unas bandejas con quesos, frutos secos, aceitunas y pepperoni, que pondría por la noche, decorando la mesa principal. También tenía un stock de papas fritas, doritos y bocaditos, que servirían para mantener a todo mundo ocupado, comiendo alguna cosa, durante la celebración.   Ambas nos tiramos en el sillón, resoplando por el cansancio, nos miramos y estallamos en carcajadas.   —¿Ves las estupideces que me haces hacer, rata inmunda? —Se queja la pelirroja, mientras se quita las zapatillas y pone sus pies sobre mis piernas. —Te divertirás, te lo prometo —Le saco la lengua y bufa. —Sabes que no me gustan esos amiguitos tuyos… —Cruza sus brazos por debajo de sus pechos y hace una mueca. Sé que no le gustan mis amistades, porque son las personas que le hicieron bullying en la escuela—. Basta con que alguno me diga algo, y no sé cómo voy a reaccionar, Dani —Me advierte. —Tienes mi autorización para lo que sea que necesites amiga, además, dudo que alguien te moleste, si ahora, eres hermosa amiga, ya no eres la nerd de hace años atrás —La animo. —Sigo siendo nerd… —dice con orgullo—.Y siempre he sido hermosa —Me saca la lengua. —Pero mírate, ¡por Dios! —Antes la molestaban con Pippi Longstocking, pero ahora, es una hermosa pelirroja, que podría romper corazones, si así ella lo quisiera. Bufa una vez más. —Entonces, ¿qué te pondrás esta noche? —Cambia el tema y mi sonrisa podría partirme la cara en dos. —Sígueme —La llevo hasta mi cuarto y abro una de las puertas del closet, donde tengo el vestido que compré para la ocasión. —¡Wow!, ¡pero esto es completamente transparente, mujer! —Una sonrisa malvada se asoma en mi rostro. —¡Que sepan lo que se pierden! —exclamo—. ¿Qué te pondrás tú, engendra? —pregunto, con curiosidad. Se encoge de hombros—. ¡Oh no, eso si que no! —exclamo—. ¡Tú te vas a arreglar y taparás bocas!, ¡ya verás! —La amenazo, por lo que me hace una mueca y comienzo a buscar algo para prestarle.   Después de revolver mi closet, encontramos un vestido, que aunque no es el más sensual, convenció a mi amiga, así que para darle el toque, le pasé unas medias con portaligas, las cuales se negó a usar, hasta que se las puso y gracias a Dios, le encantó el outfit completo, ya que mi amiga, es un tanto… “especial”, para vestir.   Tras engullirnos una pizza con doble queso y pepperoni, hicimos nuestras rutinas de cuidado personal, partiendo por aplicarnos cremas capilares y máscaras en la cara, para lucir espléndidas en la noche.   Una vez listas, nos vestimos y nos maquillamos. Le hago un cintillo de trenza a Katty, dándole un toque un tanto medieval a su look, y sé que, aunque no me lo diga, le encanta, ya que es fanática de las series de época, o de fantasía.    —¡Te vez como Anna! —exclamo y me mira con una ceja alzada, por lo que bufo—. ¡La hermana de Frozen, obvio! —digo como si fuera lógico, por lo que frunce el ceño. —No sé qué es peor, Dani, si ser Pippi Longstocking o Anna… —Se queja. Pienso algo rápido para decir. —Bueno, digamos entonces, que te pareces a Sansa Stark —La miro, que esboza una sonrisa y asiente conforme, ya que le encanta Game of Thrones. —Ahí me gustaste más… —Se ríe—. Te vez increíble, rata inmunda —Me sonríe y busca en su bolso una pequeña cajita con una cinta—. Feliz cumpleaños —Me abraza y me pasa la cajita, que abro con mucho cuidado. Son unos hermosos aretes, que quedarán perfectos con mi vestido. —Gracias, amiga, son hermosos —La vuelvo a abrazar—. Los usaré ahora mismo —Me quito las argollas que me había puesto y las reemplazo por los que me regaló Katty. —¡Ya!, basta de cursilerías, que se me puede pegar lo bruta —Se ríe—. ¿Estás lista para infartar a esa manga de imbéciles, que vendrá esta noche? —cuestiona y asiento con decisión.  —¡Hagámoslo!    (…)   Mi casa, no da abasto. La gente está en todos lados, y por suerte, había dejado cerradas las puertas de los dormitorios, o esto se saldría de control. El patio trasero, está lleno de gente que baila, al igual que en la sala y el comedor. La cocina, ni hablar, es el punto de encuentro, donde varias personas que jamás había visto, conversan animadamente.   —¡Te dije que esto ocurriría! —Me grita Katty, mientras saca uno de los vasos plásticos, que estaban en la mesa y se sirve un poco de ponche. —¿¡Por qué no me advertiste!? —La regaño y pone sus ojos en blanco. —¡Te lo dije! —Me palmotea la espalda y me señala la puerta de entrada, donde Brad, Jay y David aparecen. Mi amiga pone cara de pánico y le aprieto el hombro. —¡Si te dicen o te hacen algo, yo misma les daré su merecido! —Le digo en voz alta, al oído, ya que el volumen de la música está tan alto, que no se puede conversar de otra forma.   Mi amistad con Katty, comenzó por defenderla de los “populares”, y aunque, yo también era la chica más popular de la escuela, no veía justo que todos la atacaran, por ser diferente o por no prestarse para sus estupideces.   Así que esa vez que la encontré llorando en el baño, mientras le tiraban agua y le volteaban uno de los contenedores de basura encima, me puse delante de ella y eché a todo mundo, para que la dejaran en paz. La llevé a los camerinos y le pasé algo de ropa limpia, mientras se daba una ducha. Desde ese entonces, fue mi protegida y se convirtió en la amiga más fiel que he tenido en toda mi vida.   —Gracias, rata inmunda —Me da una sonrisa y se para a mi lado. —¡Danielle, preciosa! —Me saluda Brad, junto a sus amigos—. ¡Gran fiesta! —exclama y asiento. —¡No se cumplen treinta años, todos los días! —Repito. Se ríen. —¿¡No me vas a presentar!? —exclama coqueto y miro a Katty, que contiene una carcajada. Le estira la mano para “presentarse”. —Pippi Longstocking, para servirte, Clifford —El rubio queda boquiabierto, sin saber qué decir, por lo que le da la mano y se aleja, junto a la tropa de idiotas, que siempre anda con él. Katty y yo nos reímos.   Entre la multitud, veo a varios de los chicos, con los que intenté algo más que “salir”, a quienes invité a propósito, para que vean que mi vida sigue, a pesar de su rechazo. Miro hacia la puerta y se asoma Samuel, junto a los chicos de mi oficina, que se acercan de inmediato a saludar.    —¡DI - VI - NA! —exclama Samuel, tomándome de la mano y haciéndome girar, para luego dejarme un beso en cada mejilla—. Veo que no te mediste con los invitados —dice sarcástico, por lo que simplemente me río.    Levitating de Dua Lipa, comienza a sonar, por lo que, tomo a mis amigos y los llevo al centro de la sala, para comenzar a bailar. Katty intenta moverse a su ritmo, mientras Samuel y yo bailamos sensualmente, espalda con espalda.   Bailamos un par de canciones, y cuando la música deja de sonar, no me había dado cuenta que Katty había desaparecido, hasta que la veo acercarse con el pastel lleno de velas con chispitas. Entre la gente, veo varios de los “personajes” que me han roto el corazón de una u otra manera y casi por mi costado, se acerca Jason, con una hermosa rubia a su lado, lo que me hace hervir la sangre.   «¿Cómo se atreve?», gruño para mis adentros. No ha pasado ni un mes.   —Pide tres deseos, Dani —Me susurra Sam, sacándome de mis pensamientos.   Cierro los ojos y pienso en lo que quiero pedir como deseo, mientras siguen cantándome el cumpleaños.   «Deseo que mi vida sea tan fácil como lo es para los hombres… Deseo encontrar al amor de mi vida… Y… Deseo un ascenso y nuevas oportunidades en mi trabajo», soplo las velas y quedamos a oscuras por unos segundos hasta que, los aplausos y vítores no se hacen esperar.   La gente se abalanza sobre Katty, para tomar los pastelillos que desaparecen tan, o más rápido de lo que aparecieron. La música vuelve a sonar y la gente se pone a bailar una vez más.    Hacemos un brindis con mis amigos, cuando mis ojos se van directamente a la puerta, donde se asoma un hombre al que jamás había visto. Alto, guapo, piel canela y se ve que busca a alguien, ya que busca con la mirada. Uno de mis compañeros del trabajo, se acerca para hablarle y se lo lleva de mi campo visual.    Seguimos bailando con los chicos, mientras con la mirada, sigo buscando al guapo hombre, entre la multitud, sin éxito. Me olvido de eso por un rato, y sigo bailando y divirtiéndome.   Katty me acerca, nuevamente, un vaso con su delicioso ponche de frutas. Seguimos bailando y disfrutando durante la noche hasta que poco a poco, la gente comienza a retirarse. Cuando quedan una que otras parejas bailando, otras conversando, me tiro en el sillón, al lado de Katty, que conversa animada con Sam. El mundo comienza a darme vueltas y me río de nada. Todo el alcohol que bebí, comienza a hacer efecto al momento de sentarme. Los chicos se ríen.   —Ya se fueron tus conquistas —bromea Samuel, por lo que Katty se ríe y le da un codazo, lo que lo hace reír también. —¡Ellos se lo pieeeerRRrrden! —digo arrastrando las palabras. Me pongo de pie, para mostrarles lo que se han perdido y apenas lo hago, me voy directo al suelo y todo se vuelve n***o.   (…)    La luz del sol pega directamente sobre mis ojos, por lo que me cubro con el antebrazo. Siento que la cabeza se me va a partir en dos, y realmente, no recuerdo nada de nada. Sólo sé que bailé mucho y que en algún minuto me senté junto a mis amigos en el sillón y de ahí, nada más.    Una presión en la entrepierna, que me molesta de sobre manera, por lo que me destapo y camino con los ojos cerrados hasta el baño, ya que la luz molesta demasiado. Siento el cuerpo pesado y cortado, por haber bailado tanto.    Cuando entro al baño, a ciegas, doy el agua en el lavamanos y me tiro agua en el rostro, para poder abrir los ojos. Abro los ojos lentamente, para ver el desastre que quedó en mi rostro, por dormirme, sin haberme desmaquillado.    Parpadeo un par de veces, ante la imagen que mi reflejo me enseñaba, sin poder creer lo que mis ojos ven.   —¡AAAAHHHHHHHHHHHHH! —Un grito gutural, ronco y profundo sale de mi boca, por lo que la cubro con mis manos—. ¿¡QUÉ MIERDA ES ESTOOOOO!?
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