No pude hacer otra pregunta, ¡No quise hacer más preguntas! Y Jackson tampoco dijo una sola palabra más. Llegamos a la mansión de Jackson y cuánto cruzamos la puerta principal, él me toma de la cintura y me atrae hacia él pegando mi cuerpo contra el suyo. —Te necesito Aranza —expresa con desesperación. Besa mis labios apasionamente y empieza a bajar la cremallera de mi vestido. Me alejo de él y lo miro completamente confundida. —Aranza por favor, te necesito —suplica. —Es que después de todo lo que pasó, no puedo pensar en esto... Jackson se ríe con sarcasmo y amargura interrumpiendome. —Ahora que sabes que soy hijo de un presidiario no quieres nada conmigo, ¿Cierto? Muevo mi cabeza de un lado al otro, —No, eso no me importa, pero tengo muchas preguntas, siento que no te conozco

