William
Los ojos de Olivia se abrieron de par en par con sorpresa. Algo en mí se había inquietado con fuerza, “¿Y si el acosador cruzaba esa línea y le hacía daño a Olivia?”
—Pensaré en comprar una cámara de seguridad. —sus pestañas se agitaron rápidamente, era ver como si ahora entendiera a lo que me refería.
—Vamos a comprarlas. —le dije de inmediato, ella negó poniéndose de pie de su lugar.
—Lo haré yo, creo que tienes que estar en el restaurante, —luego sus cejas se alzaron con preocupación, reconocí ese gesto de ella. — ¿Quién está atendiendo el restaurante si tú eres el encargado? —sonreí para tranquilizarla.
—Tranquila, está todo bajo control. —ella negó.
—No dudo que hayas contratado a alguien para hacer lo que te tocaba hacer en mi ausencia. —se cruzó de brazos, iba a responder cuando su celular sonó a lo lejos, ella dudó en si ir por él o quedarse hasta que me fuera.
— ¿No vas a contestar? —negó. —Puede ser importante. —insistí.
—No lo es. —replicó. —Yo compraré la cámara, además, puedo con esto. Siempre me he cuidado de mí misma.
—Pero antes no tenías un acosador. —dije ahora yo cruzándome de brazos. —Te espero. —regresé a sentarme en el sillón ante su reacción de sorpresa. —Anda, —agité mi mano para que se fuera. Como toda una mujer educada, caminó hasta el pasillo con su pijama llena de margaritas, eso me hizo sonreír, era la primera vez que veía a Olivia en su zona de confort, sin ese gesto intimidatorio que suele cargar siempre, su cabello se veía adorable y su rostro sin una gota de maquillaje, era parecido al tener, muy natural. Miré detenidamente cada detalle de su departamento, se sentía acogedor, pero era sencillo y más pequeño, imaginé que si es ella sola…no necesitaba más. Algo parecido a mí. Somos básicos. Diez minutos después, apareció en el marco de la entrada a la sala, vestía casual y muy hermosa, era la primera vez que la veía sin ese uniforme de dos piezas en tonos oscuros y neutros, su cabello amarrado en un moño siempre a la perfección, ahora lo llevaba suelto, y me di cuenta que era ondulado, largo y el castaño ya lo sabía.
— ¿Vamos? —preguntó inquieta ante mi mirada.
—Claro, vamos, vamos. —me levanté y le abrí la puerta para que saliera, cuando estábamos en el pasillo, esperé a que cerrara la puerta, luego llegamos al elevador. —Es raro mirarte como que…normal. —confesé al mirarla observando los números del tablero.
— ¿Normal? —giró su rostro haciendo esa pregunta, moví mis hombros de manera fugaz.
—Sí, sin ese uniforme y peinada a la perfección, —las puertas se abrieron y caminamos por el pequeño lobby, cruzamos las puertas y le señalé donde estaba mi auto.
—Por cierto, ¿Cómo has dado con mi dirección? —preguntó mientras caminaba a mi lado e intentando retirarse los lentes de sol sobre su cabeza, la detuve para ayudarle cuando una de las patitas de este se enredó, luego se los entregué. —Gracias. —luego le abrí la puerta pero no entró. — ¿William?
—Dime. —estaba aún sorprendido por el cambio de apariencia, sus cabellos se comenzaron a mover por encima de sus hombros por la poca brisa que nos rodeaba. — ¿Qué? —entonces entendí que quería una respuesta a su pregunta. —Oh, sí, —me aclaré la garganta y acomodé mis palabras. —Tú amiga, Nat.
—Oh, —luego moví mi mano en señal de que entrara al auto, ella finalmente se sentó y le cerré la puerta, mientras rodeaba el auto, miré alrededor por si alguien estaba vigilando, pero no, no había nadie. “¿Te estás volviendo paranoico, Wallace?”
***
Durante el camino al centro, puse música y solo escuchamos sin decir algo más, ella miró distraída por la ventanilla mientras movía su cabeza al ritmo de la canción.
— ¿Puedo preguntar si has comido algo? —ella giró su rostro hacia a mí cuando estacioné el auto, negó lentamente como si se repitiera mi pregunta en su cabeza. — ¿Comemos algo antes de ir a la tienda?
—Bueno, ¿A dónde iremos? —se miró la ropa y luego regresó su mirada hacia a mí. —No vengo vestida como para ir a un restaurante de los que sueles ir.
—Olivia…—el sonido de su celular interrumpió mi oración.
—Disculpa, —bajó la mirada a su bolso de correa y buscó en el interior, al sacarlo revisó y noté una sonrisa, algo raro de ver en ella.
— ¿Y desde cuándo le sonríes a un celular? —usé mi tono de sarcasmo, ella torció su labio en señal de irritación, tecleó y luego miró en mi dirección.
— ¿Qué tiene de malo que le sonría a un celular? —preguntó.
—Es raro verlo, ya sabes, siempre tienes una cara seria como de una mujer amargada. —soltó una risa.
—Veo a lo que quieres llegar, no vas a fastidiarme el día. Además, no eres mi jefe si no estamos trabajando.
— ¿Y qué tiene que no estemos trabajando? —al parecer mi pregunta y mi cara de confusión le divirtió.
—Que sueles fastidiarme en el trabajo. —arrugué mi ceño.
—Creí que eso te divertía. —contesté con una sonrisa amplia, realmente su respuesta era divertida.
—Eso pasa cuando crees que todo lo sabes, pero no, no me gusta que quieras fastidiarme en mi hora laboral, y no lo harás en este momento, así que vamos a comer por qué luego me pongo de mal humor si no tengo algo en mi estómago.
—Bien, bien, yo fui quién te arrastró fuera de tu departamento, entonces déjame pensar….—hice un breve silencio como si estuviese pensando. —Bien, ya, llegamos. —señalé el restaurante a mi lado, ella se inclinó para mirar por mi ventanilla, un movimiento que me hizo retener mi respiración, su rostro estaba bastante cerca del mío y al parecer ella no estaba consciente de eso, regresó a su lugar y tomó su bolso.
—Bien, dicen que es bueno y…—me miró al ver que estaba quieto en mi lugar, solté el aire entre mis dientes siendo algo…discreto. — ¿Qué tienes? —negué rápidamente abriendo la puerta de mi auto.
—Espera, yo te abro la…—cuando salí ella estaba bajando y cerrando la puerta, rodeó el auto y se quedó en la acera esperando a que hiciera lo mismo. —Debías de esperar a que…—negué poniendo la alarma. —Olvídalo.
—Sé qué sueles hacerlo con tus mujeres, pero no soy una de ellas. Yo puedo abrir mi puerta por mí misma. —caminó mi lado y me detuve, ella se percató e hizo lo mismo mirándome confundida.
— ¿Por qué sueles asumir que salgo con muchas mujeres? Lo mío era educación y caballerosidad, Olivia.
— ¿Estás fastidiado por que no esperé que me abrieras la puerta? —se cruzó de brazos y sonrió divertida, corté la distancia negando.
—No, no estoy fastidiado. —abrí la puerta del local y el olor a comida inundó mis fosas nasales, uno de los meseros me saludó. Olivia estaba a mi lado mirando el lugar.
—Señor Wallace, bienvenido. ¿Mesa en la terraza, comedor principal o privado? —preguntó Iván, quién me conocía por ser cliente frecuente.
—Terraza. —asintió.
—Los guiaré. Acompáñenme…—puse instintivamente mi mano en la espalda baja de Olivia, lo cual ella se tensó y la quité automáticamente. Llegamos y nos sentamos, pedí la orden por los dos cuando ella no supo que pedir y me dijo que lo hiciera por ella, nos trajeron las bebidas y de nuevo ese sonido en su celular, miré que lo buscó y lo revisó, otra vez esa sonrisa.
— ¿Es de tu…cita a ciegas? —ella levantó su mirada de su celular hacia a mí y negó.
—Bueno, algo así, pero todavía no lo conozco, lo estamos haciendo primero en línea.
—Oh, ¿No sabes si tiene tres pezones? ¿Si es una anciana de ochenta años? —ella soltó una risita entre dientes.
—No, no lo sé. Pero es amable y atento. —regresó la mirada a la pantalla de su celular.
—Oh, ¿Y dónde lo conociste? —ella suspiró guardando su celular en el bolso de nuevo.
—Bueno, es una historia extraña y privada…—oh, el tono de “No te incumbe”
—Ah, entendí. —Se hizo un silencio— ¿No es el acosador “R”? —negó.
—No creo que…—detuvo sus palabras. —No. Imposible. A Ricky lo conocí trotando por las mañanas…—su rostro se volvió pensativo.
—Bueno, solo ten cuidado, ya que todo lo que encuentras en línea…no suele ser verdad.