Escuche a Cristina casi por una hora mientras despoticaba contra la nueva asistente de ventas, estabamos tomando un cafe en mi pequeña cocina mientras fingía una concentración absoluta de todo lo que estaba diciéndome, pero en mi mente sólo tenia la imagen de Leo encerrado en mi armario a pocos metros y el miedo constante de que el mínimo ruido que hiciera podría levantar sospechas de su presencia, dado que estábamos a una muy fina pared de distancia. Seria imposible de explicar como es que Leo estaba en mi habitación semidesnudo y era mas que obvio que mi amiga me odiaría por el resto de la eternidad por follarme a su hermano pequeño ademas de que no volvería a hablarme, no importaba que él no fuera un niño, no dejaba de ser parte de su familia y era un pacto implícito entre amigos que
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