Leo y yo llevábamos dos semanas y media viéndonos a escondidas, por suerte para ambos pudo conseguir la cinta de vigilancia de la noche en donde todo había comenzado, luego de la fiesta nos fuimos a su casa y pasamos el resto de la velada juntos e incluso me quede a dormir, me sentía como una adolescente cuando estaba con él, afloraban en mi sentimientos que creía que a mi edad ya eran imposibles de sentir, nervios y ansias de verlo, incluso llegue a distraerme un par de veces en el trabajo fantaseando con él, pero sabia que no tenía que encariñarme demasiado. - Buenos días - escuche su voz varonil llamándome desde el pie de mi cama. - Buenos días - respondi algo adormilada y confundida, aún no me acostumbraba a su presencia los domingos. Habia sido un acuerdo casi tácito que luego de

