Está era la segunda jodida vez en el mes que la alarma no sonaba y nuevamente iba a llegar tarde al trabajo.
Corriendo tome mi teléfono celular lo puse en la cartera e hice todo lo humanamente posible para poder alistarme a tiempo, fue casi un record cuando en tan solo 15 minutos estaba subida al taxi que me llevaría a las oficinas del centro.
- Por favor ¿Puedes ir más rápido? - pedí al taxista.
- Señora, voy tan rápido como el tránsito me lo permite - respondió el.
"Señora" esa palabra resonaba en mi mente y me atormentaba, sí apenas tenía 31 años y estaba muy bien físicamente, bueno a pesar de que había descuidado mi alimentación estos últimos meses y mis piernas y caderas me pasaron factura engrosando unos cuantos centímetros, entendí que ya no podía comer todo lo que quisiera como cuando era un adolescente o que si bebía después de las 12, el sueño me vencía y a la mañana siguiente los dolores de cabeza eran terribles para trabajar, pero no era una "señora", al menos no me podían encasillar dentro del concepto que normalmente se tenia de esa palabra, no tenía hijos, ni gatos y ni siquiera me gustaban las plantas, jodidamente no, yo era una JOVEN-ADULTA, que dormía pequeñas siestas de vez en cuando y salía a clubs con mis amigas de noche.
- Es aquí - dije desesperada.
- Son 4,50€ , señora - apremió el conductor cuando se detuvo.
- Tenga... déjese el cambio y no me vuelva a llamar señora.. ¡Por dios! - pedí molesta.
- ¡Disculpe señorita! - grito el hombre cuando baje del coche y arrancó.
Entré apurada al edificio, sosteniendo las carpetas con una mano, y con la otra saludé a Frank , el guardia de seguridad, quien muy amablemente mantuvo la puerta abierta para que pasara, cuando llegue al ascensor ya había alguien dentro, corri y lo alcance por muy poco puesto que el ocupante no se molestó en levantar la vista de su celular o detener las puertas para que yo pudiera entrar.
Mirándome en el espejo del cubículo en movimiento arregle mi pelo y acomode mi ropa lo mejor que pude ante la curiosa mirada del hombre que estaba a mi lado, él me veía disimuladamente y entonces lo mismo hice yo, era alto pero se veía muy joven para tener treinta, tenía el pelo castaño un poco largo y peinado hacia atrás, también una barba perfectamente recortada e iba enfundado en un traje a medida, el típico recién llegado que en unos días se volvería el chisme de las mujeres de la oficina, ya que por desgracia para él, era muy guapo; pensé en que además tendría que soportar a Cristina, mi compañera, hablándome toda la semana de este tipo, lo mire otra vez disimuladamente y pensándolo bien me daba la sensación de que lo conocía de algún lugar, pero no lograba recordar de dónde podía ser.
- Buenos días - saludó él de repente con voz grave.
- Buenos días - respondí sencilla.
- ¿Trabajas aquí desde hace mucho? - pregunto.
- Si, y tú eres nuevo ¿verdad? - respondí preguntando a la vez.
- Si, comencé esta semana, me ha recomendado mi hermana para el trabajo, Cristina ¿la conoces?.
"Mi hermana .... Cristina" resonó en mi cabeza.
No podía ser... Volví a mirarlo ahora mas detenidamente y entendí por qué me parecía conocerlo.
- ¿Leo? - pregunté bajito como en un suspiro.
- Si - dijo riendo, él sabía de antemano quien era yo.
- No puedo creerlo Leo ...- lo saludé nuevamente está vez con un abrazo y me correspondió aunque sorprendido, abrazándome también.
Leo, Cristina y yo nos habíamos criado juntos, a pesar de que él era unos años menor que nosotras, nos conocíamos de toda la vida.
La última vez que habiamos hablado él tenia unos 15 años y fué en una cena de navidad en casa de Cris, lo ví por última vez en su graduación a los 18 o 19 o cada que visitamos a sus padres por vacaciones, pero ya nada quedaba de ese niño, Leo era ahora un adulto y estaba casi irreconocible.
- ¿Cómo te ha ido? - pregunté - tu hermana me contó que estuviste en Alemania pero no me dijo nada de que volviste, lo último que supe es que te fuiste por unos años para estudiar una carrera -
- Si, ya me he graduado, hace unos meses en realidad - comento frotándose la nuca disimuladamente - y me habían ofrecido empleo allí, pero quería volver a casa un tiempo, ya sabes - dijo mientras salíamos del ascensor.
- Que bueno que estés de regreso, no te veía desde hace años, te ha hecho bien el cambio de país y estás muy alto - dije alegre.
- Yo también me alegro de verte, y ya era más alto que tú cuando me fui, mírate sigues teniendo las mismas pecas - dijo tocando mi nariz a los que ambos reímos, de niña odiaba mis pecas y eso era motivo de bromas entre amigos aunque eran más difíciles de ver ahora, ya que por suerte, se habían aclarado con el tiempo.
Un carraspeo cercano cortó el momento que compartíamos, ví que era mi odioso jefe quien observaba atentamente la situación, tuve que disculparme y le dije adiós a Leo, luego camine lo más rápido que pude hacia mi escritorio.
Me senté y ordene la agenda de la mañana para no perder mas tiempo, pero Cris eligió justo ese momento para aparecer a darme los buenos días.
- ¿Cómo te encuentras está maravillosa mañana de Lunes? - pregunto ella alegre.
Por alguna extraña razón Cristina amaba los lunes al contrario que el resto de la humanidad, ella disfrutaba este dia incluso más que el resto de la semana, lo cual siendo franca, nunca entendí.
- Te lo resumiré: La alarma no sonó, el taxista que me trajo me llamo "señora" una decena de veces, llegue tarde y mi jefe me encontró hablando en el ascensor con “Oh! sorpresa" tu hermano, quien por cierto, no me habías dicho que volvió o que trabajaría en el mismo lugar que nosotras... - respondí enumerando con los dedos las situaciones.
- ¿Ya sabes lo de Leo? - sonaba sorprendida.
- Si - dije cortante y ni siquiera la miré mientras continuaba poniendo orden todas mis cosas.
- Quería ser la primera en decírtelo - dijo haciendo una mueca -... pero bueno, ya que lo sabes pasamos directo a los detalles sórdidos -.
- ¿Detalles sordidos? - pregunté reprendiendola con la mirada.
- No me mires así, con lo que te gusta escucharlos - respondió y continúo - ¿Recuerdas que te conté que Leo estaba en Alemania? Bueno resulta que no solo fue a estudiar, tenía una novia allí -
- ¿Y dónde está lo sórdido en eso? - le pregunté
- A eso voy, a eso voy, espera... bueno su novia y él vivían juntos, ya que Leo trabajaba y también estudiaba, bueno ya sabes que los alquileres son increíblemente caros en las grandes capitales, por eso él se fue a vivir con ella -
- ¿Ella tambien estudiaba allí? -
- Noo, ella era la dueña del edificio, bueno su familia en realidad -.
- Ahhh! es una niña rica.. -.
- Si es rica, pero no es una niña ... tiene 38 -
- Del número de zapatos me imagino que estás hablando -
- No te hagas la tonta, tiene 38 años es mayor que nosotras incluso -.
No pude evitar sorprenderme con su relato ya que Leo era 5 años menor que nosotras, no lo veía mal porque que él era mayor de edad y podía tomar sus decisiones solo, además para el amor no hay edad y todo eso que dicen.
- ¿Entiendes? - dijo Cris, pero yo ya no estaba escuchandola, me quede atrapada en mis pensamientos.
- ¿El que? - pregunté.
- Que se aprovechó de él Di, lo uso y lo descarto como a un pañuelo, ella tiene mucha .. muchisima más experiencia que Leo, cómo dicen cuando se está con uno más joven.. ah sí "colágeno".. - rodé mis ojos ante ese comentario.
- No creo que lo haya violado Cris, ¿y si él estuvo de acuerdo? ¿No te pusiste a pensar en eso? -
- ¿Me dices que ella fue su Suggar Mommy? - casi gritó.
- Shh! Nooo - le dije despacio calmandola antes que toda la oficina la escuchara - No es eso, digo que tú hermano ya no es un niño y debes aprender a respetar sus decisiones Cris, puede que ambos estuvieran de acuerdo en que su relación sería algo pasajero, mientras él estuviera allí -.
- Ah! Bueno eso explicaría por qué se fue de Alemania apenas terminó la carrera, pero sigo pensando que esa mujer le rompió el corazón sabes.. -
- Al menos tenía alguien con quién convivir, ¿te imaginas estar solo en otro país? Sin amigos, ni familia, seguro que no fue fácil para él Cris - dije.
Tuvimos que dar por finalizada la charla en cuanto vimos que mi jefe daba la vuelta a la esquina y se aproximaba con mala cara por el largo pasillo, quedamos en comer juntas y nos despedimos rápidamente.
Me esperaba un día largo y tedioso en el trabajo.