— Pero Andi!
— No y punto. — Andrea se negó por quinta vez a qué sus amigas la acompañarán a su salida con Daniel. — No tienen nada que hacer?
— Agh! — Victoria se lanzó de cara contra la cama de Andrea. — Me pelee con William. — murmuró. — No quiso llevarme al Cine.
— Escuché que tenían una reunión importante. — dijo Sabrina. — No puedes enojarte con él por motivos de trabajo. — Rodó los ojos.
— Saben lo exagerada que es Victoria. — Andrea siguió arreglándose para su salida. — Te puede llevar cualquier otro día al cine, no puede dejar de trabajar para cumplir tus caprichos.
— Debería. — Victoria se estaba quedando dormida.
— Pueden quedarse y ver una película hasta que yo vuelva. — Andre estaba metiendo algunas cosas en su bolso. Escucharon a Victoria lloriqueando y soltaron una pequeña risa. — Vic, no seas dramática. — Justo le llegó un mensaje y se escuchó un auto estacionarse afuera. — Ya me voy. — Dejó un beso en la mejilla de sus tres amigas y salió de la habitación para bajar a la salida.
Salió de casa llevándose una de sus llaves, un auto azul deportivo la esperaba afuera, ella rodó los ojos ante los gustos del chico y se acercó al verlo al lado del auto. Daniel al escuchar los tacones de Andrea levantó la mirada de celular y le sonrió.
— Logré sacar a la doncella de su cueva. — dijo en broma mientras sonríe al ver la cara que pone Andrea.
— Si vas a empezar esta doncella regresará a su cueva.
— Ya, a veces eres una amargada. — el chico abrió la puerta del co-piloto para Andrea. — Adelante, Señorita.
— Muchas gracias, Joven. — dijo de la misma manera entrando al auto. — Daniel dio la vuelta y entró a su lugar encendiendo el auto para emprender camino. — Tienes unos gustos exóticos. — Veía los asientos de color beige.
— Deja de burlarte, lo pedí n***o, hubo una equivocacion y la verdad me da mucha pereza devolverlo.
***
A las 9 de la noche Andrea entraba a la gran galería junto a Daniel, la chica quedó impresionada ante la vista de todas aquellas hermosas esculturas que veía.
— No puedo creer que no te guste el chocolate, es lo mejor del mundo. — decía Daniel mientras comía un poco que había tomado de una fuente.
— Es muy dulce, me empalaga. La verdad no veo por qué tanto amor hacia esa máquina expendedora de diabetes. — Daniel la mira con burla ante el comentario.
— Bueno, cada quien es raro a su manera. — Daniel recibe un golpe en su hombro al haber dicho eso. — Oye, deja de tratarme mal. — Dramatizó un poco.
— Te pareces a Victoria. — Andrea rodó los ojos divertida. — Y eso que es? — señaló una puerta que tenía un símbolo de cinco estrellas.
— Es la mejor obra de hoy, hay que pagar un costo extra por verla, y solo aceptan dos personas por 5 minutos.
— Tan exclusiva es?.
— Al parecer.
— Espero y que mis ojos brillen al ver esa obra. — Pagaron el costo correspondiente y entraron luego de que salieran dos chicas.
— O que al menos tenga chocolate eterno. — entraron riendo a la pequeña habitación donde había dos obras en una. — Wow.
— Que lindo. — Era una montaña de hielo, donde había una cascada de chocolate que daba hacia un pequeño lago de chocolate. — Como es que el chocolate no se congela?
— Sinceramente no lo sé. — Ambos miraban la obra con el ceño fruncido. — Debe haber algo. — Daniel se acercó y tocó el chocolate, cuando sacó su dedo el líquido se congelo debido a la temperatura fría del lugar.
— Brujería. — Andrea habló de manera sería. — Vámonos, tengo hambre y aquí solo hay chocolate. — se dió la vuelta para abrir la puerta Pero había un problema.
— Que pasa? Vámonos, también tengo hambre. — Daniel la apuró.
— No abre.
— Ah?
— Estúpida puerta. — Andrea hizo fuerza en la mejilla para abrir Pero empeoró las cosas.
— La rompiste. — Daniel vio a Andrea volverse con el manubrio en la mano. — Acabas de romper la puerta de la habitación donde esta la obra más exclusiva. Oh, vas a pagar mucho dinero si no abren esa puerta en los próximos dos minutos.
— Voy? vamos a pagar mucho dinero, Daniel, vamos, en plural, yo no ando sola.
— Pero tú la rompiste! solo tenías que esperar a que pasarán los cinco minutos.
— Cinco minutos por qué? Vi la obra solo un minuto, deberían devolvernos el dinero que pagamos por esos cuatro minutos que no vimos ese pedazo de hielo con brujería.
— Hola? hay alguien en la habitación? — Preguntaron desde afuera.
— Es obvio que hay alguien pedazo de...— Daniel interrumpió a Andrea y la alejó de la puerta.
— Habemos dos personas aquí, la puerta se trabó, tratamos de abrirla pero se rompió el manubrio. — Daniel explicó calmadamente.
— Bien, joven, la llave de la cerradura no funciona, buscaremos a un cerrajero, no sabemos cuánto tardará, bajaremos el aire acondicionado para que no ocurra algún accidente de salud.
— Incompetentes. — murmuró Andrea.
— Eres tan grosera. — Daniel la observó fijamente con una sonrisa.
— Oh, no, no has visto mi peor parte, deberías seguir investigando sobre mi y mis cosas PRIVADAS.
— Traté Pero William no quiso decirme nada después de lo que le hiciste. — Dijo riendo al recordar a su hermano culparlo por haberle dicho a Andrea que el era el que informaba junto a su novia.
Se la pasaron hablando de cualquier cosa para no aburrirse hasta que vinieran a arreglar la puerta, mientras pasaba el tiempo la pobre montaña se hacía mas pequeña y el tubo que hacía posible la cascada de chocolate estaba siendo visible.
— Que trabajo tan poco profesional.
— Lo fue, es obvio que lo fue, Pero ya la montaña no puede ocultar el tubo ya que se está desvaneciendo.
— Es ridículo, es un hielo de mala calidad, no está haciendo calor.
— Pero la temperatura debe ser muy baja para mantener la escultura. — Daniel aprovechaba cualquier momento para comer más chocolate de aquella cascada que se volvía más débil.
— Si preguntan por qué la cascada perdió vida no dudaré un segundo para culparte.
— Tu rompiste la Manilla.
— Obvio no, era de mala calidad, deben de saber que compran, si no compran cosas de buen material que no esperen buenos resultados. — Andrea ya estaba cansada de estar encerrada, había pasado más de media hora y nadie preguntaba si había alguna señal de vida dentro de aquel pequeño cuarto.
— De seguro se olvidaron de nosotros. — De repente Andrea sintió la mirada intensa de Daniel en su perfil. — ahora que te observo detenidamente, eras más hermosa de lo que pensé, desde el principio he dicho que eres muy linda Pero ahora que te veo bien, todo resalta.
— Gr-gracias. — Andrea se sonrojó. — Aunque eres un troglodita y un pesado que le cae mal a cualquier persona. — Daniel soltó una risa ante los insultos. — Admito que eres muy guapo y lindo, tu rostro es delicado.
ambos se quedaron mirando a los ojos fijamente, hasta que la puerta fue abierta dejando ver al cerrajero y a otros señores, la galería ya estaba vacía.