Capítulo 2. Encuentro.

2491 Words
Capítulo 2. Encuentro. Elizabeth mira a su pequeño y le da un fuerte abrazo y un beso. —Pronto, mi amor, no te sientas mal por eso. —En el corazón de Elizabeth siente que quizás algún día podrá volver a ver a Gustavo; es su deseo y siente en su corazón que será así. La noche se aproximaba con rapidez; Elizabeth toma a Martin de la mano y lo lleva de vuelta a casa caminando. Puede ver varios coches negros aproximarse con gran velocidad, escoltando un gran BMW n***o que llega al lugar. Puede notar a la multitud asombrada y los comentarios no dejan de llegar a sus oídos. —Wao, debe ser alguien muy importante para ser escoltado de tal manera. —Increíble, tiene que ser un gran empresario; escuché que vendría uno a la ciudad para expandir sus negocios en el país. —Mami, tengo hambre, ¿podemos ir a casa? —Sí, vamos, cariño. Lleva a Martin por su helado y luego a casa, donde prepara la cena y lleva al niño a la cama. Notando la tristeza en sus ojos, sabe el deseo de Martin por conocer a su padre; ella le ha hablado mucho de él, de lo buena persona y el gran hombre que es. Haría lo posible para que su hijo cree una buena imagen de su padre, como es lo correcto; no desea que crezca con remordimiento y con la mentira de que está en un largo viaje. Él podría vivir con la idea de que su padre lo ama y que volverá algún día; eso alimenta el corazón de Martin y lo alienta a ser mejor. Quiere ser ingeniero como su padre siempre quiso ser o publicista; cualquiera de los dos sería el orgullo de su padre. Elizabeth, después de dormir a Martín, toma una ducha y saca de su caja de recuerdo la foto de su amado, de Gustavo. —Cuánto tiempo ha pasado desde que te vi por última vez y aún te sigo amando como el primer día. Cierra los ojos mirando al cielo, rogando a Dios que él esté bien y que sea feliz aunque no sea con ella. * Despierta con gran dolor de cabeza por llorar amargamente por la noche, el día está lluvioso, muy nublado, se levanta prendiendo la calefacción y baja hacer el desayuno y el almuerzo para Martín, teniendo todo listo, Elizabeth cambia al niño y se arregla con prisa, su belleza es tan impactante que no necesita maquillarse para verse radiante, sale junto a Martin caminando hasta la escuela, lo deja en la entrada y promete resolverá lo del juego de futbol de la próxima semana, le da un beso y lo vigila hasta que entra a clases, se va a la oficina donde al llegar prepara el café favorito de Andrés y se lo lleva, al entrar a la oficina lo puede ver tan nervioso, hoy vería a un gran inversionista que tendría que convencer para que invirtiera en su empresa, pero debía resolver unos problemas familiares con su padre se encontraba entre la espada y la pared, mirando a Elizabeth, una gran idea pasa por su mente. —Elizabeth, llevas trabajando con mi abuela desde que tengo memoria; hoy será tu día de suerte. Si me traes el contrato del inversionista extranjero, yo te puedo dar una buena remuneración. —Elizabeth se queda observando con preocupación, se mira la vestimenta y puede ver que no está acorde para la oportunidad. —Lo lamento, señor, pero siento que no estoy lista. —Lo estarás; si quieres seguir en esta empresa, deberás traerme ese contrato. Si no puedes, verás cómo mantienes a tu querido hijito. Tú decides; te daré el dinero que necesites para comprarte algo adecuado. Aquí tienes todos los documentos y tú más que nadie sabes los planes del proyecto. Ahora vístete y ve por ese contrato; tienes 1 hora para llegar a ese restaurante, debo irme. Elizabeth se queda en shock por varios minutos y aunque sabe mucho del negocio teme arruinar tan importante asociación, toma las carpetas y el pendrive con la información, sale guardando el dinero que le entregaron y va al centro comercial compra un vestido color vino con unos tacones y simplemente se maquilla saliendo del lugar, toma un taxi con tan solo 20 minutos para llegar a la reunión, la lluvia no cesa y ella se siente nerviosa, llega al restaurante y baja del coche con gran velocidad, abriendo su paraguas entra al restaurante que está reservado solo para la negociación, al entrar nota a varios guarda espaldas y un asistente que la ayuda a instalarse y colocar el video beam, nerviosa se sienta y puede notar que el hombre aún no llega, de repente se escucha la puerta cerrarse y ella se levanta apresurada se voltea para recibirlo y su corazón da un vuelco mirando al hombre que ha amado todos estos años frente a sus ojos, se quedan viendo fijamente y GUSTAVO no puede creer que ante sus ojos esté la mujer de su vida, la que traicionó su confianza, la mujer que ha odiado por tanto tiempo, Elizabeth nerviosa sin decir nada toma su bolso dejando los documentos y el pendrive y sale corriendo del lugar, Gustavo aún no lo puede creer y la mira con odio, pero su corazón late tan fuerte como la primera vez que se vieron, ordena que a sus hombres que la traigan de vuelta y observa como la cargan trayéndola ante él, mira en sus ojos las lágrimas que se disfrazan con las gotas de lluvia que recorre sus mejillas. —¿Pensaste que te dejaría ir tan fácil? —Gustavo, yo… Debo irme, por favor, déjame ir. —¿Qué haces aquí? ¿Tanto miedo te causa verme? —Efectivamente, ambos han cambiado; ella está más hermosa, es toda una mujer, y él un hombre muy guapo; se nota que hace mucho ejercicio. —Trabajo para la empresa donde firmarías hoy; debo llevarles el contrato. —Aún sus hombres la sostienen. —Bueno, lamento decirte que no haré negocios con tu empresa, puedes decirle a tu jefe. —¿Es porque trabajo para ellos? —Sí, no pienso hacer negocios con personas mentirosas y traicioneras; si contratan a personas como tú, entonces… —Elizabeth lo mira con dolor y, aunque quisiera correr a sus brazos, ve en sus ojos el odio que él emite al mirarla. No lo deja terminar; con enojo, piensa en su hijo; si pierde el trabajo, quedaría en la calle. —Basta, no tienes por qué herirme, no sabes cuánto me afectarás si no firmas el contrato, te lo pido, por favor, Gustavo, por Dios, firma, la propuesta es buena y te juro que no te vas a arrepentir, te lo pido, firma. —No lo haré. Si hubiera sabido que me encontraría contigo de nuevo, no hubiera venido a esta reunión. Tú no tienes sentimientos, me engañaste como un imbécil, ¿y aún pretendes que te ayude? —Lo hice por ti —dice en un susurro. —¿Qué hiciste? ¿En qué me ayudaría tu engaño? Imagino que ya conseguiste al hombre millonario que te sacaría de pobre; quién sabe si no te acuestas con el dueño de esta empresa. —Elizabeth se acerca y le da una fuerte cachetada, donde él la sujeta y la acerca a él con fuerza, mirándola fijamente a los ojos. Sus corazones no pueden dejar de latir; la cercanía que sienten es tan grande que con su tacto puede encender la llama que aún sigue viva. Ambos sienten una fuerte corriente recorrer su cuerpo. Elizabeth se aleja de él y toma su bolso. —Haz lo que quieras. —Le dice saliendo del lugar. Sube a un taxi saliendo del lugar mientras sus lágrimas recorren sus mejillas, vuelve a su departamento a cambiarse de ropa y sale en busca de Martin a la escuela; lo toma entre sus brazos y lo estrecha con fuerza, besando sus pequeñas mejillas, y Martin se sorprende al verla así tan vulnerable. —Mami, ¿por qué lloras? —Porque te amo, te amo, cariño. —Yo también te amo, mami. Con dolor lleva a su hijo, como acostumbra, a comer un helado. De vuelta a casa, lo ayuda a hacer las tareas, donde su preocupación la invade; su jefe aún no la ha llamado y teme que, al llegar a la oficina, mañana estará despedida. Gustavo, al verla subir al taxi, llama a su investigador y pide que investiguen todo sobre ella; la conoce y sabe que algo le afecta, tanto que la hace rogarle; ella jamás lo haría, ella nunca suplicaría si no fuera tan importante para ella. Mientras que una parte de él quisiera buscarla, otra la odia por su traición. Haciendo un par de llamadas, él habla con Andrés y le explica que no pudo llegar a la cita y pauta otra para mañana. De vuelta a su nueva mansión, se sienta con la imagen más hermosa que haya recordado. Hace más de 5 años que no la veía, pero sus palabras cada día lo ayudaban a ser mejor. Quería lograr sus sueños para así ser retribuido el dolor que ella le causó con su desprecio, un dolor que lo destrozó por tanto tiempo. Él la amaba; ahora lo pagará caro. Se convertiría en su jefe, apoderándose de la empresa donde trabaja, y la haría pagar. * El día, continúa entre lluvias mientras Elizabeth y Gustavo no sacan de su mente el encuentro de hace pocas horas, la sensación de deseo despierta en ellos una gran sensación recorre su mente, Elizabeth solo desea que todo siga como antes de su encuentro, puede notar en sus ojos el desprecio que siente hacia ella, la noche se escucha calmada la lluvia ha cesado, la luna hace su aparición mientras las estrellas a parecen, en el corazón de Elizabeth una gran angustia la invade, pensar que perderá el trabajo y el poco ahorro que tiene no durará más de 1 mes, la angustia no la deja dormir y espera sentada junto a la ventana el amanecer que se aproxima con rapidez, un nuevo día radiante con el sol en todo su esplendor, se asoma por su ventana, Elizabeth como todas las mañanas prepara el desayuno y se viste para llevar a Martín a la escucha, al dejarlo sale a la empresa a enfrentar a su jefe, al llegar a la oficina Andrés está muy feliz, la mira con felicidad en su rostro. —Señorita González, vaya, prepare la sala de juntas, organice todo y pida bocadillos, tendré una junta en pocos minutos, no pierda tiempo, vaya, vaya. —Pero señor, debo hablar con usted. —No tengo tiempo ahora, vaya y haga lo que le pedí, no olvide pedir café. —Sí, señor. Sin entender lo que pasó, organiza la sala de conferencias y prepara los bocadillos que solía hacer en la cafetería donde trabajaba y los que se convirtieron en los favoritos de todos en la oficina. Sale de la empresa por el café que a Andrés le gusta de la cafetería a una cuadra y, al volver, sube con prisa, ya que él no la deja de llamar. La cafetería estaba llena y le tomó más de lo debido para que fuera atendida. Subió corriendo por el pasillo y, sin pensarlo, tropieza con Gustavo, derramando el café por todo el lugar. Andrés, quien la ve de lejos, entra en pánico al ver a Gustavo y la inepta de su secretaria. —Eres una inepta, inservible, no sé cómo mi abuela pudo mantenerte aquí tanto tiempo, eres una buena para nada. —Elizabeth se mantiene en silencio, conteniendo su ira para no perder su trabajo y la estabilidad de su hijo; con gran dolor, solo agacha la cabeza. Gustavo estaba molesto, sí, es cierto, pero ver que alguien la trate de esa manera tan humillante, no podría permitirlo. —Señor Andrés, no porque usted tenga estatus y dinero puede tratar a sus empleados como si no valieran nada; son ellos los que se esfuerzan cada día por complacer sus caprichos, ellos están pendientes a todo momento de su trabajo, esforzándose por dar lo mejor. No por tener dinero puede sentirse en el derecho de humillar a las personas; si usted es de esa clase de persona clasista, prefiero no asociarme con usted. —Dice Gustavo como el hombre arrogante en que se convirtió. —Señor Ferrer, creo que es un malentendido; ella solo es una empleada que aún no aprende de su oficio, está acostumbrada a hacer las cosas mal. —Ya veo, buen día. —No, espere, señor Ferrer, tú, estás despedida, no podré soportarte más. —Señor, usted sabe que necesito este empleo, tengo tantos años trabajando para su abuela, no puede despedirme. —Debiste haber pensado eso antes de hacerme perder el contrato de mi vida. Gustavo se gira y la mira fijamente; por un momento sintió tanto dolor, pero sale del lugar sin mirar atrás. Elizabeth recoge sus cosas de la oficina que por tanto tiempo había conservado, sale del edificio con el dolor de su alma, camina hasta su departamento, donde sube dejando sus cosas. Poco tiempo después, le llega la carta de despido y la liquidación por su trabajo por tanto tiempo. Se sienta en la mesa con gran decepción; desde que Gustavo volvió a su vida, ha destruido lo que poco a poco ella logró construir. Después de preparar a cómoda, sale usando su ropa deportiva y va por Martin a la escuela; el niño, al verla, corre a sus brazos. —Mami. —Hola, cariño, ¿quieres que te lleve por un helado? —Sí, mami, helado, helado. En un Porsche n***o, el detective toma las imágenes que para sus ojos es una gran sorpresa, un joven tan pequeño con el físico de Gustavo, camina junto a su madre por helado, está noticia le va a crear una gran conmoción a su jefe, ya que no ha querido formalizar ninguna relación y mucho menos concebir herederos, pero está mujer aparece de la nada y él la investiga y ahora resulta tener un hijo de su jefe, una gran noticia sin dudarlo, el magnate de negocios de la ciudad de oro, el que ha rechazado a infinidades de mujeres es padre de un niño de aproximadamente 5 años, se baja y entra al colegio pagando por una buena cantidad razonable, saca la información exacta del pequeño, sube a su coche y regresa a la gran mansión donde Gustavo aún no puede sacar de su mente el rostro dolido y con preocupación de Elizabeth, al ver al detective se sirve un trago y se sienta en el sofá esperando la información. —¿Qué tienes para mí? —Bueno, señor, no sé si esta noticia le agrade, pero usted tiene un hijo de al menos 5 años.
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