Capítulo 4: La Oscuridad de la Noche

976 Words
El reloj marcaba las horas con lentitud, mientras Elena aguardaba en la cocina la llegada de su esposo. El tintineo de las Ilaves resonó en la cerradura, anunciando la llegada de Andrés, quien irrumpió en la casa con un aire de arrogancia y un olor a alcohol que inundaba el aire. Sus ojos vidriosos y su andar inestable revelaban que había estado bebiendo más de la cuenta. La mirada de Andrés se posó en el pequeño tazón de sopa que Elena había preparado con los escasos ingredientes que tenía a su disposición. Sin una palabra, él se sentó a la mesa y comenzó a devorar la comida con avidez, sin mostrar ni el más mínimo gesto de gratitud. Elena observaba en silencio, sintiendo un nudo en el estómago ante la tensión que llenaba la habitación. Cada bocado que Andrés daba parecía aumentar la ansiedad que la consumía por dentro. Sabía lo que vendría a continuación, y el miedo se apoderaba de ella, paralizándola por completo. Cuando finalmente Andrés terminó su cena, levantó la vista hacia Elena con una mirada vacía y llena de deseo. "Vete a la habitación", murmuró con voz ronca, indicándole con un gesto de la cabeza que lo siguiera. Elena obedeció en silencio, sintiendo el corazón martillar en su pecho mientras cruzaba el umbral de la habitación. Andrés la observaba con una mezcla de lujuria y crueldad, y un escalofrío recorrió la espalda de Elena mientras se desvestía lentamente, temblando de miedo y repulsión. Cada prenda que caía al suelo era un recordatorio doloroso de la indignidad a la que estaba sometida, y mientras se desnudaba, los recuerdos de todas las veces anteriores que había sufrido la violencia de su esposo la inundaban, haciéndola temblar de terror. Una vez desnuda, Elena se acercó a la cama con pasos vacilantes, sintiendo la fría mirada de Andrés quemándola como un fuego abrasador. Se tumbó sobre las sábanas, con el corazón latiendo desbocado en su pecho, mientras recordaba todas las veces que había intentado rebelarse y había pagado un precio demasiado alto por ello. Con el cuerpo aún dolorido por la paliza de la mañana, Elena cerró los ojos con fuerza, tratando de bloquear el horror que estaba por venir. Pero cada gemido de dolor y cada lágrima derramada solo parecían alimentar el deleite retorcido de su esposo, quien se movía sobre ella con una b********d que la dejaba sin aliento. Cuando finalmente Andrés alcanzó su propio clímax, dejó caer su cuerpo sudoroso junto al de Elena, dejándola sola en la oscuridad de la habitación. El dolor ardiente en su cuerpo y el vacío en su corazón se entrelazaban en una danza de desesperación, mientras ella se retorcía en la cama, ahogada por un mar de sufrimiento y angustia. El silencio de la noche envolvía la habitación, interrumpido solo por el suave sollozo de Elena mientras se sumergía en un sueño agitado, acosada por los fantasmas de su pasado y el horror de su presente. Elena se hundió en un sueño profundo, pero en lugar de encontrar descanso, se vio arrastrada a un mundo de pesadillas y fantasías retorcidas. En la oscuridad de su inconsciente, una figura se materializó frente a ella: el demonio Izael, con su mirada penetrante y su sonrisa malévola. "¿Quién eres tú?" preguntó Elena, su voz temblorosa con el miedo que la embargaba. "Soy Izael, un sucubo", respondió el demonio con una voz suave pero llena de promesas tentadoras. "Y he venido para ofrecerte una oportunidad única". Elena frunció el ceño, desconcertada por la presencia del demonio en sus sueños. "¿Una oportunidad? ¿De qué estás hablando?" El demonio se acercó a ella con gracia felina, sus ojos brillando con un brillo maligno. "Te ofrezco un trato", dijo con voz seductora. "A cambio de siete años de tu vida, te daré diez millones de dólares, una casa y una nueva identidad. Podrás alejarte de tu esposo para siempre". Las palabras del demonio hicieron eco en la mente de Elena, sus ojos brillaron con una mezcla de incredulidad y esperanza. "¿Y qué es lo que quieres de mí a cambio?" Izael sonrió, revelando colmillos afilados. "Solo quiero tu servicio por 7 anos", susurró, su voz resonando en los rincones más oscuros de la mente de Elena. Elena vaciló, luchando contra la tentación de la oferta del demonio. "¿¿Cómo puedo estar segura de que esto no es solo un sueño?" preguntó, su voz temblorosa llena de incertidumbre. El demonio se rió, un sonido lleno de malicia. "No lo es", dijo con una sonrisa siniestra. "Pero si aceptas mi trato, te aseguro que el poder y la riqueza serán tuyos. Solo tienes que decir la palabra ¨acepto¨ y todo será tuyo". Elena contempló la oferta del demonio, su mente luchando contra el deseo y el miedo. ¿Debería arriesgarse y aceptar la oferta del demonio, o debería rechazarla y enfrentarse a las consecuencias de quedarse con un esposo abusivo? La elección era suya, pero sabía que cualquier camino que tomara tendría repercusiones. El tiempo parecía detenerse mientras Elena sopesaba sus opciones, pero finalmente, con un suspiro de resignación, tomó una decisión. "Está bien", murmuró pensando que seria mejor pasar 7 años de su vida con un demonio sabiendo que algún día alcanzaría su libertad que con su marido que cualquier día podría no volver a despertal , su voz apenas un susurro en la oscuridad de su mente. "Acepto tu trato, demonio". El demonio sonrió con satisfacción, sus ojos brillando con triunfo. "Entonces será", dijo, antes de desaparecer en un remolino de sombras, dejando a Elena sola con sus pensamientos y sus dudas. Con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, Elena se sumergió de nuevo en un sueño profundo, preguntándose qué depararía el futuro ahora que había aceptado la oferta del demonio.
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