Reece entendía lo que su hijo sentía, pero también era consciente de la importancia que su ex mujer le daba a recibir una buena formación académica. Y no estaba en desacuerdo con ella. Por eso había animado a Kyle a que le diera una oportunidad a la universidad.
-Siempre lo puedes dejar luego- le había dicho Reece-. Apuntarse no es quedar condenado a cadena perpetua.
Al repasar la conversación con Kyle, se preguntó sí Caroline no tenía razón y era verdad que lo había animado a tomar razón esa decisión.
Al parecer, al cabo de dos meses de clases, Kyle había decidido que hacer feliz a su madre no era razón suficiente para terminar siquiera el semestre. Se había dado de baja, se había comprado una moto, aunque seguía sin saber cuál, y decía que quería viajar y conocer el país antes de decidir si retomar los estudios. Caroline había tratado de disuadirlo. Daba la impresión de que no había hecho otra cosa desde el mismo Día de Acción de Gracias, cuando Kyle le había comunicado sus intenciones.Pero este se había mantenido firme en su propósito y se había marchado esa mañana.
-Acabará en un trabajo de mala muerte, aparcando coches en un restaurante o en una fábrica a destajo- dijo ella entre lágrimas-. Eso si no tiene un accidente...
Reece no se imaginaba a Kyle de aparcacoches ni en una fábrica, pero tampoco estaba loco de contento por la iniciativa de su hijo de tomar carretera y manta.
-Kyle es un chico sensato-dijo para convencerse también a sí mismo-.Irá por carreteras buenas, respetará las señales.
-Y por la noche¿qué? Tirado en cualquier parque sin un techo para protegerse...
-¿Kyle?- contestó con incredulidad Reece-. ¿Estamos hablando de la misma persona? ¿Es qué no te acuerdas de la última vez que intenté llevármelo de acampada? Quería que pusiera un colchón en el lago para no tener que dormir sobre el suelo...Confía en mí.Le irá bien.
-Puede- Caroline se sorbió la nariz-. Está gastando el dinero que le dejaste para estudiar.
-Le dejé dinero en una cuenta para que hiciera con él lo que quisiera- corrigió Reece-. Eres tú la que decidió que era para estudiar. Y conviniste conmigo cuando sugerí que se hiciera responsable del dinero al terminar el instituto.
-Eso fue antes de saber que iba a hacer algo tan absurdo.
-¿Quieres decir antes de saber que no iba a hacer lo que tú querías?- replicó Reece. Apuró la taza de café y volvió a llenarla.
-La educación es importante, Reece.¿Qué va a ser de él si no estudia una carrera?-preguntó retóricamente-. todos sus amigos van a la universidad. No veo por qué Kyle tiene que ser diferente.
-En primer lugar, yo nunca he dicho que la educación no sea importante.¿O se te han olvidado los años que me pasé estudiando en el turno de la noche? En segundo lugar, tiene diecinueve años.¿Por qué va a tener que decidir ahora lo que quiere hacer el resto de su vida?
La mitad de los chavales que van a la universidad no tienen ni idea de qué hacen allí. Solo están esperando a hacerse mayores. Quizá él quiere crecer con otra parte-dijo Reece y se adelantó a las objeciones de su ex esposa-. Y, en tercer lugar.¿acaso no ha sido Kyle un chico especial toda la vida? Estamos hablando del mismo chico que quería aprender claqué a los seis años y que le pegó un puñetazo en la nariz al vecino porque lo llamó>.
-Jimmy Karkowski-dijo Caroline-. Era dos años mayor que Kyle- añadió con orgullo.
-Y cuando a los doce años sus amigos estaban con el patinete, Kyle decidió que quería aprender a tirar con arco- continuó Reece-. Por no hablar de cuando se apuntó a esgrima y luego se matriculó en danza porque añadía velocidad y control a sus movimientos... O sea, que el hecho de que todos sus amigos vayan a la universidad no creo que le importe lo más mínimo-concluyó.
-No...siempre ha sido muy independiente y rebelde. en eso ha salido a ti.
-Sí, bueno, que yo sepa no fui yo quien se encadenó a la puerta de una casucha para que el Ayuntamiento no lo demoliera.
-Esa casucha era una de las pocas que quedaban en pie de Wilhelminia Malthewson, que resulta es una de las pocas mujeres arquitectas que han alcanzado algo de reconocimiento-replicó Caroline-. Y la iban a tirar para hacer un bloque de apartamentos cualquiera.
Reece sonrió mientras daba un sorbo de café, apoyando contra la encimera. De pronto recordó a Caroline durante su primer año de matrimonio, ovillada en una esquina del sofá azul y gris, una de sus primeras compras como pareja, moviendo la boca a mil por hora mientras explicaba lo importante que era su última causa y por qué debía él trabajar menos y dedicar más tiempo a ir a una manifestación en defensa de lo que fuese. Reece se había tomado como desafío distraerla de su vena reivindicadora y el cincuenta por ciento de las veces habían acabado en la cama, el único lugar donde eran totalmente compatibles.
-No has oído ni una palabra de lo que acabo de decirte.¿verdad?-preguntó de repente Caroline.
-Claro que sí- mintió él.
-Y supongo que te parece bien que Kyle tire su vida de esta forma -lo acusó ya sin fuerzas.
-¿Pero por qué va a estar tirando su vida? Puede que necesite tomarse unos meses para reflexionar. Quizá se dedique a viajar una temporada y el otoño que viene vuelva a matricularse.
-¿Y si no?
-Es él quien tiene que decidir- sentenció Reece-. Lo educamos para que fuera responsable de sus propias decisiones. Convinimos en que eso era lo que queríamos para él.
-Pero yo no esperaba que fuese a tomar una decisión tan estúpida como esta- protestó. Aunque en ningún momento iba a dar el visto bueno a la iniciativa de Kyle, se la notaba cada vez más resignada.
-Las decisiones estúpidas ayudan a madurar. Kyle es un chico listo. Estará bien-dijo Reece. Aunque, al mismo tiempo, se preguntó a quién podría llamar para que vigilará a Kyle.
-Es muy joven-suspiró Caroline.
-No mucho más que nosotros cuando nos casamos- señaló él.
-Y ya ves el resultado.
-Yo no me arrepiento. Pasamos unos cuantos años buenos y tuvimos a Kyle.
-Sí-dijo, y sobrevino un silencio agradable, la clase de silencio que podían compartir dos personas que habían crecido juntas durante veinte años, se habían casado, habían tenido un hijo y, a pesar de divorciarse, eran capaces de recordar que en una época se habían amado-. Supongo que es muy temprano donde tú estás, ¿no?- cambio de pronto de tema, como si acabara de ocurrírsele tal posibilidad.
Era tan típico de Caroline que Reece estuvo a punto de soltar una risotada. Cuando estaba concentrada en una cosa, daba igual lo que le dijeras, que no se enteraba del resto.
-Depende de lo que entiendas por temprano-respondió él-. Son casi las seis y media. Para algunas personas quizá no sea pronto.
-Aun así, podría haber expresado un par de horas- se disculpó Caroline.
-No importa. Total, justo acababa de levantarme a contestar el teléfono.
Caroline río y le preguntó que tal le iban las cosas por Serenity Falls. Reece empleó varios minutos en contarle sus avances con la casa del abuelo. Aunque no estaba yendo muy rápido, reconoció.Podría haber terminado hacía unas dos semanas si le hubiera puesto más empeño.
-¿Estás pensando en quedarte allí?-preguntó sorprendida. Su ex mujer sabía que la casa de su abuelo era el lugar donde más años había vivido,pero Reece nunca la había considerado su hogar. Solo había regresado de paso, a hacer un alto en el camino antes de decidir qué hacer con el resto de su vida. Porque su idea no era establecerse allí,¿no?
-No...no sé-contestó por fin-. Quizá.
No se había dado cuenta de que estaba barajando esa posibilidad hasta que lo dijo en voz alta.Pero, de pronto, la perspectiva la resulto mucho más atractiva de lo que le había parecido semanas atrás. Lo cierto era que le gustaba Serenity Falls, esa mezcla del chismorreo de las ciudades pequeñas y la indiferencia de California, los árboles, las casas, las hamburgueserías y los restaurantes japoneses.
Y cierta pelirroja de piernas largas y ojos azules también le gustaba, pensó mientras miraba por la ventana hacia la casa de enfrente. Shannon Devereux estaba a la primera en la lista de alicientes de Serenity Falls.
Pero no le apetecía sacar ese tema con su ex mujer. De modo que optó por decirle que la ciudad no era el sitio horrible que recordaba y reconoció que la idea de echar raíces no le desagradaba tanto. Cuando colgaron al cabo de unos minutos, se habían reconciliado tras la discusión inicial sobre el futuro de Kyle. Siempre le había resultado irónico que hubieran aprendido a hablar y escucharse después del divorcio. Eran mejores amigos en esos momentos que de casados.
Se sirvió otra taza de café y se fijó en la casa de Shannon. La luz de la cocina estaba encendida.Podía ver un brillo dorado a través de las cortinas. Estaría preparando café, descongelado un gofre quizá.La idea lo hizo sonreír mientras daba un nuevo sorbo.
Llevaban saliendo dos semanas, aunque sospechaba que Shannon se negaría a describirlo así.pero no se le ocurría cómo podía describir si no a estar viéndose todos los días, quedar para comer o cenar, a veces las dos cosas; ir al cine y pasar casi todo el tiempo libre juntos.No estaba seguro de adónde se encaminaba la relación, aunque sabía dónde quería que terminase. quería que acabase con los dos juntos desnudos, en posición horizontal, sobre una superficie cómoda. Eso para empezar. Porque empezaba a pensar que quería mucho más que sexo de su atractiva vecina.
-No hay nada malo en tener una relación basada en el sexo mientras los dos sepáis a qué estáis jugando- dijo Kelly mientras ordenaba unos libros-. No veo por qué no vas a tener una aventura con Reece.
-¿Quién dice quiera tener una aventura con él?- contestó Shannon, tratando en vano de concentrarse en las facturas que tenía delante.¿Dónde estaban los clientes cuando se los necesitaba?
-¡Por favor, Shannon! ¿A qué mujer con sangre en las venas de entre dieciséis y noventa y seis años no le gustaría tener una aventura con ese hombre? No solo es alto, moreno y guapo, sino que encima es simpático. Y apostaría el suelo de un mes a que encima es simpático. Y apostaría el sueldo de un mes a que se sabe manejar con una mujer entre las manos.
-¿Sabe Frank que piensas este tipo de cosas de otros hombres?-Shannon dejó las facturas a un lado y confió en que sus proveedores hubiesen sido sinceros y precisos esa semana. luego agarró varios rollos de tela y los llevó al fondo de la tienda.
-Tenemos un pacto de no agresión para no hacernos preguntas comprometidas-Kelly agarró el resto de los rollos y siguió a Shannon-. Mira, puedes decirme que me meta en mis asuntos...
-Métete en tus asuntos- atajó Shannon.
-Pero cada vez que estáis juntos saltan chispas de uno a otro-finalizó Kelly-. No me digas que no se te ha pasado por la cabeza la idea de acostarte con él.
-Una cosa es pensarlo y otra hacerlo- Shannon buscó un sitio para el rollo de tela azul. Claro que había pensado al respecto. Pensaba en ello cada vez que la besaba al final de sus...: en realidad no eran citas, aunque a los demás se lo parecieran. En cualquier caso, terminaban con un beso. O tres. Besos lentos, largos, que la dejaban con el corazón acelerado y las rodillas flojas.Luego Reece empujaba la puerta de casa para que entrara y se marchaba a la suya. Y la dejaba de pie, en la entrada, preguntándose qué habría pasado si no se hubiera ido, sí lo hubiese invitado a tomar la última copa. A una noche de sexo sin descanso-. Reece está de paso. No tardará en marcharse -añadió finalmente.
-¿Y bien?- Kelly dejó los rollos que estaba sujetando sobre una mesa, se llevó las manos a las caderas y miró a su amiga con una mezcla de cariño y desesperación-. No estoy hablando de un compromiso para toda la vida. Mejor todavía si sabes desde el principio que se va. Así nadie saldrá herido. No os sentiréis incómodos.
Shannon colocó los últimos tres rollos al azar. Se sentía presionada, no solo por Kelly, sino por sus propios deseos y necesidades.
-¿Se puede saber por qué estás tan empeñada en que meta en la cama con él?-contestó exasperada.
-No lo estoy. En lo que estoy es empeñada es que derribes ese muro que has levantado para protegerte-respondió Kelly, y levantó una mano para atajar la protesta de Shannon-. No me digas que no sabes a qué me refiero.No has vuelto a entregarte a nadie ni a nada, salvo a la tienda y a la organización de las nueva apertura de las venideras inversiones que han generado las ventas de las telas, desde que Johnny murió. Te he presentado a un montón de hombres agradables y ni siquiera te has molestado en averiguar si te gustaban. Y ahora aparece Reece, vivís puerta con puerta y os veis. Es un hombre despampante, agradable, te sientes a gusto con él y se va a marchar, así que no tienes que preocuparte de si surge tal o cual expectativa.¿Quién mejor para tener una aventura?
La campana de la entrada la salvó de tener que responder. Shannon desoyó el suspiro disgustado de su amiga y se dirigió a la puerta para saludar a la viejecita que acababa de entrar. Mientras la ayudaba a escoger una tela para una colcha, comprendió que la teoría de Kelly era muy sensata. Era verdad que había estado protegiéndose para no tener ninguna relación, solo iba a estar unas pocas semanas allí. Tal vez Kelly tuviese razón. Tal vez fuese buena idea tener una aventura en condiciones.