La propietaria era una mujer de mediana edad con una hija adolescente cuyo único propósito en la viada, según su madre, era desquiciar la. En realidad la ayudaba en el negocio y se dedicaba a comprar a los clientes.
Tenía pendientes, aros clavos y piercings por todo el cuerpo, de modo que la luz se reflejaba en ellos con cada movimiento. Aunque apenas se movía más que para indicar con la mano dónde podían encontrarse las películas que los clientes buscaban. Aparte de eso, no realizaba más movimiento que el rítmico subir y bajar de la mandíbula mientras mascaba chicle.
Cuando Shannon colocó las cintas sobre el mostrador. Stitch comentó que eran tres bodrios, basura de un director sobrevalorado que estaba acabado desde hacía años. Una persona más susceptible podría haberse ofendido, pero Shannon tu que moderse el labio inferior paro echarse a reír, al tiempo que pensaba lo que se iba a divertir cuando le contara a Reece aquel encuentro.
En algún rincón recóndoto de su cabeza, surgió de la duda de si debía preocuparse por pensar en él tanto o por el hecho en sí de alquilar las películas tratando de complacerlo, tratando de adivinar se preferiría los dramas a las comedia o quizá los clásicos en blanco y n***o. En cualquier caso, ¿qué había de malo en ver una película de vídeo juntos? El hecho de pasar un rato agradable en compañía no significaba que tuviera una relación. Al menos no una relación íntima, con ataduras y complicaciones. Reece era su vecino, por un tiempo nada más, y se sentían a gusto el uno con el otro. No había nada de que preocuparse con el otro.
Reece no le dio un beso de buenas noches, ni siquiera parecía que estuviera pensando en besarla, lo cual era estupendo, pues ella era la primera que no quería tener una aventura.
¿No?
El sábado, Frank y Kelly los invitaron a una barbacoa en casa. A Shannon la inquietó que los Mckinnon pudieran verlos como una pareja, pues no lo eran en absoluto. Solo eran amigos. De lo contrario, Reece habría querido besarla,¿no?
A última hora,debido a una tormenta repentina al atardecer, tuvieron que cancelar la barbacoa. Se trasladaron al interior de la casa, Frank, Kelly, Reece, Shannon, tres gatos y un perro no demasiado listo llamado Mortimer.
Comieron pollo frito y echaron una partida al Trivial Pursuit que terminó con graves acusaciones contra Frank por hacer trampa con las tarjetas y con las acusaciones de este hacia su esposa, alegando que los conocimientos de Kelly en la categoría de Geografía se debía a la implantación de un cerebro alienígena o a una extraña ciencia infusa.
Declararon que la partida terminó en tablas cuando Mortimer se acercó a ver la razón de tanto alboroto y movió el rabo por todo el tablero, desperdigando así los quesitos de todos los participantes. Kelly aseguró que Frank le había hecho una señal al perro para que estropeara la partida en un intento lamentable de evitar una derrota humillante. Dada la notable falta de inteligencia de Mortimer, nadie dio crédito a tal teoría y la tarde acabó con los cuatro tomando helado y discutiendo sobre la calidad de las películas de los Hermanos Marx.
Kelly al retirarse Shannon y Reece,- le dijo a Frank-, el por qué su aptitud de comportarse de esa manera que no entendía, era momento que se recordaba de Brandon Duke-¿Cómo eran tan distintos Frank y Brandon?. Kelly se inspiraba, qué sus pensamientos lo disfrutaba imaginándose en su trabajo y la apertura de las nuevas aperturas de inversiones generadas por la tienda de Colchones Celestiales.
Reece llevó a Shannon en su coche de vuelta a casa. No había parado de llover en toda la noche, las calles estaban casi vacías y apenas se oía otro ruido que el de los limpiaparabrisas acompañando su conversación. Era como si fueran las únicas dos personas del mundo y el resto hubiese desaparecido.
De pronto, en medio del trayecto, Shannon se dio cuenta de que estaba hablando de su matrimonio, de Johnny, de su trabajo como camarera y del día en que lo había conocido cuando este había entrado al restaurante a desayunar antes de visitar a una tía anciana.Luego había vuelto a la hora de la comida y la había convencido para que cenase con él.
-Tenía una sonrisa increíble -dijo con la vista perdida en la oscuridad. De repente, por primera vez en muchos años, pudo ver esa sonrisa, ver el rostro de Johnny con nitidez, ver la sonrisa que siempre había iluminado sus ojos.
Reece no decía nada.No hacía falta. Bastaba con estar ahí,tan alto,tan cercano, tan cálido y protector.Quizá fuera la noche y la lluvia más las risas que habían compartido antes, pero Shannon descubrió que podía hablar de su ex marido.Nunca lo había olvidado.Pero no se había permitido recordarlo hasta entonces.
No,no se había permitido recordar cómo la había cortejado, las dos semanas de cenas y cines y risas y más risas, la locura de marcharse en coche a Las Vegas para casarse con un hombre al que apenas conocía, el placer de asimilar que se había casado de verdad, que eres el centro de la vida de alguien, tal como él era el centro de la vida de ella.
Y todavía continuó hablando varios minutos cuando llegaron a casa y Reece apagó el motor del coche. Allí sentada, bajo el ruido de las gotas sobre el techo, Shannon descubrió que no le costaba nada hablar de Johnny. Se sentía a gusto hablando con Reece. Luego pensó que quizá debería preocuparse por ello, pero en esos momentos decidió seguir ahondando en todos aquellos recuerdos que Reece le estaba permitiendo recuperar sin saber siquiera el regalo que le estaba haciendo.
El domingo por la mañana Reece llamó a la puerta de Shannon con una taza de café vacía en la mano y una mirada suplicante en la cara. Shannon río, lo invitó a pasar y le llenó la taza. Tomaron el café en la cocina mientras la lluvia rebotaba contra los cristales. Cuando Shannon mencionó la palabra >. Reece puso cara de susto y sugirió al instante acercarse a una cafetería cercana, famosa por sus huevos beicon.
De alguna manera, el desayuno dio paso a una película en la sesión de las cuatro y a una cena temprana en un restaurante con una asado tan tierno que se deshacía en la boca. Y esa vez, cuando Reece la acompañó a casa, se quedaron callados en el porche. Una lluvia ligera sonaba de fondo cuando la estrechó entre los brazos y le derritió los huesos con un beso.La apretó contra la puerta, cerrada, y Shannon imaginó que Reece abría, la conducía a oscuras por la casa y la posaba sobre la cama. El corazón se le disparó con una mezcla de miedo y expectación. Pero Reece ya estaba retirándose, apartando los labios para poner fin al beso.
Sujetó su cara entre las manos y la miró durante un largo segundo al tiempo que le acariciaba las mejillas con los pulgares. Shannon esperó, le costaba respirar. Quería...No estaba segura de lo que quería. Qué volviera a besarla, que se marchase.Quería volver a la burbuja en la que se había refugiado durante los últimos tres años; quería reventar la burbuja y volver a sentirse viva. Estaba mareada de dar vueltas a todas las posibilidades, asustada y emocionada, aterrada y ansiosa.
Tal vez Reece leyó parte de esa confusión en sus ojos. A pesar de la tenue luz del porche, Shannon notó que su expresión cambió, se suavizó.Luego él bajo la cabeza hacia sus labios y le dio un beso suave como el roce de una mariposa, dulce como la sonrisa de un bebé. Después se apartó, empujó la puerta y empujó a Shannon con delicadeza para que entrara.Le susurró las buenas noches y cerró.
Shannon permaneció de pie, a oscuras en la entrada, oyendo sus pisadas hasta que estas se perdieron bajo el sonido de la lluvia. Quizá, solo quizá, estaba metiéndose en un buen lío.
El timbre estridente del teléfono arrancó a Reece de un sueño profundo. Con el corazón desbocado por el susto, se giró sobre la cama y, en un gesto automático, hizo ademán de agarrar la pistola que ya no guardaba en la mesilla de noche.Al cabo de unos segundos comprendió que no necesitaba el arma, a no ser para matar a quienquiera que estuviese llamándolo...a las seis de la mañana, pensó tras consultar el reloj.
Se sentó en un lado de la cama y sintió un ligero mareo al incorporarse, agarró el auricular y respondió.Esperaba que no fuese una encuesta telefónica, porque no podía responder de sus palabras
-Morgan-gruñó.
-Reece, soy Caroline.
La voz de su ex-mujer hizo que el corazón le diera un nuevo vuelco a su vida.
-¿Kyle?
-Esta bien-lo tranquilizó de inmediato-. Siempre y cuando no consideres un problema que no tiene dos dedos de frente ni consideración por nadie-añadió con acritud.
Reece se pasó una mano por la cara e intentó despertarse del todo.
-¿Qué ha hecho?-preguntó. Dado que ya no podría volver a dormirse, se levantó y alcanzó los vaqueros del día anterior, sujetando el auricular contra el hombro mientras se los ponía. Dio las gracias al inventor de los teléfonos inalámbricos y se dirigió a la cocina para prepararse un café.
-¿Qué va a haber hecho?- contestó Caroline como si Reece tuviera que saber la respuesta-.¿Tú qué crees?
-¿Se ha rapado el cerro?,¿se ha puesto un piercing en la nariz?,¿ha formado una banda de rock?-respondió el mientras se manejaba en la cocina sin encender la luz.Podría haberla dado, pero eso habría sido reconocer que estaba despierto a esa hora inhumana, oyendo la voz de su ex esposa, cada vez más estridente.
-Claro,ríete.Sí ya sé que eres tú el que lo ha animado a hacerlo.
-¿A hacer qué?-Reece puso el café en el filtro.
-No te hagas el tonto conmigo- replicó Caroline-. Está en juego el futuro de nuestro hijo.Puede que a ti no te importe lo que sea de él, pero yo no pienso quedarme de brazos cruzados mientras tira su vida por la ventana. Debería haber supuesto que no me...
Reece se retiró el auricular de la oreja y se apoyó contra la encimera mientras llenaba el recipiente de agua de la cafetera. Volvió a llevárselo a la oreja y oyó de pasada la lista de defectos que Caroline le atribuía, la mayoría de los cuales se debía a su absoluta falta de sensibilidad. Era la historia de siempre, se la había oído contar miles de veces cuando estaban casados.
-...que mis sentimientos te importan un comino, pero creía que sí te interesaba conseguir lo mejor para tu hijo. Está...-continuó ella. Reece cerró los ojos, se obligó a no perder la paciencia y se recordó que el propósito de Caroline no era volverlo loco. Al menos, deliberadamente-. Solo tiene diecinueve años y está arruinándose la vida. Arrui..
-Caroline, en esa parte del país son las seis de la mañana- la interrumpió Reece-. Me parece demasiado temprano para repasar mis defectos y jugar a adivinar lo que Kyle ha hecho o ha dejado de hacer.¿Te importa decírmelo y dejarte de rodeos.
Sobrevino una pausa durante la que Caroline dudó si colgar. Reece no necesitaba verla para saber que estaba deseando hacerlo.Pero, sabedora de que probablemente él no le devolvería la llamada y acabaría por llamarlo de nuevo si quería seguir incordiándolo, no lo hizo.
-La facultad. Ha dejado la Universidad. Vino a casa para el Día de Acción de Gracias y me dijo que no iba a volver.
Reece miró la cafetera y le metió prisa con la mirada. Esa conversación sería mucho más llevadera con algo de cafeína en el cuerpo.
-¿Te ha dicho por qué?
-Dice que no es lo que quiere hacer en estos momentos. Al parecer quiere convertirse en uno de esos Ángeles del infierno-dijo con tono despectivo.
Reece se figuró a su hijo con ropa de cuero, cadenas y tatuajes. Sacó la jarra de la cafetera.
-¿A qué te refieres?-preguntó al tiempo que se servía una taza.
-Pues eso: que ha dejado la universidad para convertirse en un motero de esos.
-¿Se ha comprado una moto?-Reece dio un sorbo al café.
-Sí, y no me digas que no ha sido idea tuya, porque fuiste tú el que le hablaste de la moto que tenías.
-Ya, pero le dije que quisiera mi ejemplo.¿Cuál se ha comprado?
-¿Que cuál se ha...?- repitió Caroline exasperada-. Te digo que se va a matar en una de esas...una cosa de esas,¿y a ti solo se te ocurre preguntar el modelo?
Reece apoyó una cadera sobre la encimera y se pellizcó el puente de la nariz. Era en momento aquel en los que se felicitaba por haberse divorciado.
-Perdona-murmuró él.
-Mucho perdona, mucho perdona, pero la culpa es tuya, por haberle metido la idea en la cabeza.
-Caroline,¿te importaría saltarte la parte de quién tiene la culpa? Sea como sea, ya sé que es mía.Lo acepto. Pero ahora, si no es mucho pedir, ¿te importa si nos centramos en Kyle?¿Por qué ha dejado la universidad?, ¿qué te ha dicho?¿Por qué se ha comprado la moto y dónde narices está ahora, por cierto?-replicó él. Caroline guardó silencio. El tiempo justo para que Reece respiraba profundo y recordara que su ex esposa solo se ponía así de inaguantable cuando estaba realmente preocupada. Era evidente que estaba realmente preocupada. Era evidente que estaba preocupada por Kyle-. Venga, Caroline, dime qué pasa-añadió en tono conciliador.
En realidad no había tanto misterio.Él ya sabía que Kyle había accedido a empezar una carrera porque era lo que su madre quería.Así se lo había insinuado durante una cena pocos días después de que terminara el instituto. Reece se vio reflejado en su hijo a esa misma edad. Comprendía la necesidad de explorar el mundo, de hacer otras cosas.
-Llevo estudiando desde que tenía seis años- le había dicho Kyle-. Eso representa dos tercios de la edad que tengo. Y ahora se supone que tengo que meterme en otro ciclo de otros cuatro o cinco años de clases y exámenes,¿Cuándo voy a vivir una vida de verdad?