Capítulo 7

2643 Words
     Nada como una ciudad pequeña para aprender a valorar las ventajas de una grande, pensó Reece mientras colocaba el carrito de la compra detrás de una mujer de mediana edad, ataviada con un vestido rosa y zapatillas moradas. En los quince años que había estado fuera, nadie lo había espiado por encima de un racimo de plátanos ni le había dado el pésame para preguntarle, acto seguido, que pensaba hacer para arreglar el estado del césped. Una mujer joven, con pañales y comida para bebés, lo había mirado con dirección; un anciano lo había seguido con descaro con un paquete de cervezas a cuestas, y un chiquillo se había escondido detrás de él para escapar de la vigilancia de sus padres.     Era evidente que no había sido u acierto hacer la compra en el supermercado de Jim y Earl. Estaba a escasas manzanas de la casa de su abuelo, de modo que resultaba muy cómodo tanto para él como para sus vecinos, al parecer fascinados con su presencia. No necesitó girar la cabeza para saber que la rubia delgada de la cola de al lado estaba examinando el contenido de su carrito, como sí intentase memorizar cada artículo. De habérsele ocurrido antes, habría metido una docena de paquetes de preservativos. Con sabor de frutas y unos cuántos litros de tequila, para que los chismosos tuviera realmente interesante de que hablar. Porqué no creía que la pechuga de pollo deshuesada y las bolsas de la frutería fuera darles muchos juego.     Escuchó con paciencia contenida el interrogatorio de la cajera a la mujer del vestido rosa,la cual parecía inclinada al referirle el estado de salud de cada uno de los miembros de su familia. La cajera mientras tanto, exclamaba la admiración y el entusiasmo incomparables. Si hubiera sido tan rápida con las mano, como con la lengua habría ganado las olimpiadas de cajera, pensó Reece .     De pronto la boca se le abrió, formando una O enorme, cuando la clienta la informó del resultado de la operación de la reducción de pechos de su sobrina. Reece gruñó. A este ritmo, corría el riesgo de envejecer y morir antes de que le cobraran. Giró la cabeza para ver si había alguna cola más corta o más larga, pero con una cajera sorda y muda,y se olvidó de sus prisas.     La vecina de los Corn Flakes con Pepsi iba hacía a él. Reece pensó que, de no ser por el brillo confundible de su cabello pelirrojo que llegaba recogido detrás de la cabeza, quizás no la habría reconocido. Había cambiado los pantaloncitos y la camiseta por una blusa amarilla y una falda corta hasta las pantorrillas. No pudó evitar lamentar que aquellas formidables piernas estuvieran tapadas, aunque tenía su encanto saber lo que se ocultaba debajo de las faldas. Parecía un poco mayor, más refinada e igual de deliciosa, se dijo-mientras deslizaba la vista por su suave curvas.     No había vuelto a verla desde el desayuno frustrado de hacía poco más de una semana pero había pensado en ella más de lo que le gustaba reconocer. Más de lo que debía un hombre inteligente que no quería ningún tipo de compromiso. Y menos cuando estaba seguro de que Shannon Devereux no era la clase de mujer que se embarcará a una simple aventura con un ex agente del gobierno recién mudado a la casa de al lado.     Shannon lo vio. Sus ojos se agrandaron de sorpresa y cuando le sonrió. Reece pensó que Serenity Falls quizá no era una ciudad tan horrible. Shannon se acercó a él con una cesta colgando de un brazo.     -¿Sabes? De acuerdo con los últimos estudios, la gente que come demasiada verdura tienen el doble de probabilidades de acabar con las orejas hinchadas.     -Ah, no estaba al corriente-respondió Reece a su atípico saludo sin perder comba.     -Pues está demostrado: cuanto más tiempo pasas comprando en la verdulería, más se te calientan las orejas de oír chismes.     Reece esbozó una sonrisa que le cortó la respiración. Durante la semana anterior, había estado convenciéndose de que su nuevo vecino no podía ser tan atractivo como le había parecido. Su imaginación, avivada por meses de rumores, tenía que estar exagerando el recuerdo de Reece Morgan.     Pero el ritmo al que empezó latirle el corazón en ese instante la obligó a admitir que no se trataba de ninguna exageración. No hacía falta exagerar cuando se estaba frente a un hombre moreno, de ojos negros, de más de un metro noventa. Ni la mejor de sus fantasías habría mejorado esa realidad. Shannon se obligó a dejar de mirarlo a la cara y desvió la vista hacia el contenido del carrito. Chasqueó la lengua en señal de desaprobación.     -No pensarás comprar eso,¿no?     -No me digas que han descubierto que la verdura produce cáncer-contestó entretenido Reece.     -Todavía no. Pero estoy segura de que una investigación rigurosa acabará demostrando que las coles de Bruselas no son compatibles con los labios humanos- aseguró Shannon en tono amenazante-. Pero esa no es la cuestión:¡has comprado jengibre!     -Y eso es malo?-Reece se preguntó sino sería preocuparme que aquellas conversaciones tan absurdas empezaran a parecerle normales. La rubia de la cola de al lado se estaba dejando el cuello de tanto girarlo en lo que probablemente ella interpretaría como un intento de escucharlos con disimulo. Prefirió no prestarle atención.     -No te pega- contestó Shannon-.Piénsalo.>.¿Qué clase de mensaje mandas?     -¿Chico malos?-repitió Reece, no del todo complacido.¿Eso es lo que dicen?     -Pues claro-Shannon pareció sorprendida por la obviedad de la pregunta-. Según la mitología local, tú eras el azote de Serenity Falls.     -Así que el azote...-Reece no sabía si enfadarse o echarse a reír-. Creo que es un poco excesivo. Puede que armara algo de jaleo, pero no me dediqué a saquear ni incendiar la ciudad.     -Olvidas las petunias- le recordó ella.     -¿Un banco de flores y ya soy el azote de Serenity Falls?     -En una ciudad tan pequeña, no hace falta esforzarse mucho-Shannon se pasó la cesta de la compra de la mano derecha a la izquierda.Luego imprimió a su voz un tono pedante que, por alguna extraña razón, hizo que Reece se preguntara si sus labios serían tan suaves como parecían. eso sí que daría vida a los chismosos: Reece Morgan había besado a su atractiva vecina en medio del supermercado, delante de todo el mundo. Pero se obligó a atender lo que Shannon le decía-. En realidad, la figura del chico malo pertenece a la mitología de las películas de vaqueros. Se trata de un personaje fundamental tanto en literatura como en el cine. Mira James Dean.     -¿James Dean?¿Qué pasa con ese flacucho?     -¿Estamos hablando del mismo James Dean?- preguntó asombrada Shannon-.¿Y todo lo que se te ocurre decir es que era flacucho?     -Es que no debía de pesar más de setenta kilos, y eso con la ropa mojada y los zapatos puestos. quizá si hubiese comido más verdura, habría crecido un poco.     -¿No crees que eso habría arruinado su mirada melancólica?-contestó Shannon-.     Por cierto,¿qué haces el jueves?-cambió de tema de repente.     -¿El jueves?-repitió desconcertado.     -¿Acción de Gracias?,¿te suena de algo?-preguntó Shannon-. Ya sabes: el cuarto jueves de noviembre, cuando comemos pavo y nos ponemos hasta arriba.¿Tienes planes?     -No que yo sepa-contestó con cautela.     -Pues si quieres, estás invitado a mi casa -le ofreció ella-.No será nada formal.La gente se pasará y...     -¿Cocinarás tú?-preguntó Reece sin querer, al tiempo que se imaginaba un pavo recién salido del congelador.     Shannon soltó una risotada que hizo que la rubia de al lado pegara todavía más la oreja.     -No te preocupes: ya digo que será algo informal. Cada uno traerá lo que se le ocurra.     Y me han prohibido poner un pie en la cocina.     -¿Nada de Corn Flakes?     -Solo en el relleno-prometió con tono solemne. Shannon miró a la cajera-. Parece que yate toca.     Reece se giró y vio que la mujer de rosa estaba pagando.La cajera miró con una expresión ominosa de interés.     -Cuidado con Agatha- le advirtió Shannon, confirmando sus sospechas-. Es capaz de hacer hablar a una piedra.     -Genial- murmuró él después de empujar el carrito-.Servicio completo:te meten la compra en la bolsa mientras te sacan información.     -En fin,mucha suerte-le deseó Shannon antes de girarse-. Te veré el jueves si te animas. >, pensó Reece mientras empezaba a poner la compra sobre la cinta para pagar.No quería compromisos y, aunque asistir a una cena informal el Día de Acción de Gracias no era exactamente el preludio de una noche de pasión, resultaba demasiado amistoso. Sugería que había un lugar para él en aquella ciudad, cuando nunca lo había habido, ni lo habría . Giró el cuello a tiempo de ver a Shannon desaparecer por el pasillo de los congelados. Era un detalle de su parte haberlo invitado, pero prefería seguir solo, ya fuera Acción de Gracias o cualquier otro día. Con todo, tenía que reconocer que sentía cierta curiosidad por comprobar si Shannon sería capaz de meter los Corn Flakes en el relleno.      Durante los últimos años, el cuarto jueves de noviembre había sido una fecha como cualquier otra del calendario. Lo cual le parecía perfecto. Entonces ¿qué hacía delante de la puerta de Shannon con una ensalada de espinacas?     La puerta se abrió, lo que le ahorró la necesidad de obtener una respuesta satisfactoria a su propia pregunta. Había supuesto que se encontraría a Shannon y tuvo que bajar la inclinación de la mirada cinco centímetros para ver a una mujer de unos cincuenta años más. Un pelo sospechosamente n***o remataba una cara escuálida y arrugada. Reece había oído que resistían técnicas para maquillarse con una llana de albañilería, pero nunca había conocido a nadie que las aplicara. Crema de base y colorete cubrían cada centímetro de piel de la frente a la barbilla. Y unas pestañas postizas, marcador de ojos n***o y sombra de ojos morada combinaban incomparablemente con un pintalabios rojo semáforo.     La vestimenta no era menos colorida. Llevaba una camiseta morada con dibujitos de osos de peluches y lucía unas pantorrillas con franjas naranjas en brillante armonía con las zapatillas moradas de cordones rosas que calzaba.     -¿Qué es eso?-preguntó con un tono de voz insulsamente grave para una mujer, mirando con suspicacia la fuente que Reece llevaba en las manos.     -Ensalada de espinacas.     ¿Con carne?     -No.     La mujer lo examinó de arriba abajo. Aunque Reece pensó que seguiría interrogándolo, debió de decidir que no parecía un tipo peligroso, si es que no le dio por pensar que resultaba improbable dedicarse a hacer contrabando de carne en fuentes con ensalada de espinacas. Fuera por lo que fuera, dio un paso atrás y le permitió entrar a un recibidor al que llegaba un murmullo de risas y conversaciones mezcladas. Al principio tuvo la sensación de que la casa estaba abarrotada. Sensación que coincidía con la realidad, por otra parte. Había gente de pie, apoyada contra las paredes, sujetando vasos de plástico con líquidos de diversos colores. En el salón había más personas todavía, sentadas en el sofá, en las sillas, alrededor de la chimenea, junto a las ventanas...Y también estaba lleno el pasillo, que supuso conduciría a los dormitorios. Allá donde mirar, había alguien de pie o sentado. Gordos, delgados, viejos, jóvenes, hombres, mujeres..., y no se atrevía a firmar el género de la persona con malalas de cuero y pelo rosa.     -Puedes dejarla en el jardín.     Reece pestañeó y dirigió la atención a la mujer que le había abierto. Comparada con la de las mallas de cuero, parecía hasta convencional.     -En el jardín-repitió él.     -Pasando por la cocina- le indicó la mujer al advertir la pregunta en la mirada de Reece.     Le dio las gracias y se abrió paso hasta llegar a la cocina, donde intercambio saludos con tres personas a las que no conocía de nada y una mujer de aspecto vagamente familiar. Olía a comida. En un corrillo discutían sobre la forma correcta de cocinar el pavo. Hasta que, por fin, salió al jardín, repleto asimismo a pesar de su amplitud. El césped seguía marrón por la falta de lluvia durante el verano. Era una tarde típica de otoño en el Sur de california: cielos azules despejados y calor intenso. De pronto lo invadió la nostalgia. No tanto por los años compartidos con su abuelo, tan faltos de cariño por más que respetara la celebración de Acción de Gracias, por su infancia junto a sus padres. Estos nunca habían seguido aquella clase de tradiciones; la cena podía consistir en unas hamburguesas de un McDonald, pero siempre lo habían colmado de amor y alegría.     -¡Has venido!     Reece se giró a saludar a la anfitriona y sintió un cosquilleo que empezaba a ser habitual. Llevaba una falda larga azul verdosa y un top sencillo, amarillo claro, que realzaba su cabello pelirrojo, retirado de la cara con un par de horquillas y que le caía sobre los hombros.     Los ojos le brillaban, más azules que el cielo. Y sus labios parecían un bocado irresistible. Tanto que Reece se preguntó cómo reaccionaría si la besara delante de todos los invitados.     -¿Cómo iba a perderme la ocasión de probar pavo con relleno de Corn Flakes?-contestó sin dejarse llevar por aquel arrebato libidinoso.     -Me temo que no me han dejado cocinar.Lo siento muchísimo-dijo Shannon con una sonrisa en la mirada- .Sally sacó una cruz y una risita de ojos cuando intenté acercarme al horno.     -¿Entonces no hay peligro de envenenamiento?     -Cobarde. Con los sanos que son los Corn Flakes- dijo justo antes de echar a andar hacia una mesa grande que habían dispuesto en el jardín, con todo tipo de platos y cuencos.     Cuando Reece le entregó la ensalada de espinacas,Shannon hizo u hueco entre una fuente con ensalada de zanahorias y un pudding de  caramelo-. Han sacado el pavo hace unos minutos. Sally dice que tiene que reposar media hora, lo que me parece ridículo:¿ para qué necesita descansar un pavo muerto?     -Es para que la salsa se impregne bien en la carne-contestó Reece distraído. No cabía duda de que Shannon tenía una boca adorable.     -No soy un chef, pero hace tiempo que vivo solo- Reece se encogió de hombros-.Llegó un momento en que me cansé de comer fuera.     -Pero siempre puedes pedir que te traigan comida a casa por teléfono, como cualquier ser humano civilizado.     -Depende de lo que entiendas por comida -contestó él. Shannon negó con la cabeza.     -No dejes de servirte un trozo de pudding - le dijo entonces.     -Está rico?- preguntó Reece, mirándolo con interés.     -No creo. El año pasado, Vangie trajo un pastel de café que estaba tan duro que le sugirieron que lo mandase a la NASA por si necesitaban reforzar las paredes de alguno de sus cohetes.     -Y por eso me animas a que pruebe el pudding,¿no?     -Yo no he dicho nada de que lo pruebes. Solo he dicho que te sirvas - contestó Shannon-. Es que Vangie es muy sensible- explicó al ver que la cara de incomprensión de Reece.     -Pues...el caso es que soy alérgico al pudding.     -¿Al pudding y a la gelatina de uvas?- preguntó sorprendida Shannon.     -¿Cómo que a la ...?-Reece paró a tiempo al recordar la mañana en la que tenía alergia-. Es que...tú porque no cocinas, pero el pudding y la gelatina de uvas vienen a ser casi lo mismo.     -¿No me digas?- contestó asombrada Shannon-.¿Y siempre has sido tan buen mentiroso?     -Toda la vida.Es un don que tengo- respondió Reece con tal orgullo que arrancó una carcajada de Shannon.
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