Mariana salió del ascensor, ajustando nerviosamente el bolso sobre su hombro. Su corazón latía con fuerza mientras caminaba por los pasillos del lujoso hotel, un escenario tan familiar y aún tan distante de su vida.
Cinco años habían pasado desde la última vez que vio a Alessandro. Aquellos recuerdos parecían ahora difuminados, como si pertenecieran a otra vida. Inevitablemente, las imágenes de su último encuentro en la mansión italiana volvieron a su mente: la confrontación, la despedida y el desgarrador sufrimiento que siguió.
Pero hoy era diferente. Hoy, Mariana era una mujer diferente, curtida por los desafíos y forjada en la determinación de cumplir sus sueños. Había trabajado incansablemente para construir una carrera en el competitivo mundo de la moda, y finalmente se encontraba a las puertas de su primer gran desfile independiente.
Al doblar una esquina, sus ojos se encontraron con una figura familiar que le quitó el aliento. Alessandro, tan apuesto y elegante como lo recordaba, estaba de pie hablando animadamente con un grupo de personas. Mariana se detuvo en seco, luchando por mantener la compostura mientras lo observaba desde la distancia.
Después de unos momentos, Alessandro pareció sentir una mirada sobre él y giró la cabeza. Sus ojos se encontraron, y por un instante, el mundo a su alrededor se detuvo. Mariana vio cómo el rostro de Alessandro se iluminaba con una mezcla de sorpresa y emoción contenida. Lentamente, se disculpó con sus acompañantes y se acercó a ella, con una expresión indescifrable.
—Mariana —dijo, su voz suave y cautelosa, como si temiera que ella fuera una visión—. No puedo creer que seas tú.
Mariana tragó saliva, sintiendo que las palmas de las manos le sudaban. —Hola, Alessandro —saludó con un hilo de voz, preguntándose cómo reaccionaría él después de tanto tiempo.
—Es... es increíble verte —continuó Alessandro, dando un paso vacilante hacia ella—. Nunca pensé que volvería a tener esta oportunidad.
Mariana asintió en silencio, consciente de la tensión que crecía entre ellos. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, Alessandro extendió la mano con una tímida sonrisa.
—¿Podríamos... hablar?
Mariana dudó por un momento, pero luego, sin saber muy bien por qué, aceptó la invitación. Siguió a Alessandro hasta una pequeña sala de descanso, donde se instalaron en unos cómodos sillones. Un silencio incómodo se apoderó del ambiente mientras ambos buscaban las palabras adecuadas.
—Yo... no sé por dónde empezar —admitió Alessandro, rascándose la nuca con nerviosismo—. Ha pasado tanto tiempo, y tantas cosas han cambiado.
Mariana asintió, observando cómo Alessandro parecía luchar por encontrar el rumbo. Era evidente que él también se sentía abrumado por el reencuentro.
—Lo sé —dijo ella, finalmente rompiendo el silencio—. Supongo que ambos hemos recorrido caminos muy diferentes desde entonces.
Alessandro la miró con atención, como si intentara descifrar cada una de sus expresiones.
—¿Cómo has estado, Mariana? —preguntó, con genuina preocupación en su voz—. Sé que lo que pasó fue... devastador. Yo traté de encontrarte, de hablar contigo, pero tú...
Mariana levantó una mano, interrumpiéndolo con suavidad.
—Alessandro, no tienes que disculparte —dijo, su tono más cálido de lo que había previsto—. Entiendo por qué tomé la decisión que tomé en ese momento. Fue... necesario.
Él asintió lentamente, sus ojos reflejando una mezcla de culpa y comprensión.
—Aun así, me alegro de que hayas logrado tus sueños —continuó Mariana, esbozando una leve sonrisa—. Veo que has tenido mucho éxito en los últimos años.
Alessandro le devolvió la sonrisa, pero esta parecía estar cargada de nostalgia.
—Sí, supongo que en cierto modo lo he logrado —admitió—. Pero nunca sentí que fuera verdaderamente mío. Algo siempre faltaba.
Mariana lo observó con atención, percibiendo la sinceridad en sus palabras. Tal vez ambos habían cambiado, pero la conexión que una vez compartieron aún parecía estar latente.
—¿Y tú, Mariana? —preguntó Alessandro, con genuino interés—. ¿Cómo te ha ido en todo este tiempo?
Mariana se tomó unos segundos para responder, consciente de que esta era la oportunidad de compartir su propia historia.
—Ha sido un camino difícil, lo admito —comenzó, con una mirada reflexiva—. Después de... todo lo que pasó, me esforcé por enterrar el pasado y enfocarme en mi carrera. Fue una época de mucha lucha y sacrificio, pero poco a poco fui abriéndome camino en la industria de la moda.
Alessandro la escuchaba con atención, sus ojos llenos de admiración y orgullo.
—Me alegro mucho de escuchar eso —dijo, con una sonrisa sincera—. Siempre supe que tu talento y determinación te llevarían lejos.
Mariana se sonrojó ligeramente ante el halago, sintiéndose cómoda al compartir su historia con Alessandro.
—Y ahora, aquí estoy —continuó, con un brillo de emoción en la mirada—. Mañana es mi primer gran desfile independiente. Estoy... un poco nerviosa, pero también emocionada.
—¡Eso es maravilloso, Mariana! —exclamó Alessandro, su entusiasmo evidente—. Me alegro tanto de que hayas llegado a este momento. Debes estar muy orgullosa de ti misma.
Mariana asintió, sintiéndose más relajada con cada palabra que compartían. Tal vez, después de todo, no era tan difícil hablar con Alessandro.
—¿Sabes? —dijo él, con una expresión pensativa—. Me gustaría poder ayudarte con tu desfile de mañana. Tengo algunos contactos en la industria que podrían ser muy útiles.
Mariana lo miró con sorpresa, sin saber muy bien cómo reaccionar ante la oferta.
—Alessandro, no tienes que hacer eso —respondió, con una mezcla de gratitud y cautela—. Sé que nuestro pasado fue... complicado. No quiero que te sientas obligado a nada.
Alessandro extendió la mano y le tomó suavemente la mano, mirándola con una intensidad que hizo que el corazón de Mariana se acelerara.
—Mariana, por favor déjame ayudarte —dijo, con sinceridad—. Quiero ser parte de tu éxito. Quiero... redimir lo que no pude hacer en el pasado.
Mariana se quedó sin aliento ante la cercanía de Alessandro y la vulnerabilidad que mostraba. Después de tantos años, parecía que él aún guardaba un lugar especial para ella en su corazón.
Tras unos segundos de reflexión, Mariana asintió lentamente.
—De acuerdo, Alessandro —aceptó, con una sonrisa que iluminaba su rostro—. Te dejaré ayudarme con el desfile.
Una expresión de alivio y gratitud se dibujó en el rostro de Alessandro, y Mariana supo en ese momento que, tal vez, este reencuentro podría ser el inicio de una nueva etapa.
Ambos se levantaron y se dirigieron a la puerta, listos para enfrentar juntos los emocionantes desafíos que les esperaban. En el fondo, Mariana no podía evitar preguntarse qué les deparaba el futuro.