11

1621 Words
Me encuentro sentada en el sofá de terciopelo azul marino del elegante penthouse de Alek , frente a Indira, mientras ella lee detenidamente los papeles del divorcio. Su abogado está al teléfono por cámara, repasando los detalles junto a ellos. El ambiente es tenso, y puedo sentir la incomodidad en el aire. Es inevitable no sentirme una intrusa en ese momento tan delicado para ambos. Mis manos están ligeramente sudorosas por los nervios, pero me esfuerzo por mantener una expresión serena y profesional. Indira es una mujer hermosa y elegante, y no es de sorprenderse. Tiene una figura esbelta y alta, con bustos muy grandes y una presencia que irradia confianza y sofisticación. Su cabello marrón oscuro hasta los hombros enmarca un rostro angelical con unos labios pronunciados y unos penetrantes ojos verdes. Su vestido rojo corto realza cada curva de su cuerpo, haciendo que parezca una verdadera diosa. Completando su impecable estilo, lleva accesorios de diseñadores reconocidos, como lentes negros Prada, tacones altos Chanel y unos elegantes guantes en cuero negros. Es innegable que Indira es una mujer adinerada y su presencia en el penthouse de Alek solo confirma su estatus. Aunque no comparta su actitud hacia ella, no puedo evitar reconocer su indudable belleza y su habilidad para deslumbrar a cualquiera con su elegancia. —Ok, lo llamaré en unos minutos, Spinster — dice Indira, cortando la llamada y dirigiendo su mirada a Alek , que está sentado a mi lado con un vaso de whisky, aparentemente imperturbable. Alek no ha posado su mirada sobre ella ni un solo segundo; supongo que debe sentir demasiado rencor hacia esa mujer para poder mirarla. —Quiero que antes de tomar esta decisión hablemos una vez más, söch. —Soy todo oídos, Indira — responde Alek con un aire de arrogancia que lo caracteriza. Me siento incómoda aquí, pero esta es la voluntad de Alek . Aunque preferiría no estar cerca, él es mi cliente y ha exigido mi presencia. Solo él sabe de lo que ella sería capaz. —Bonita, ¿podrías irte y dejarnos solos? — me mira directamente a los ojos, y una sonrisa aparece en sus labios. —Anastasia no irá a ninguna parte. Ella es la única razón por la que estás pisando este lugar — interviene Alek con autoridad y un tono de voz más hostil. —Cometí un error, Alek , no quiero que nos divorciemos. —Te acostaste con mi puto mejor amigo, Indira, por el amor de Dios. No te pondría un dedo encima jamás. Para mí es una vergüenza que aún lleves mi apellido. —Su voz retumba en la habitación, cargada de un enfado que hace temblar el aire a su alrededor. Los músculos de su mandíbula se tensan, marcando líneas firmes en su rostro que denotan una ira incontenible. Sus ojos, normalmente serenos, ahora arden con una intensidad que hiela mi sangre. No hay rastro de la suave calidez que alguna vez vi en ellos, solo una furia oscura que parece consumirlo por dentro. Demonios, sabía de la infidelidad, pero no que era con su mejor amigo. —Estaba completamente borracha, no estaba consciente de lo que hacía, cariño. ¡Ay mierda, esto se estaba poniendo intenso! Maldita sea, se acostó con su mejor amigo. Auch, eso sí que estaba más que cabrón. ¿Quién en su sano juicio le es infiel a semejante hombre? —Te lo cogiste en nuestra maldita casa, mientras mi hijo dormía y yo trabajaba como un maldito esclavo por ti, por la familia que habíamos construido. —Sus palabras son un golpe directo al corazón, cargadas de amargura y decepción. Se levanta del sofá con una determinación palpable, sus pasos resonando en el suelo con un eco que parece llenar toda la habitación. Su postura es imponente, cada fibra de su ser irradiando una fuerza que parece desafiar al mundo entero. «Quería que la tierra me tragara, esto era incómodo para los tres.» —Maldición, te he pedido perdón mil veces. Estaba ebria, cariño, no sabía lo que hacía. —Ella se levanta e intenta caminar hacia él, suplicándole, pero él rápidamente se aleja, caminando hacia el lado contrario—. ¿Qué tengo que hacer para que me perdones? —No me llames "cariño", joder, y no te atrevas a tocarme. —Su voz es un gruñido bajo, lleno de un desdén que hiere más que cualquier insulto directo. Me levanto del sofá, mirándolos con determinación. —Creo que les daré un poco de privacidad. —Susurro, bajando la mirada, no quería incomodarlos. —Gracias, bonita. —Dice Indira, mirándome, pero justo Alek la interrumpe. —No irás a ninguna parte, siéntate. —Me ordena, señalándome—. Indira, ya se va. Firmará el puto divorcio y se largará, no solo de este lugar, de mi vida. —Dice con rencor, sin apartar sus ojos de ella. Los miro una vez más y vuelvo a tomar asiento. Por Dios, estaba más que furioso. Jamás lo había visto así. —Escúchame, por favor, dame otra oportunidad. Prometo ser mejor, jamás te volvería a fallar. No sé qué demonios me pasó, estoy arrepentida, eres el amor de mi vida Alek . —Se acerca a él lo más que puede, pero Alek se queda quieto, sin moverse, mirándola de una manera que describiría como furia, desprecio, asco y coraje, y no es para menos, después de lo que hizo, acostándose con su mejor amigo en su propia cama, en su propia casa, esa maldita traición.— Por favor, sabes que sin ti no soy nadie, yo te amo, fue un error, Alek . —¿Te gusto? —Su voz resuena en la habitación, cargada de desdén y desafío, mientras sus ojos centellean con una mezcla de furia y decepción—. ¿Cómo te cogió? —La pregunta sale de sus labios con un tono más oscuro, casi amenazante, mientras sus ojos perforan los de ella con intensidad. La atmósfera se tensa aún más, cada palabra cargada de un peso insostenible, y odiaba ser una mera espectadora de todo esto. —No, cariño, no está ni cerca de alcanzar tu nivel, ni en tamaño ni en nada. —susurra ella mientras desliza sus manos por el rostro de Alek , observando las lágrimas de Indira deslizarse por sus mejillas. Sin embargo, una sonrisa sutil se dibuja en los labios de Alek , quien toma sus manos y las aparta con firmeza. —Exacto. Espero que esta lección te acompañe por el resto de tus días, y que comprendas plenamente lo que has perdido, querida. Tienes cuarenta y ocho horas para firmar el divorcio de una vez por todas, despojarte de mi apellido, porque no lo mereces. —añade él con una voz firme y arrogante—. Si no lo haces, te enfrentarás a una demanda sin precedentes por adulterio y robo de dinero de mis activos en Alemania. —Caminando hacia el ascensor , presiona el botón con calma y orgullo, invitándola a salir de su penthouse con un gesto desdeñoso y lleno de desdén. ¡JODER! Qué gran orgullo y seguridad en sí mismo carga, sabe quién es lo que merece y no lo duda; eso es admirable. La puerta del ascensor se abre con suavidad y Alek la mira. —¿Significa que has tomado una decisión y no piensas retractarte? —susurra ella, mirándolo. —La decisión se tomó esa noche en la que recogí mis cosas y jamás volviste a verme hasta hoy —afirma con arrogancia. Ella limpia sus lágrimas y se esfuerza por sacar una sonrisa. —Buenas tardes, Indira. Que tengas una hermosa y feliz larga vida —dice Alek con voz fría y distante. Indira lo mira con lágrimas bajando por sus mejillas, su pecho subiendo y bajando agitado. Toma su bolso Chanel y los documentos del sofá de mala gana, sin atreverse a mirarlo, y sube al ascensor. —Que seas feliz, Alek . Éxito en todo lo que te propongas —dice mientras el ascensor se cierra, dejándonos solos en la sala. No sé si debo romper el silencio o simplemente dejar que cada uno procese lo sucedido. Alek camina hacia la barra nuevamente y saca un bourbon de la despensa. —Este bourbon me lo obsequió un familiar de Alemania, lo conservé durante más de diez años. Siempre lo guardé para una ocasión especial e incluso mandé a diseñar estos exclusivos vasos solo para ser utilizados para él —explica, sacando dos elegantes vasos de una caja dorada—. Ha llegado el día de ser utilizado y degustado como se merece, en una grata y satisfactoria ocasión especial —murmura, llenando los dos vasos con whisky, uno para él y otro para mí. Luego, se acerca y me entrega el vaso con una leve sonrisa. Acepto el vaso y brindamos juntos, chocando nuestros vasos en un gesto de reconocimiento mutuo. Tomo un sorbo del whisky, dejando que su cálido sabor se deslice por mi garganta. —¿Qué te parece? —pregunta, sentándose a mi lado. Cierro los ojos, saboreando el whisky y disfrutando del aroma que emana del vaso. —Exquisito —susurro, mirándolo. —Gracias, Anastasia. Has hecho un excelente trabajo, y debemos brindar por eso, por tu gran labor y por haber logrado un divorcio exitoso, justo como lo prometiste. —Salud, Alek , y felicidades por haber defendido tu posición de esa manera. ¡Es jodidamente admirable! —¿Me estás halagando? —Sonríe, arqueando una de sus atractivas cejas. —Pues creo que sí —respondo, riendo y rodando los ojos. La atmósfera se vuelve más ligera y cómoda entre nosotros después de la tensión anterior.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD