Impaciente, observo el reloj mientras marca las cuatro de la tarde. Reviso mi nuevo celular, recién adquirido para reemplazar el anterior, y encuentro un mensaje de texto de Alek , quien me espera abajo con su chofer. Bajo en el ascensor y llego a la entrada del edificio, donde una imponente camioneta Land Rover X negra aguarda. Un hombre vestido con un elegante traje n***o, presumiblemente el famoso Cesar, abre la puerta para mí, y subo al vehículo, encontrando a Alek inmerso en una conversación telefónica en alemán.
—In weniger als zwei Wochen sollte alles bereit sein, diese Verhandlungen zu unterzeichnen und abzuschließen, verdammt, ich muss es so schnell wie möglich tun. — No entiendo una mierda de lo que dice, pero suena molesto.
«No importa, me excitó escucharlo, qué sexy.»
—Gracias —agradezco al chofer.
—A sus órdenes, señorita —responde él, cerrando la puerta. El vehículo arranca y nos dirigimos al lugar acordado. Estoy nerviosa, mis manos sudan, pero intento disimularlo mirando mi celular y desplazándome por las r************* .
—Lo siento, estaba en una llamada importante. No es fácil dirigir una segunda firma al otro lado del mundo —se disculpa Alek , guardando su celular.
—¿Se hace cargo de la firma de Alemania? —pregunto, curiosa.
—En la actualidad, su dirección está en manos de un familiar cercano, y ocasionalmente Dante toma las riendas cuando le apetece. No obstante, debo mantener una supervisión constante, ya que no todos siguen mis directrices laborales. En ocasiones, incluso debo viajar para asegurarme de que todo esté en orden. Le expresé esta preocupación a mi padre, ya que parecía irracional manejar mi propia empresa en Alemania y simultáneamente encargarme de la suya aquí en los Estados Unidos. Sin embargo, él persistió en su decisión, impulsado por su deseo de retirarse. Dante no desea abandonar su estilo de vida festivo, mientras que Hamilton muestra aversión hacia las leyes. —me detalló mientras yo asentía, jugueteando nerviosamente con mis dedos debido a nuestra cercanía.
—¿Así que viaja constantemente de un lado a otro durante estos años? —pregunto, asombrada.
—Sí, ciertamente es un dolor de cabeza.
—A pesar de ello, resulta impresionante; no logro comprender cómo lo gestiona. Es verdaderamente admirable. —expreso, sintiendo una profunda admiración hacia él.
—No obstante, alejarme de Alemania también resulta beneficioso para mí; necesitaba un cambio en mi vida.
Tras unos veinte minutos, llegamos a un campo de tenis y golf, impresionantemente elegante. El auto se detiene y el chofer nos abre la puerta, permitiéndonos bajar.
—Ven, vamos por aquí.— me indica Alek , y lo sigo hasta unos vestidores.—Puedes entrar a los cambiadores, yo me cambiaré en los de caballeros y te espero aquí.— me dice con una sonrisa acogedora, y asiento con gratitud.
—Gracias.— digo con una sonrisa, entrando.
Dentro del amplio vestidor, me encuentro con una amplia selección de uniformes de tenis perfectamente organizados en lockers individuales. Me aseguro de encontrar la talla adecuada y elijo una blusa blanca polo y una falda corta de tenis del mismo tono. Las medias altas y los tenis blancos Lacoste complementan el conjunto, brindándome la comodidad necesaria para enfrentar el juego.
Recogo mi cabello en una coleta alta y decido protegerme del sol con una gorra blanca, dándole un toque deportivo a mi atuendo. Una vez lista, salgo del vestidor y, para mi sorpresa, Alek ya me espera con una confianza innata, recostado sobre la pared. No puedo evitar notar lo cautivador que se ve con ese atuendo de tenis. Su camiseta polo blanca realza su musculatura bien trabajada, y el tatuaje en uno de sus anchos brazos, que se extiende desde el principio hasta el final, añade un toque intrigante a su apariencia. Su presencia atlética y masculina es innegable, y la manera en que lleva el uniforme hace que resulte aún más atractivo.
Tengo que reprimir mis pensamientos provocativos.
—Luce muy bien, Collin. — murmura y siento mis mejillas calentarse.
—Gracias.— susurro con timidez
—No pensaba que te gustara el tenis, o en general, ningún deporte. — comenta mientras avanzamos hacia la cancha.
—Sí, me encanta. — una sonrisa se forma en mis labios. — Solía jugar con mi papá, pero desde que me fui a la universidad a estudiar leyes y luego me gradué, no he tenido muchas oportunidades de practicar. — respondo con nostalgia.
—Suena magnífico. Yo también solía jugar con mi papá. — dice mientras prepara la máquina de prácticas con las pelotas.
—¿Desde hace cuánto juegas?— pregunto mientras me preparo para golpear las pelotas.
—Juego desde los dieciséis años, siempre me gustaron los deportes de adolescente.— revela sonriendo.
—Vaya, eso es increíble. Supongo que eres muy bueno en lo que haces por el gran tiempo que llevas.
—Sí, me apasiona el tenis, incluso papá solía llevarme a competencias antes de irme a la academia militar. Al principio, mamá pensó que sería una gran estrella del deporte, pero como todo adolescente, tuve mis momentos rebeldes y dejé de jugar. Fue ahí donde me enviaron a terminar la educación secundaria en la academia militar en Alemania. Luego fui a la universidad en Londres y me llamó la atención el derecho y las finanzas, como a papá, y admito que no fue por presión.— dice y ambos sonreímos.
—Me encanta, parece un hombre con muchas experiencias emocionantes.— confieso con una sonrisa.
Alek se acerca y comienza a mostrarme cómo funciona la máquina, golpeando todas las pelotas. Sus movimientos son fluidos y precisos, cada golpe parece llevar consigo una energía controlada y poderosa. Me siento impresionada por su destreza, pero también me invade una sensación de nerviosismo al pensar en tener que seguir su ejemplo.
—Vamos, ahora te toca.— me dice con una sonrisa alentadora.
Me coloco frente a la máquina, sintiendo la presión de querer demostrar mi habilidad. A medida que las pelotas vuelan hacia mí, concentro toda mi atención en golpearlas con la raqueta. Para mi sorpresa, descubro que mi cuerpo recuerda los movimientos, aunque haya pasado tanto tiempo desde la última vez que jugué al tenis. Cada golpe es una liberación de tensión y una afirmación de mi capacidad.
—Muy bien, Anastasialine, aún te queda algo. Pareces una buena contrincante.— dice Alek , acercándose a mí con una expresión de admiración en sus ojos.
Siento un subidón de confianza al escuchar sus palabras, pero también una oleada de calor que me ruboriza las mejillas. La cercanía de Alek hace que mi corazón lata más rápido, como si estuviera tratando de alcanzar un ritmo que solo él puede marcar.
—Ya ves, lo bien aprendido nunca se olvida.— digo con una sonrisa, tratando de ocultar la turbulencia de emociones que siento en mi interior.
—Ven, te mostraré un truco que te ayudará con la agilidad y precisión. — Alek se acerca por detrás, y puedo sentir su presencia imponente a mi espalda. Su cercanía me hace temblar ligeramente, pero también me llena de una sensación de seguridad y protección que no puedo ignorar
Coloca sus manos sobre las mías, provocando un estremecimiento que recorre mi cuerpo al sentir por primera vez el contacto de su piel sobre la mía. Sigue guiándome en el movimiento, nuestros cuerpos rozándose, su calor fusionándose con el mío. Su aliento a menta y su fragancia cítrica-maderada me envuelven, despertando un deseo que apenas puedo contener. Realizo el movimiento junto a él, pero mis nervios están a flor de piel. El leve roce de su brazo contra mis senos expuestos, ya que no llevo sostén, hace que mis pezones se pongan erectos por el contacto. Sé que lo ha notado, pero Alek disimula la situación con maestría.
—Aprendes muy rápido, Anastasia, eso es interesante. — murmura suavemente sobre mi oreja, rozando sus labios en ella. Un leve gemido escapa de mis labios sin poder evitarlo, lo que hace que mis mejillas se sonrojen. — Listo, ahora seré tu competidor. — Levanta la voz, sonriendo con picardía, sabiendo perfectamente cómo me afecta su cercanía. Se coloca frente a mí del otro lado de la cancha, adoptando una posición lista para empezar.
¿Acaso quieres jugar sucio, Alek Rustav ? Pues juguemos sucio.
—Veamos quién es el ganador de la tarde, Rustav . — respondo, poniéndome en posición con una sonrisa desafiante en mi rostro.
No caeré en tu maldito juego de seducción Alek Rustav . Aunque me dejes las putas tangas mojadas.