El despertador rompió el silencio de la habitación, marcando el inicio de otro día laboral.
—Deberían prohibir madrugar y trabajar. ¿Por qué no nací millonaria? — Mi queja se ahogó entre las sábanas mientras enterraba mi rostro en la almohada. Agradecí estar sola; mis vecinos pensarían que estoy loca con mis quejas matutinas. A regañadientes, me levanté, arrastrándome hacia el baño. Un chorro de agua caliente me recibió, y me sumergí en una ducha larga, tratando de despejar mi mente del agotador día que me esperaba. No podía permitirme llegar tarde; el trabajo acumulado me esperaba.
Después de secarme y elegir mi atuendo, decidí ponerme un vestido tipo blazer n***o que resaltaba mi figura gracias al cinturón que lo acompañaba, marcando mi cintura. Complementé el conjunto con unas medias de lencería negras y mis tacones favoritos en piel de cocodrilo Jimmy Choo, que añadían un toque de color vino al conjunto. Para mantenerme abrigada, me envolví en un abrigo gris antes de salir de casa ya que en la firma suelen poner los aires demasiado fríos, lista para afrontar otro día en la firma.
***
Me encontraba absorta en mi escritorio, con la laptop frente a mí, resolviendo el asunto del collar y el incidente en el club. Olivia me ayudaba a revisar las grabaciones que demostraban mi inocencia. Envié todas las pruebas a la detective a cargo del caso, mientras Ian seguía de viaje en Texas y no regresaría hasta el viernes.
Resultó que Bayron Gastrell fue el responsable de colocarme la joya aquella noche. Tenía un historial criminal espeluznante, pero era sorprendente lo bien que lo ocultaba.
La mayoría de los asuntos relacionados con el divorcio de Rustav estaban resueltos, a excepción de la esperada reunión de mañana. Rustav me llamó y me pidió que pasara por su oficina. Había tenido dos reuniones importantes según lo que me dijo Cassandra, pero ahora estaba disponible.
Había evitado verlo desde el sábado, todavía avergonzada por nuestro encuentro penoso. Ignoraría lo que sucedió y esperaba que él hiciera lo mismo. Toqué dos veces su puerta antes de entrar. Estaba terminando una llamada.
—Buen día, por favor, tome asiento —me indica con una sonrisa, aparentemente de mejor humor hoy. Viste su traje habitual, perfectamente ajustado, resaltando su figura esbelta y elegante. La americana blanca, impecable, añade un toque de sofisticación, contrastando a la perfección con la corbata gris azulada que acentúa el tono celeste de sus ojos.
¿Podría el señor Rustav cumplir mi fantasía de atarme las manos con esa linda corbata? Concéntrate, Anastasia, por favor, es tu jefe.
—Buen día, señor Rustav . ¿Cómo fue su fin de semana? —pregunté, tomando asiento frente a él con la tablet y los documentos del divorcio, preparada para discutir los últimos detalles antes de la reunión con Indira mañana.
—Excelente. ¿Y usted, señorita Collin? ¿Cómo estuvo la resaca del domingo? —levantó la vista, arqueando una ceja con una sonrisa divertida. Sus ojos brillaban con una chispa traviesa, como si estuviera disfrutando de alguna broma interna. Mis mejillas se encendieron, sintiéndome aún más avergonzada. ¡Dios mío, qué humillación frente a él!
—No estuvo tan mal como pensé —respondí, tratando de mantener la neutralidad y rezando para que no continuara la intensa conversación del sábado—. Quería aclarar algunos puntos del divorcio antes de mañana para poder presentarle la propuesta a Indira.
—Bien.— asiente mientras juega con una pluma entre sus largos dedos.
—Punto número uno: Indira cometió adulterio durante el matrimonio, lo que nos brinda una base sólida para proceder legalmente. Con estas pruebas, podemos evitar que la parte culpable reciba una parte de la herencia, siempre y cuando se demuestre el adulterio. Y, por supuesto, usted tiene las fotografías —Alek asiente y me entrega un sobre amarillo con las imágenes.
—Perfecto, tenemos todas las pruebas necesarias. Entonces, recibirá un total de 260,000 dólares por la propiedad vendida, y las demás estarán protegidas completamente debido al adulterio. Esta cantidad es opcional para usted, ya que ya estuvo de acuerdo con eso —continué enumerando los puntos a su favor.
—Entiendo —respondió con firmeza, concentrando toda su atención en mí, sus ojos azules fijos en mi.
—Punto número dos: solicitaremos una indemnización por daño moral. Y punto número tres: la manutención infantil será de un porcentaje máximo, que usted controlará desde la cuenta bancaria destinada a su hijo. Indira no podrá utilizar ni un centavo de esa cuenta, de lo contrario, será detenida de inmediato. En cuanto a su hijo, pasará todos los fines de semana con su abuela, la semana con su madre y todas las festividades con usted. Además, si desea pagar un pasaje para traerlo, tiene todo el derecho de hacerlo y no puede ser objetado por Indira. Ya está firmado el acuerdo que le permite viajar cuando lo desee, con el consentimiento de su madre, su ex esposa.
Recopilé toda la información en mi tablet, asegurándome de no pasar por alto ningún punto adicional que debiéramos discutir.
—Y por último, ¿necesito saber si en algún momento del matrimonio usted le fue infiel? ¿O si hubo agresiones de su parte? Necesito su completa sinceridad porque, si ella tuviera alguna prueba, podríamos salir jodidos. —Recalco esto último con seriedad, observándolo con intensidad, buscando cualquier indicio en su expresión.
—En lo absoluto, jamás le fui infiel mientras estuvimos casados. No habrán pruebas sobre la faz de esta tierra por cosas que jamás sucedieron. No es como fui criado por mis padres. — suena demasiado sincero, y eso me parece increíblemente fascinante, la manera en que respeta los límites.
Ok, ¿podemos casarnos mañana señor Rustav ? Pienso y una sonrisa se dibuja en mis labios, aunque mis ojos revelan una chispa de travesura.
—¿Hay algo en particular que le cause gracia señorita Collin? — pregunta y ahora mis ojos viajan a los suyos, un poco avergonzada pero con una curiosidad oculta.
Separo mis labios para tomar un poco de aire acto seguido su mirada se posa en ellos, y puedo sentir su intensidad en cada centímetro de mi piel.
—No señor Rustav , me disculpo por eso. — susurro mordiendo mi labio inferior, sintiendo cómo su atención sigue centrada en mí.
Observo cómo traga con dificultad sin apartar su mirada de la mía, y puedo percibir la tensión que se acumula en el aire entre nosotros.
—Bien. — murmura llevando su mano a su corbata para aflojarla un poco, y noto el movimiento elegante de sus dedos.
—Perfecto. ¿Algo más que desee añadir? ¿Qué le parece? ¿Desea que cambie algo? — Pregunto, esperando sus comentarios mientras guardo los documentos y la tablet, aunque mi atención sigue dividida entre la conversación y su presencia imponente.
—Está todo perfecto, buen trabajo Collin. Realmente es un divorcio perfectamente organizado. Creo que mi abogado personal estaría envidiándole en estos momentos. — responde con una sonrisa en la comisura de los labios, y puedo ver el brillo de satisfacción en sus ojos.
¿Me está alagando? ¿Y acaso me estoy sonrojando por eso?
—Oh, y por último, y no menos importante, Indira tendrá cuarenta y ocho horas exactamente para firmar el divorcio. Si no lo firma, la demandaremos por adulterio. Es nuestro gancho, ya que sé que se opondrá, como lo ha hecho estos últimos tres meses, según me mencionó.
—Sí, maldición, gracias. Necesito salir de esa mujer ya. Si en cuarenta y ocho horas no lo firma y no lo envía por su abogado, la demandaremos sin duda alguna. Gracias. — responde asintiendo y agradeciendo nuevamente.
Me levanto de la silla, asiento sonriendo. Parece que todo ha salido a la perfección.
—Si necesita algo más, estaré en mi oficina. Buen día, señor Rustav — menciono mientras me preparo para salir.
Me giro para darle la espalda y sonrío emocionada. Estoy que brinco en una pata porque le ha encantado mi propuesta de divorcio, pero no quiero que note mi felicidad obvia.
—Señorita Collin, ¿usted juega tenis? — su atractiva y grave voz me interrumpe cuando estoy a punto de abrir la puerta.
Me giro soltando el pomo de la puerta y lo miro confundida frunciendo mi ceño.
—Emm, sí, por supuesto. Es uno de mis deportes favoritos, aunque ya no lo practico lo suficiente. — respondo sinceramente.
—¿Qué hará a las cuatro de la tarde? — pregunta, levantándose de su silla y colocando sus manos en los bolsillos de su delgado pantalón de tela, viéndose más atractivo que nunca.
—Estaré libre para ese entonces.— contesto, preguntándome a dónde quiere llegar con esta pregunta.
—¿Me complacería en acompañarme a las prácticas de tenis? No tengo compañero hoy — propone con una mirada directa y segura.
Trago hondo. ¿Quiere que lo acompañe? ¿Acaba de decir "me complacería"? Suena tan demandante y sensual cuando lo pronuncia.
Puedo complacerlo en todo lo que quiera, incluso si requiere que me arrodille delante de usted, señor Rustav .
—Sí, señor Rustav , estaría encantada de devolverle el favor del domingo — respondo, intentando mantener la compostura a pesar de la emoción que siento en mi interior.
Además, no puedo decir que no; le debo una por haberme sacado de la cárcel. Así que asiento sin dudarlo. Salgo de su oficina y al cerrar la puerta, no puedo evitar soltar un chillido y hacer un gesto de emoción, lo que atrae miradas extrañas de los ejecutivos que están sentados en la pequeña y elegante sala de espera.
—Disculpen, excelente día. — respondo sonriendo mientras me esfuerzo por contener mi alegría.