El lunes, la bendita alarma me saca de mi sueño y, con un bostezo, me dirijo al baño para lavarme los dientes. Una vez termino, recogo mi cabello en una coleta alta para que no se moje. Enciendo la ducha y dejo que el agua caliente llene el ambiente. Con suavidad, me adentro en la ducha, sintiendo cómo las cálidas gotas de agua acarician delicadamente mi piel. Cierro los ojos, sumergiéndome en la sensación placentera que produce el agua sobre mi cuerpo. Siento cómo las gotas resbalan por mis pechos, acariciando mis pezones, que responden al contacto alzándose erectos. Una mezcla de sensaciones me invade, y no puedo evitar sonreír ante el dulce placer que aquella experiencia matutina me brinda.
Luego, me dirijo a mi armario y elijo una lencería de encaje azul royal, una falda tubo gris clara, una blusa blanca de botones y un blazer a juego con la falda. Me maquillo de manera natural, aliso mi cabello y me pongo unos tacones negros con cordones hasta los tobillos. Antes de ir a la oficina, paso por Starbucks para comprar café para mí y para Cassandra. A Olivia le compro una limonada, ya que está embarazada y no puede tomar café, y Alina no es amante del café. Una vez en la firma, estamos todas en mi oficina, les he contado sobre la sorpresa de Ian y cada detalle.
—Anastasia, es un regalo tan tierno de Ian —comenta Cassandra admirando la pulsera.
—Pensé que no estabas interesada en ninguna relación seria —menciona Olivia.
—Sí, pero lo intentaré, iremos paso a paso y veremos cómo va. Quizás es hora de cambiar mi forma de pensar —expreso con cierta inseguridad.
—Pero, ¿crees que es lo correcto? —pregunta Alina. —O sea, además de gustarte en el ámbito s****l, ¿realmente te gusta y te sientes bien con él?
—Sí, me gusta. Ian es un gran hombre, cariñoso, detallista, divertido y me hace sentir bien —trato de convencerme a mí misma de esos sentimientos.
—Quizás les vaya bien, ¿quién sabe? —se encoge de hombros Olivia.
—Por favor, Anastasia, si en algún momento ya no sientes nada por él y empiezas a sentir algo por alguien más, ¿prometes que lo soltarás? No quiero que lo lastimes —me pide Alina, mirándome con seriedad.
—Sí, por supuesto que lo prometo. No me perdonaría si le hiciera daño a Ian —aseguro con convicción.
Continuamos charlando hasta que todas se retiran. Alina regresa a su piso y Olivia se encamina hacia el frente. Yo me dirijo a la cocina que tenemos en la oficina, donde el aroma a café recién hecho me envuelve. Pido a Cassandra que me avise cuando Alek llegue, pues necesito discutir con él los papeles del divorcio y la propuesta que he negociado con el abogado de Indira.
Me encuentro en mi despacho, inmersa en la tarea de gestionar una montaña de expedientes acumulados. Aunque muchos asumen que ser abogada consiste principalmente en litigar, la realidad es que la mayor parte del tiempo se destina a labores de escritura, lectura y edición en la oficina, más que a estar en la corte o negociando acuerdos. Recibo un mensaje de texto de Ian, cuya notificación ilumina mi pantalla.
Ian:
"Buenos días, hermosa. Mi madre me ha llamado, tengo que salir de la ciudad. Es una emergencia familiar, pero no te preocupes. Te llamaré en cuanto aterrice".
Anastasia:
"Hola. Espero que todo esté bien. Por favor, llama cuando aterrices y tengas la oportunidad. Besos".
Cassandra me llama avisándome que Alek ha llegado, así que tomo los documentos y subo hasta su piso. Una vez allí, Cassandra me deja pasar y camino por el largo pasillo hasta el final. Toco la elegante doble puerta de madera situada en la entrada de su oficina y me da el paso para entrar.
Al ingresar, es imposible no notar lo atractivo que luce Alek . Su trasero es sin duda el más atractivo que haya visto jamás; esos pantalones le sientan como un guante. Viste un traje a medida en azul navy, combinado con una camisa blanca impecablemente planchada y una corbata gris. Juega con los gemelos de su elegante camisa con destreza.
Mi atención se desliza hacia su cuello, donde se vislumbra un tatuaje o el comienzo de uno, apenas visible en el lado derecho. Unas letras en un idioma desconocido se extienden desde la parte posterior de su oreja hasta abajo, despertando mi curiosidad. El aroma de su colonia de alta gama y loción para afeitar llena mis sentidos.
«¡Que me lleve el mismísimo demonios ahora mismo que me quiero quemar! .»
Me siento completamente anonadada por la presencia de mi arrogante y atractivo jefe. Trago hondo y respiro profundamente, tratando de disimular mi nerviosismo.
«¡Si pudieran ver mi tanga, me delataría de lo húmeda que debe estar.» pensé, tratando de ignorar la excitante situación en la que me encontraba.
—Buenos días, Collin —mi apellido saliendo de sus atractivos labios logró excitarme aún más con ese seductor acento.
—Buenos días, Señor Rustav . ¿Qué tal su fin de semana? —respondo, tomando asiento frente a él y cruzando las piernas con cierta sensualidad.
—Bien, ¿me viene a hablar del divorcio? Porque si no es así, entonces espero que se retire. Tengo el día muy cargado. —Todo el encanto desaparece en el momento en que se comporta como un hijo de puta.
«Ya no me lo quiero follar.» me reproché a mí misma.
—Así es, lo he leído y estudiado. Incluso he creado mis propuestas y me he comunicado con el abogado de la señora Rustav , su esposa. —recalco, sonriendo, pero soy interrumpida de inmediato.
—Ex esposa. —me corrige con cierto tono de molestia, y asiento, reconociendo mi error.
—Cierto, entonces continuando la conversación, han aceptado venir.
Levanta una de sus atractivas cejas y frunce el ceño inmediatamente.
—¿A qué se refiere con que han aceptado venir?
—Así es, a la señora Indira Rustav le pareció fascinante la propuesta, pero se niega a firmar el divorcio. Dice que necesita espacio para hablar con usted antes de tomar una decisión.
—No quiero hablar con esa mujer, eso está más que claro en el caso. No quiero absolutamente nada que ver con ella, incluso si de cercanía se trata.
—Lo sé, aún así la señora Indira insiste. Esa decisión quedará bajo su propia consideración —respondo, notando su furia mientras tensa su depilada mandíbula y aprieta los puños.
Observo cómo se levanta de la silla con determinación, quitándose el saco con un gesto firme. Mi corazón se acelera al verlo, su figura imponente se destaca en la habitación. El saco cae con elegancia sobre el respaldo de su silla de cuero negra, revelando su camisa que se ajusta a su cuerpo de manera perfecta, como una segunda piel, realzando su atractivo natural.
—Ok, la veré, pero con una sola condición, será bajo su presencia. Estará usted presente. —dice, desviando mi atención hacia él.
—¿Qué? —respondo, abriendo los ojos sorprendida y mirándolo con cierta inquietud—. Señor Rustav , eso no me parece una buena idea.
—¿Así le dice a sus clientes? ¿Que no los complace Collin? —murmura con voz grave, sus ojos azules gélidos como el hielo me traspasan con una intensidad indescriptible. — Porque si es así, es una lástima.
—No, por supuesto que no, pero usted no solo es mi cliente, es mi jefe, y no querría involucrarme más de lo que estoy involucrada en su vida personal —trato de explicar, aunque me resulte difícil mantener la calma bajo su mirada intensa.
—De ahora en adelante, mientras mantenga mi caso, me tratará igual que trataría a cualquier otro cliente, alguien común y corriente. Envíeme las propuestas actualizadas por correo electrónico, las analizaré y tomaré una decisión. —afirma con frialdad, sus ojos fijos en mí como dagas afiladas.
«Él no es alguien común y corriente, es Alek Rustav .» pienso, pero asiento, mostrando que acato sus órdenes.
—Pero las tengo aquí. —le muestro los documentos en mis manos, pero él niega con la cabeza.
—Prefiero recibirlo todo por correo electrónico. Ahora, puede retirarse, por favor, me quita tiempo y no es algo que suelo regalar. —demanda, y aunque su tono es cortante, no puedo evitar notar que también hay cierta tensión en su expresión.
«Juro que este cabrón sufre de bipolaridad extrema o quizás padece de trastorno de la personalidad.» pienso, sintiendo una mezcla de frustración y atracción hacia él, como si estuviera atrapada en un torbellino emocional cada vez que estoy cerca.
—Por supuesto, señor Rustav , así será. La reunión con Indira será el próximo martes, usted escogerá el lugar y la hora —informo, intentando mantener la compostura.
—Está bien, entonces será en mi penthouse. Esa mujer no entrará a mi casa. Le daré la dirección del edificio y el número de apartado para que se lo haga llegar a su abogado. Ahora, retírese. —ordena, dejando claro que nuestra conversación ha terminado.
—Sí, señor Rustav .
«Por Dios, si el dichoso magnate tiene una casa y un penthouse aparte, me imagino que tendrá uno para cada aventura, no me sorprendería». Sin decir más abandono su oficina.
No he mencionado a mis amigas, ni siquiera por razones personales, que él tiene un hijo con Indira. Aunque sean mis amigas, debo respetar la privacidad de cada cliente, y eso incluye a Alek Rustav , sin importar cuánta curiosidad pueda tener al respecto.