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1610 Words
La semana ha pasado volando entre casos, reuniones y el irritante divorcio del magnate. Hoy, sábado, estamos en el club como de costumbre, nosotras, las chicas, disfrutando de la noche. Nos movemos al ritmo de la música, rodeadas de luces de colores. Cassandra está coqueteando con un chico guapo, mientras Alina, Olivia y yo bailamos juntas en el centro de la pista. En un momento, me dirijo a la barra por más tragos y una limonada para Olivia. Pierdo la noción del tiempo y cuando miro mi celular, ya son las dos y media de la madrugada. Regreso a la pista y noto que dos chicos se acercan. Uno de ellos entabla una conversación amigable conmigo. El ambiente está animado, pero luego veo a Cassandra besando a su acompañante, y a Alina desaparecer con otro chico, seguramente en algún rincón de la discoteca. Me duele la cabeza, pero sigo disfrutando de la noche. Desde lejos, veo a Paul en una mesa con dos amigos de la firma. Olivia me hace señas de que se van, así que me despido con un gesto de la mano. —¿Quieres salir afuera a fumar? —pregunta el hombre a mi lado. Es sorprendentemente atractivo, con unos ojos avellana cautivadores, cabello n***o desordenado y tatuajes que le dan un toque peligroso pero sexy. —Sí —respondo cerca de su oído para que me escuche sobre la música. Toma mi mano y salimos afuera, donde enciende un cigarro. —¿Tienes novio, pelinegra? —pregunta, pasándome el cigarro. —Sí —respondo riendo, porque aunque Ian y yo decidimos no ponernos etiquetas, funciona para alejar a los hombres que intentan propasarse. El chico sonríe, se acerca a mí y con sensualidad, saca el cigarro de mi boca con sus dedos. —Lo imaginaba, eres hermosa —comenta, sacando su celular del bolsillo y mirándome— Lo siento, bonita. Dicho esto, se va sin decir más, dejándome confundida. Meto la mano en el bolsillo de mi chaqueta y siento algo, saco un hermoso collar de diamantes y Swarovski azul que él a dejado allí. Antes de poder entender lo que está sucediendo, las sirenas de una patrulla se detienen frente a mí. Me iluminan con un foco de luz, lo que me obliga a cerrar los ojos y taparme con la mano. —Ponga las manos en alto y coloque la joya en el suelo —grita el policía con coraje. Sin más opción, obedezco levantando las manos y colocando el collar en el suelo. —Disculpe, oficial, ha habido un error. Eso no es mío, tampoco lo tomé. Ese chico acaba de ponerlo en mi bolsillo. —Manténgase en silencio, queda usted arrestada por robo de joyería Magnífica. Debe guardar silencio, todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra. Tiene derecho a un abogado en cuanto lleguemos a la estación. —¿Le parezco el tipo de persona que robaría una joyería? —pregunto ofendida—. No puede arrestarme, no he sido yo —me quejo furiosa—. ¿Acaso no sabe quién demonios soy? Soy la abogada Anastasia Collin, no soy una maldita criminal. —Lo siento, Anastasia. Sé quién eres, pero debemos hacer nuestro trabajo —explica Garry, uno de los mejores amigos de Ian en la estación. Fui llevada a la estación más cercana, donde me dejaron en una celda junto con varias personas. Me di cuenta de que me habían robado el teléfono en el club, y no sabía ningún número de memoria, excepto el de mi jefe. Por mala suerte, tampoco me sabía los números de mis amigas y mucho menos el de mis padres. Me dejaron hacer una sola llamada, y sin más opción, marqué el número de Alek , sintiendo una vergüenza inmensa. Me encerraron en un pequeño cuarto de preguntas, pero no había entrado ningún oficial, y eso me desconcertaba. No sabía qué demonios estaba pasando, y lo peor era que no podía comunicarme con Ian, quien había tenido un viaje familiar de emergencia a Texas. Estaba totalmente jodida. Después de esperar por más de quince o veinte minutos, finalmente se abrió la puerta del cuarto, y allí estaba Alek , con una expresión de fastidio en el rostro y una sonrisa egocéntrica. Se veía muy distinto a lo que solía ser: llevaba unos vaqueros ajustados, una camisa blanca ceñida y una chaqueta de cuero negra. Algunos mechones de su cabello caían en su frente. —Buenas madrugadas, debería darte un memo por despertar a tu jefe a las... —miró el reloj en su muñeca— Cuatro de la mañana. —se acercó a mí y me entregó una bolsa con mis pocas pertenencias, solo las llaves de mi camioneta y de la casa también un tarjetero que siempre llevaba, sin celular porque me lo han robado. —Mierda, lo siento, Rustav . No tuve opción, el único número que sé es el suyo. —tomé las cosas y me levanté. —Te dejaron ir porque pagué la fianza, pero aún estarás bajo vigilancia. Esto manchará tu expediente como abogada —respondió, caminando a mi lado— Y será perjudicial para la reputación de la empresa, así que mantén esto en secreto y trabaja en ello lo antes posible con mi abogado personal, ya lo he informado. Tengo grandes conexiones que podrían ayudarte con todo este desastre para que no salgas perjudicada, moveré todas las fichas posibles. —Maldito hijo de... me tendió una trampa en mi cara, me tomó el pelo y caí como una boba. —dije ofendida, caminando detrás de él. —¿Así que estabas con otro tipo? Pensé que tenías un novio, ¿el policía? —preguntó, encendiendo la alarma de una lujosa camioneta Lamborghini de último año. —No es mi novio.— frunzo mi ceño.— ¿Y cómo demonios lo sabe? —fruncí el ceño, pero Alek solo me mostró una sonrisa perfecta. —¿Todavía dudas de mi poder? Tengo conexiones, soy un Rustav . —dice con cierta arrogancia. —Ay por Dios, alguien debería arrojarle una alfombra roja para que camine sobre ella. —bromeé con sarcasmo— Ian está de vacaciones, si no créeme no hubiera tenido que venir, pues me hubiera venido a salvar como Superman a su chica. —hice gestos de orgullo—. Espera, ¿a dónde vamos? Mi camioneta aún está en la discoteca. —Negativo, ya he mandado a mi chofer a buscarla. Tengo copias de tus llaves; además, una de las razones por las que estuviste detenida fue por el alto arrojamiento de alcohol en tu cuerpo, borrachona. —Mierda. —dije, preocupada por las graves consecuencias—. Espera, ¿cómo demonios tienes copias de mis llaves? ¿Es eso legal? —Hay secretos que jamás se dicen, por eso se llaman secretos. —admite, y yo me pregunto cómo ha conseguido esas copias. —Eso es de acosadores. —comento, sin entender cómo ha obtenido las llaves. —Lo que debería preocuparte en este momento es resolver todo esto el lunes. Debes buscar a ese tipo y revisar las cámaras de seguridad. Debes abrir una investigación. —dice mientras subimos a su camioneta. Me coloco el cinturón de seguridad, y Alek la enciende, saliendo de la estación. — Se supone que deba no solo suspenderte sino despedirte, pero dejaremos esto entre nosotros dos hasta que lo resuelvas. —¿Se supone que debería agradecerte? —pregunto con sarcasmo— Sabes que no es mi culpa, yo jamás haría algo como eso. —No lo sé. Apenas la conozco bien Collin. —encoge los hombros, lo que me hace sentir ofendida. —Ay por Dios, Alek , llevo trabajando para usted y su padre más de dos años. —Rustav , aún fuera de la firma sigo siendo tu jefe. —dice con una sexy sonrisa en sus labios, que resalta sus labios carnosos y bien definidos. —Rustav , sabes que no sería capaz de robar, por el amor de Dios. Además, podría comprarme esa joya si quisiera. —respondo con arrogancia, aunque no puedo evitar notar cómo su mirada intensa me hace sentir vulnerable. —Tuviste que pedirme ayuda, eso me encanta. —No te emociones, eras el único al que podía recurrir. Si hubiera tenido otra opción, créeme que hubieras sido el último a quien llamaría. —confieso con honestidad, mientras su presencia imponente y su aura de misterio me hacen temblar ligeramente. —Por supuesto que te creo, por eso estoy disfrutando esto. Te llevaré a tu casa, César llevará tu camioneta hasta allí. —No sabes mi dirección, ¿también conseguiste conexiones para eso? —No la sé, pero me la dirás para poder llevarte. —vuelve a sonreír enigmáticamente. — Pero créeme, sé muchas cosas, incluso tus más oscuros secretos, deberías temerme. —No te emociones, también sé tus secretos. —digo, evitando mirarlo para ocultar mi sonrojo. Se ve tan sexy manejando en su atuendo casual, con la camisa blanca ceñida resaltando sus músculos y el cabello alborotado dándole un aspecto intrigante. —Solo sabes dos de ellos, y no son los más malos. Te quedarías estupefacta al escuchar los demás. Bufé y reí a carcajadas. —¿Qué? ¿Acaso también tienes un cuarto rojo como Christian Grey y torturas a tus conquistas, o peor aún, eres un secuestrador? —No lo sé, pero podrías descubrirlo si la intriga es tanta. Evito mirarlo, sintiendo cómo mis mejillas se tornan rojas y calientes. Se ve increíblemente sexy, atractivo y seductor. Si no fuera mi jefe, estaría cabalgando encima de su polla o chupándosela.
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