Cuando llego al piso donde se encuentra la oficina de Henry, me encuentro con Cassandra, otra de mis mejores amigas y la asistente de Henry. Llevamos exactamente el mismo tiempo en la firma.
—¡Hola, linda! —me saluda con una sonrisa contagiosa y me lleva a la oficina de nuestro jefe.
—¿Debería preocuparme? ¿Acaso me han despedido y no me he enterado? —pregunto con cierto sarcasmo y una pizca de diversión.
—¡No digas eso! —responde Cassandra, intentando no reírse.
Con algo de ansiedad, entro a la oficina, consciente de que Alekno es precisamente el tipo de persona que se toma las cosas a la ligera, y que suele ser bastante meticuloso.
—Licenciada Collin, le agradezco por la rapidez de venir —dice Alekcon su voz calmada mientras me ofrece un asiento. Siempre viste con sus impecables trajes de diseñador a medida de Ferragamo, destacando su porte elegante y distinguido. Su distinguido Rolex dorado resplandece en su muñeca, añadiendo un toque de lujo a su atuendo. ¿Tienen idea de cuánto cuesta ese esmoquin Ferragamo que lleva puesto? Seguramente el pago de mi Mercedes y la renta de mi lujoso apartamento.
—Señor Ivanov. —asiento con profesionalismo, captando cada detalle de su prestigiosa apariencia y el aura de autoridad que emana de él.
Henry, es un hombre joven de tan solo treinta y cinco años, irradia una presencia imponente con su estatura de 1,90 metros. Sus ojos azules brillan intensamente sobre su tez pálida, destacando en su rostro. Su cabello castaño oscuro, perfectamente peinado hacia atrás con un toque de gel, agrega un toque de sofisticación a su apariencia, pero sin llegar a ser demasiado rígido. Su porte elegante y seguro de sí mismo lo convierten en una figura imponente
Tiene un rostro increíblemente equilibrado y bien definido, donde cada rasgo resalta su atractivo natural. Su mandíbula cuadrada le da un aspecto fuerte y masculino, con una sutil hendidura. Pero lo que realmente lo destaca es su sonrisa deslumbrante, que ilumina sus ojos y curva sus labios en una expresión cálida y acogedora, aunque no suele mostrarla muy seguido. Cada vez que sus labios se estiran en una sonrisa leve y discreta, apenas perceptible pero que resalta su encanto irresistible. Es difícil apartar la mirada de su rostro cautivador, y cada detalle contribuye a su atractivo magnético. Su altura es impresionante, con una constitución atlética pero sin exagerar en musculatura. Viste una camisa blanca, abotonada hasta el cuello, con corbata y su traje color gris oscuro que le da un aire de elegancia y sofisticación, pero su postura es relajada y sin pretensiones.
En general, es un hombre atractivo, de esos que llaman la atención sin esfuerzo, pero su atractivo no proviene solo de su aspecto físico. Hay algo en su manera de moverse, de hablar, de mirar, que sugiere confianza y carisma. Sin duda, es alguien que inspira curiosidad y una seguridad indestructible.
—Necesito que se encargue de un asunto personal.
Me sorprende escuchar esto. Alekrara vez mezcla su vida personal con el trabajo. Sin embargo, no me permito mostrar mi sorpresa y mantengo una expresión seria en mi rostro mientras espero a que me explique de qué se trata.
—Se trata de mi divorcio —expresa Aleken voz baja— Mi esposa y yo hemos estado teniendo problemas durante meses, y finalmente hemos decidido seguir caminos separados.
No puedo creer lo que estoy escuchando. Según lo que he escuchado, Aleky su esposa han sido una pareja estable durante años; ella es alemana al igual que él y parecían tener una relación sólida. Pero aquí está, frente a mí, pidiéndome que maneje su caso de divorcio.
—Entiendo, señor Rustav—respondo con calma— Pero estoy cargadísima de casos en estos momentos.
Decirle que no a Alekes como desatar o desafiar al mismísimo infierno, y digamos que soy toda una experta en desafiar al mismísimo Lucifer si me toca.
—Lo sé, es por eso que he asignado parte de sus casos a Paul, él es uno de los mejores abogados de la firma, al igual que usted.
—Pero son mis casos...
—Sí, recibirá el mayor porcentaje y Paul recibirá el mínimo —responde arqueando una ceja con cierta inquietud. Alekodia ser cuestionado por sus decisiones, aunque no tome en cuenta a nadie en estas.
—¿Cómo puedo ayudarlo señor Ivanov? —Intento no ser grosera porque no quiero que me despida, pero es un hijo de perra y en mi cabeza no dejo de llamarlo cabrón.
¿Quitarme mis casos sin mi consentimiento?
Alekme explica los detalles del caso y me entrega los documentos necesarios para empezar a trabajar en él. Siento un gran peso sobre mis hombros al darme cuenta de que seré responsable de ayudar a mi jefe, conocido por ser perfeccionista y arrogante, a navegar por uno de los momentos más difíciles de su vida.
—He decidido que sea usted, porque conozco sus habilidades y conocimientos. Es una de las mejores abogadas de la firma, y se le da muy bien manejar casos de divorcios y asuntos familiares. Aunque podría contratar al mejor abogado de familia del país, prefiero que usted se encargue.
¿Se supone que debo agradecerte Lucifer?
—Perfecto, agradezco que me tome en consideración —miento.
—Le estaré enviando toda la documentación y la pondré en contacto con el abogado de mi esposa.
—Por supuesto, estaré al tanto, señor Rustav—finjo una sonrisa, y créeme, se me da muy bien.
—Puede retirarse —me señala la puerta de madera oscura.
Asiento, me levanto y camino hasta la puerta.
Salgo de su oficina y recorro el pasillo, sintiendo la presión de mis recién adquiridas responsabilidades. Aunque sé que tengo el conocimiento y la experiencia para manejar el caso de Henry, no puedo evitar sentir una sensación de incertidumbre sobre lo que vendrá después.
Pero sé que debo mantener la compostura y hacer mi trabajo lo mejor posible. Me armo de valentía y comienzo a trabajar en el caso, con la esperanza de que pueda ayudar a mi jefe y salir de este maldito lío lo más rápido posible.