2

1244 Words
Viernes por la noche, me encuentro en mi apartamento con la laptop sobre mi regazo, vistiendo mis pijamas favoritos y con una copa del vino más exquisito de mi despensa. Mientras hablo con Olivia y Cassandra a través de FaceTime, estamos teniendo una de nuestras conversaciones típicas de los viernes por la noche, mientras me relajo después de una larga semana de trabajo. Sin embargo, esta vez algo es diferente. Estoy nerviosa porque seré la encargada del divorcio de nuestro jefe, Henry. Le cuento a Olivia todos los detalles sobre la reunión que tuve con él esta mañana, cómo me pidió que dirigiera su divorcio, algo que nunca había hecho antes. —Bueno, nena, parece que Alek confía en ti para llevarlo a cabo —me responde Olivia, mostrando cierta sorpresa—. Sin embargo, hasta Paul se sorprendió de que no se lo pidiera a él y sí a ti. —¿Paul lo sabía? —pregunto, sorprendida. —Sí, pues claro, cariño, Paul y Alek son muy amigos —dice arqueando las cejas. —¿Y qué le dijo? ¿Le explicó por qué yo? —cuestiono más interesada. —Le dijo que eras muy buena en eso y que confiaba en dejártelo en tus manos —comenta Olivia mientras lleva el jugo de naranja a sus labios, y yo me quedo pensativa. —Tierra llamando a Caro —grita Cassandra desde el otro lado de la cámara. —Confieso que, a pesar de su apariencia posesiva y calculadora, siento una extraña sensación de que podría ser todo lo opuesto a lo que aparenta ser. Es algo confuso intentar descifrarlo. —Tranquila, es normal que te sientas así, es AlekRustav—responde Olivia, poniendo los ojos en blanco. Mientras seguimos hablando, me doy cuenta de que estoy bebiendo demasiado vino, probablemente debido a mis nervios. —Ahora háblanos claro —interviene Cassandra, arqueando ambas cejas con esa expresión traviesa que tanto la caracteriza—. ¿Qué se siente pasar mucho más tiempo con el jefe más bombón del mundo? Todas desearían poder estar así de cerca; yo estoy de psiquiatría siendo su asistente. Créeme, no es la típica relación ilícita donde su asistente folla con el jefe, es todo lo contrario, me hace la vida de cuadros igual que a todos y apenas me mira, es un arrogante amargado. —se queja entre risas. Todas comenzamos a reír a carcajadas. —Bueno, no puedo negarlo, el tipo está bueno y sólido como un semental —comento con un gesto de complicidad—. Es excitante y muy atractivo, pero con esa personalidad arrogante, no le metería mano. —Sabe que está bueno y sabe que todas se mueren por estar en su cama —dice Olivia encogiéndose de hombros. —Todas, menos yo cariño.— me defiendo frunciendo el ceño. —Ay, vamos, no seas tan dramática y mentirosa —exclama Cassandra riendo a carcajadas. —Paul dice que tiene rotundamente prohibido estar con alguien de la firma, jamás se ha tirado a nadie de la firma. Según Paul, odia mezclar el sexo con los negocios —explica Olivia. —Por Dios, ¿cree que alguien le creerá eso? —digo con sarcasmo. —Paul conoce todos los secretos de ese hombre, créeme, son muy cercanos, casi como familia, y dice que Alekes muy estricto y sigue las reglas al pie de la letra. Además, está "casado" y no es infiel —asegura Olivia. —Cariño, por Dios, es hombre, ellos solo piensan con el pene —vuelvo a debatir, sacudiendo la cabeza— A mí no me engaña, debe tener una diferente para cada noche. Recibo un mensaje de Ian, quien vendrá a traerme comida asiática. —Bueno, nenas, las dejo porque pronto llegará mi "delivery uniformado" favorito —bromeo, arqueando ambas cejas. —Y el "polvazo" de la noche —añade Cassandra, riendo a carcajadas. —Adiós, las amo —grito y corto la llamada. Deposito la laptop sobre la mesa y me apresuro a mi habitación. Me encuentro frente al espejo y dedico unos momentos a arreglar mi largo cabello, que cae en suaves cascadas sobre mi espalda. Luego, aplico un toque de colonia y me deslizo en un conjunto de lencería de dos piezas en delicado encaje sexy. Escucho el timbre sonar, y una sonrisa se dibuja en mis labios mientras me apresuro a abrir la puerta. —Buenas noches, ha llegado el delivery —Ian saluda con una sonrisa pícara, sosteniendo varias bolsas de comida asiática en sus manos. —Oh, mi delivery favorito —susurro con anticipación, y le doy un beso rápido en los labios. Ian es mi amigo con derechos, aunque esa es solo una parte de nuestra relación. Nos conocemos desde hace bastante tiempo, y él es el sargento de la comandancia de San Francisco. Su posición implica una combinación de instrucción, adiestramiento, coordinación y supervisión de los efectivos subordinados a su cargo. Es el escalón intermedio entre los oficiales y la tropa, liderando con determinación y habilidad. Ian es joven y atractivo, con veintisiete años como yo. Su cabello castaño ondulado enmarca unos ojos hazel oscuros que destacan en su rostro, y su cuerpo está esculpido y tonificado por su dedicación al ejercicio. Además de su apariencia, Ian es una persona de valores sólidos y una pasión contagiosa por lo que hace. Mientras él coloca la comida sobre la mesa de centro de la sala, lo tomo del brazo y lo atraigo hacia mí. Coloco mis manos en su cuello y lo beso con deseo, anhelando la liberación que solo él puede ofrecerme en este momento de estrés. —La comida puede esperar —susurro entre besos. Ian desciende sus manos hacia mi trasero y, con firmeza, aprieta mis nalgas. Me levanta y me coloca sobre él, rodeando mis piernas alrededor de su cintura. Caminamos juntos hasta el sofá, donde nos sentamos. Separándose de mi boca, comienza a besarme el cuello. Arqueo la cabeza y cierro los ojos, deleitándome con la sensación de sus labios húmedos sobre mi piel, excitándome con cada caricia. Sus manos se deslizan bajo mi corto short. Al darse cuenta de que no llevo bragas, me atrae hacia sus labios. Abre su boca, permitiendo que mi lengua explore la suya cálida. Nuestros movimientos son sincronizados, aumentando la pasión entre nosotros. Desabrocho su pantalón con manos hábiles y ávidas, introduciendo mi mano para tocar su m*****o erecto. Lo saco y, con urgencia, busca un condón en su bolsillo. Con destreza, lo abre y lo coloca rápidamente. Sujetando su m*****o con mis manos, me elevo ligeramente, guiando su glande hacia la entrada de mi sexo mojado. Lo introduzco lentamente, gimiendo suavemente al sentirlo dentro de mí. Una vez completamente unidos, comienzo a moverme con gracia, sintiendo cómo su jadeo se une al mío en una melodía de placer. —Dime cuánto lo disfrutas Ian —le susurré en sus labios, mordiendo su labio inferior mientras movía mis caderas sobre él. —Nena, lo disfruto demasiado —murmura contra mi cuello, sus palabras provocan un estremecimiento en todo mi cuerpo. —Oh Dios, quiero correrme —gimo, incrementando el ritmo de mis movimientos. Siento las palpitaciones de su m*****o dentro de mí, y él me toma de las caderas, ayudándome a moverme con más rapidez. Me encanta cómo me hace llegar al clímax de esta manera. Creo que esta posición se ha convertido en mi favorita para alcanzar el éxtasis.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD