Mis tacones resuenan en el lugar, llenando cada rincón con su sonido distintivo mientras golpean el suelo de cuarzo n***o del edificio. El repiqueteo agudo y constante de mis pasos crea una banda sonora acelerada, que refleja mi pulso acelerado. Cada latido de mi corazón parece una carrera de maratón, impulsando adrenalina por mis venas y llenándome de energía intensa mientras avanzo con determinación.
Visto unos elegantes pantalones de tela beige, ceñidos hasta las rodillas y luego ensanchados ligeramente, terminando justo encima de mis tobillos. Los acompaño con unos tacones beige de suela roja Louboutin, añadiendo un toque de sofisticación a mi atuendo. Mi blazer, en el mismo tono beige, aporta una imagen pulida y profesional. Una blusa verde menta, con botones de satén, resalta el brillo en mis ojos gris oscuro y crea un contraste vibrante con mi cabello n***o suelto y ondulado. Con elegancia, sostengo mi cartera mientras me acerco al elevador y presiono repetidamente los botones, esperando ansiosamente que las puertas se abran.
—¡Maldición, llego tarde, llego tarde, llego tarde!— murmuro luchando con el elevador.
Consulto el reloj en mi muñeca y veo que marca las ocho y dos de la mañana, cuando mi hora de entrada era a las siete y cincuenta y cinco.
—¿Por qué diablos elegí estos tacones? — me quejo en voz alta, frustrada.
Finalmente, el ascensor llega y me subo apresuradamente. El hombre a mi lado sonríe lentamente.
—Creo que esos zapatos son bonitos, pero también son el principal enemigo de una mujer.— comenta el hombre mientras ascendemos.
Le echo una mirada y su comentario me saca una risa. Cuánta verdad en tan pocas palabras.
—Dios, tienes toda la razón. ¡Gracias!, necesitaba escuchar eso hoy.— le respondo.
Y es que Alekdecidió anoche enviar un correo electrónico anunciando una reunión a las ocho de la mañana, ¡maldición! Y justo la interrumpo. Abro la puerta y todos se quedan mirándome. ¡Qué vergüenza! Acabo de interrumpir la presentación que estaba en curso.
Alekestá parado frente al proyector encendido, su expresión es impasible, pero noto una tensión evidente en su mandíbula, que se contrae con fuerza. Sus cejas están ligeramente fruncidas, mostrando su irritación. Sus labios están apretados en una fina línea, y puedo percibir una mirada fría y penetrante dirigida hacia mí. Sus ojos azules, normalmente tranquilos, ahora están chispeantes de molestia, y su postura rígida revela su clara incomodidad por mi tardanza y la interrupción en la reunión.
Mis colegas dejan de mirarme cuando tomo el asiento libre al lado de Paul. Trago hondo. Alekme observa con una mirada llena de decepción y enojo. Acabo de desatar una tormenta en el infierno al inicio de la semana. Hoy, lunes, perfecto Anastasia .
Alekcontinúa con la reunión, pero puedo sentir el peso de su desaprobación sobre mí durante todo el tiempo. Cada palabra que pronuncia parece cargada de un resentimiento silencioso.
Me siento incómoda y avergonzada por haber llegado tarde por primera vez a una reunión. Normalmente soy muy puntual y perfeccionista en cuanto a mi trabajo se trata. Cuando Alekfinaliza la reunión, todos se levantan y comienzan a salir de la sala de juntas. Yo me pongo de pie y tomo mis cosas.
—Señor Ivanov. — me acerco con toda la vergüenza del mundo. — Quiero disculparme por llegar tarde y también por haber interrumpido.
—La quiero en mi oficina en cinco minutos. — responde con frialdad, toma sus cosas y sale, dejándome allí, sintiéndome como una completa idiota, como si fuera una payasa en un circo.
Camino hasta mi oficina, dejando todas mis cosas. Tengo montones de llamadas perdidas de clientes y colegas. Mi bandeja de entrada de correo electrónico está a punto de explotar. Suspiro y subo a la oficina de Henry.
Antes de tocar la puerta del señor ogro, soy perfecto y puedo con todo. Inhalo profundamente y toco dos veces. Escucho su permiso para entrar, así que giro el pomo y entro. Camino torpemente hasta la silla frente a su escritorio y tomo asiento.
Alekavanza con determinación hacia su escritorio, deslizando con elegancia sus zapatos de diseño sobre el suelo de la oficina. Se acomoda en el borde del escritorio, cruzando las piernas con una elegancia innata que contrasta con la tensión que he creado en el ambiente. Mis ojos siguen cada movimiento mientras observo cómo sus dedos aprietan con fuerza la superficie pulida de madera, sus nudillos blancos resaltando contra el oscuro tono del escritorio por la presión que ejerce sobre este.
—Señorita Collin, debo preguntarle si puedo confiar en usted para cumplir con sus responsabilidades y respetar los plazos de esta firma. — dice con un tono molesto e irónico, su mirada penetrante clavada en la mía.
«¿Acaso mi trabajo hasta ahora no ha demostrado más que eso señor perfecto que no comete errores?»
—¿Perdón? —susurro en respuesta, con la mirada clavada en sus ojos.
Trago hondo, sintiendo la tensión en el ambiente. Cruzando las piernas nerviosamente, mi pie se mueve ansioso. Llevo la punta de la pluma hasta mi boca, mordiéndola con mis dientes mientras él continúa.
—Sí, porque llegar tarde a una reunión mía, tu jefe, el dueño de la firma, puede tener consecuencias negativas para su carrera y la percepción que tanto yo como otros colegas tenemos de usted en la empresa. En primer lugar, puede interpretarse como una falta de respeto hacia mí y hacia los demás colegas que llegaron a tiempo. —escupe furioso, tensando su mandíbula con fuerza.
—Realmente, si le soy honesta, no creo que eso afecte mi reputación. Es la primera vez que algo así sucede de mi parte, siempre he dado mi cien por ciento para esta empresa, señor Ivanov, y si lo sintió como una falta de respeto, le pido disculpas. Es lo más que puedo hacer...—me defiendo cruzándome de brazos, mientras Alekarquea una de sus cejas.
«¿Quiere jugar a ser orgulloso?, entonces le entro al puto juego.».
Lo miro directamente a los ojos, sin dejar que mi expresión se altere. Sé que debo mantener la calma y no dejarme intimidar por su actitud de perro arrogante.
—Pero ¿sabe qué es lo peor de todo, señor Ivanov? —continúo hablando.— Que en lugar de preguntarme si había ocurrido algo o si necesitaba ayuda para cumplir con mis responsabilidades, usted me trata como si fuera una delincuente que acaba de cometer un crimen grave.
Alekme mira fijamente, pero esta vez noto que su expresión se suaviza un poco. Los músculos de su rostro se relajan ligeramente, revelando una faceta más comprensiva. Su mirada, aunque intensa, ahora parece contener un destello de reconocimiento. Observo cómo sus ojos oscuros escudriñan los míos con curiosidad y una pizca de interés. Una pequeña sonrisa amenaza con curvar sus labios, pero la reprime, manteniendo una compostura profesional.
—De acuerdo, señorita Collin. Le concedo que ha sido la primera vez que llega tarde a una reunión. Pero en esta empresa, la puntualidad es una de las virtudes más valoradas. Espero que no vuelva a ocurrir en el futuro.— Su tono es firme pero no excesivamente severo, lo que me hace sentir un leve alivio. Asiento con la cabeza, demostrando mi acuerdo con sus palabras. Aunque en mi interior, me siento aliviada de haber logrado defenderme y de que no haya sufrido mayores consecuencias por mi tardanza.
—Antes de que se retire, quiero preguntarle si leyó todo el expediente del divorcio que le envié y ¿cómo está trabajando en eso? —suspira, desviando la mirada hacia los documentos dispersos sobre su escritorio.— Mientras más rápido hagamos esto mejor, créeme que es el peor caso que le tocará, Indira no es una mujer fácil y quiero salir de ella lo antes posible.
—Sí señor Ivanov, lo leí en detalle y ya estoy trabajando en ello. Como sabe, estos procesos pueden ser complicados y pueden demorar, pero estoy haciendo todo lo posible para que se resuelva lo antes posible. También leí sobre lo que pide en cuanto a custodia compartida. —Mi voz suena firme y comprometida mientras respondo a AlekIvanov, manteniendo mi postura con determinación.
Me había percatado en los documentos de que AlekRustavtiene un hijo de seis años con su esposa, lo que añade una capa adicional de complejidad al caso.
—Gracias por su dedicación en esto. Sé que es un trabajo difícil, puede retirarse señorita Collin. —Su agradecimiento es sincero, aunque su tono sigue siendo serio y profesional.
Asiento en respuesta y me levanto para abandonar su oficina, sintiéndome un poco más segura de mí misma. Cierro la puerta tras de mí con un suave clic, llevando conmigo la convicción de que debo seguir esforzándome al máximo en mi trabajo. A fin de cuentas, es lo que importa realmente en esta empresa, más allá de las opiniones y actitudes del jefe.
Al salir, una sensación de poder y determinación me embriaga. ¡Qué perra eres, Anastasia !