Tres días.
Tres días era lo que faltaba para el anhelado cumpleaños de la joven de cabello n***o, desde aquel beso con su hermano no había dejado de pensar en bailar con él el vals correspondiente, sería como si bailara con su príncipe de ensueños. Sus vestidos ya estaban en su closet, perfectamente ordenados, la chica lo que más ansiaba era que esos días intermedios pasaran lo más rápido posible. Ya había salido del período escolar también, así que disfrutaba lo más que podía sus vacaciones, al tiempo que la pasaba con Christopher.
Esa misma noche Hanna tenía trabajo, así que los chicos decidieron ver una película. Jilliane preparó una buena taza de palomitas de maíz mientras Christopher compraba unos refrescos, papitas fritas, tostones y demás, oh sí... de pura chatarra se iban a alimentar aquella noche, después de todo, de vez en cuando no hace daño.
No decidieron ver nada de terror, ni de romance. Obviamente la tensión con esa clase de películas iba a generar una tentación bastante peculiar, y el chico no quería llegar a límites elevados con la menor, pues aún era algo complicado y era menor de edad; sí, eso a Christopher le importaba, quería hacerlo todo correcto y a la antigua, tal como su madre le había enseñado. De igual forma, sus cuerpos se apegaron a lo que la película transcurría, ella podía sentir el aroma varonil del pecho contrario, mientras él olfateaba el delicioso olor a rosas del cabello de la joven, entre comer, comer y beber, comenzaron las charlas y risas; no tanto por la película, pues era muy mala, si no entre sus propias pláticas. Jilliane se alejó un poco de su hermano para dirigir la mirada a los ojos de este, y luego a sus labios, su corazón comenzó a acelerarse al recordar el primer beso, divagando en sus pensamientos, su rostro de anonadada y totalmente enamorada.
— Jillane... —susurró con suavidad—. No nos besaremos por ahora... déjame cumplir al menos lo que quería que fuera nuestro primer beso.
La chica despertó de su sueño al oír sus palabras que generaron cierta confusión.
— Por culpa de Diana... y obviamente tuya, tuve que besarte antes de tiempo. No me desagrada ni me arrepiento de haberlo hecho, pero, realmente tenía en mente que nuestro primer beso fuera de otra manera.
— Está bien, al cabo que ni quería besarte, feo.
Ambos comenzaron a reír ante aquel chiste, era obvio que querían llenarse de besos, pero ella respetaba los deseos del contrario. Él abrazó a la chica hasta el final de la película.
...
¡Al fin el día había llegado! Christopher abrió los ojos de par en par, levantándose de la cama como si esta ardiera en fuego, fue corriendo hasta la habitación de la chica pensando que estaba despierta pero ella aún dormía plácidamente, se acercó sin hacer mucho ruido hasta la cama, sus cabellos estaban alborotados, regados por todo su dulce rostro, esto le provocó una ternura irremediable al mayor, con cuidado se arrodilló, apartó sus cabellos y besó su frente con suavidad. La joven abrió con gran lentitud los ojos, sonriendo al ver a su Adonis a primera hora.
— Buenos días preciosa cumpleañera... Feliz cumpleaños, princesa.
No podía iniciar mejor su mañana, un beso en su frente, ver a su chico frente a ella y ser el primero en ver y oír, escucharle llamarla preciosa y princesa, y ser el primero en felicitarla en sus 16 años. Con una sonrisa pudo responder en voz baja al chico mientras llevaba su mano derecha hasta su mejilla.
— Gracias... es el mejor despertar que he tenido, Chris.
— Aún queda bastante día por delante. Levántate, que tienes mucho que hacer para prepararte para esta tarde.
Acto seguido el joven se marchó de la habitación de la fémina, por lo que esta se levantó y vistió con rapidez para bajar a saludar a su madre, luego correr al baño a cepillarse los dientes y peinarse, este día sería algo agotador, pero a las siete de la noche, todo valdría la pena.
Madre e hija se fueron luego del almuerzo, toda la mañana estuvieron preparando los dulces, comidas y bebidas que se darían en la reunión de la noche. Entre peinado, manicura, pedicura y maquillaje, se hicieron las casi las seis de la tarde
Rápidamente se fueron al salón de la reunión, Christopher ya estaba allí con los alimentos y vestidos de la chica. Los invitados ya estaban llegando, sentándose a la espera de la salida de la hermosa señorita en su vestido junto a su apuesto caballero.
Luego de unos 15 minutos, la chica estaba lista. Su vestido era hermoso, era de un color rojo intenso, en su blanca piel le hacía resaltar en todos los aspectos, no era un vestido "abombado" como suelen usar la mayoría de las chicas o como otros le dicen, tipo princesa, de hecho, era bastante simple. Su caída era en cascada, con trozos de tela que simulaban una rosa, su torso ajustado, sin hombreras, solamente una delicada tela recorría la parte izquierda de su pecho, hombro y espalda.
Preparada ya para salir, Hanna le entregó a su hijo aquella hermosa princesa de rojo, éste se sonrojó apenas verla, estaba tan preciosa que no podía evitar siquiera disimular. Su madre le golpeó con suavidad su cabeza mientras ambos reían.
— Mamá, conste que la voy a cuidar de esos zamuros.
— Sí, sí... cuida a la señorita. Jillie, hija, de verdad estas hermosa, ¡Ah! ¡Tomaré muchas fotos hoy, y cuando bailen! No puedo esperar más. Iré a avisar que están listos.
La madre se fue, dejando a los jóvenes solos. Jilliane se acercó a él estando un poco tímida.
— Chris... me gusta cómo te ves en traje.
— Ah, ¿sí? Quizá intente vestirme así más seguido para ti.
— Eso me encantaría.
El chico la tomó de la cintura, apegándola con delicadeza hacia él, sus corazones estaban por estallar, sus ojos no podían mirar otra cosa que no fueran las pupilas contrarias. Con suavidad el chico se inclinó hasta besar su frente, luego se dio media vuelta hasta hacer que la chica cruzara su brazo con el suyo.
—¿Estás lista?
— Sí.
El vals comenzó a sonar, ambos salieron al escenario con un público maravillado, aplaudieron la hermosa entrada, las luces rojas hacían que la chica reluciera aún más, ambos mostraron su baile, incluso para el público lucían como amantes, cosa que en realidad era. Luego de un rato de aquel llamativo baile de hermanos, ambos bajaron hasta la pista, para que los demás invitados bailaran con la hermosa chica.
Primero Hanna, luego el abuelo, el tío Sonny, y luego los demás invitados. Christopher mantenía la mirada fija en John y Jean, los demás chicos poco le importaban, ellos dos eran su problema desde que éste tenía quince años. Ambos chicos al bailar con Jilliane estaban sonrojados y admirados por aquella doncella. Antes de que éste se terminara de enojar por estos dos, su madre le indicó que podía volver a tomarla para ya acabar con la tradición del vals. Sin pensarlo mucho, caminó hasta la pista y apartó la mano de Jean sobre la de Jilliane, la arrebató de su lado como cual ladrón. La chica le sonrió al notar el rostro tenso y serio del joven, mientras veía a Jean alejarse con cara de pocos amigos, al minuto siguiente ambos con una reverencia ante los invitados indicó el fin de aquel espectacular inicio de fiesta, culminando nuevamente con un gran aplauso.
Un rato de fotos, luego de aperitivos, risas, y más fotos. Todos estaban emocionados por fotografiarse con la protagonista de la fiesta. Cuando por fin la chica fue dejada en paz para cambiarse de traje, fue secuestrada por su hermano, el cual la llevó hasta un floreado balcón que daba vista al jardín de aquel salón de fiestas. La chica estaba maravillada con aquella vista dirigiendo luego su mirada hasta aquel chico que robó su corazón.
— Le dije a mamá que debíamos hacer tu fiesta aquí. Sé que te gustan las flores.
— Entonces... escogiste muy bien, este lugar es maravilloso.
— En especial éste balcón. — Tomó sus manos acercándolos hasta sus labios, dejando un beso en estos—.
— Jilliane, ¿quieres arriesgarte realmente en lo nuestro? —la joven un tanto confundida, asintió—. ¿Segura? Si hacemos esto no será nada fácil, pero haré lo posible por hacer que funcione.
— Chris... ¿Qué quieres decir?
— No he salido con ninguna chica otra porque mis ojos están fijos solamente en ti. Pero según unos papeles, somos hermanos, esto sería incesto y algo inaceptable. Por eso quiero luchar porque te quiero como mi mujer, jamás dejaría que alguien te aparte de mi lado, ¿entiendes? Pero solo si tú deseas lo mismo.
— Entonces...
— Shh.. —posó su dedo índice en sus labios para que dejara hablarle a él solamente—. Jill, ¿me quieres, deseas estar a mi lado como yo deseo estar contigo? Es algo eterno mis sentimientos.
— Sí.
— Entonces será una promesa. Te prometo que desde hoy mi mente se encargará de pensar cómo resolver este problema, hablaré con mamá, así me abofetee cuando le confiese, no voy a rendirme. Haré hasta lo imposible para que acepte lo nuestro.
Su cuerpo se acercó al ajeno mientras la tomaba una vez más de la cintura para juntar sus labios con los contrarios, sus labios eran tan suaves que el placer de sentirlos unidos a los suyos hacía que no quisiera separarse jamás de ella, Jilliane llevó sus manos hasta el pecho, acariciándole con suma ternura.
Un beso suave y lento... el tiempo se detuvo de una forma casi literal para ellos. Luego de un rato y para tomar oxígeno, se separaron, mirándose el uno al otro con un muy notorio sonrojo, ambos rieron suavemente.
Seguidamente y aún con una sonrisa, Christopher puso una rodilla en suelo mientras con una mano tomaba la mano derecha de la joven.
— Te prometo, que haré hasta lo imposible para que nuestra relación sea un hecho verídico. Jamás me rendiré, ni aunque me pongan quinientos mil obstáculos en el camino.
— Entonces es una promesa. Te quiero…
Jilliane hizo levantar el chico para ambos terminar nuevamente en un beso mientras compartían calor en un abrazo.
"Salió mejor de lo que esperaba esta velada nocturna... mi Jillie".