JASON —Tengo que reconocértelo, chico, tienes cojones para venir aquí y exigir mis servicios de esta manera—Don Varacalli enarcó una ceja, reclinándose en su asiento mientras nos sentábamos en su despacho. —Bueno, creo que hay alguien con quien le gustaría tener unas palabras—me encogí de hombros mientras él entrecerraba los ojos con curiosidad. —¿Y quién sería? —¿Te suena Marcus Sasz? —Bastardo—, gruñó en italiano. —¡Le cortaré las pelotas a ese hijo de puta y se las daré de comer a la merda cuando le ponga las manos encima! —Entonces, eso significa... —¿Dónde coño está entonces?— Interrumpió, una ligera sonrisa apareció en su rostro. —En un almacén a unas horas de aquí—, respondí mientras se levantaba. —Solo hay una puta que haga el trabajo sucio en un almacén—murmuró, sacando u

