Después de un rato me pareció que ya era mi turno la giramos de frente a mí, nos besamos e inmediatamente buscó mi pene y yo no dejaba de acariciar su ya lubricado clítoris; mordía sus labios y acariciábamos nuestras lenguas mientras me desabrochaba el pantalón y sacaba mi falo. Tomé su cabeza y la dirigí hacia abajo, sentí sus labios besarlo y abrirse para chuparlo completo (le encanta llenármelo de saliva). Sentí sus dientes oprimirlo suavemente por los lados y su lengua lamerlo desde los testículos hasta la punta varias veces cual caramelo, después sus labios lo oprimieron desde la base y comenzaron a subir y bajar sobre él, como siempre primero comenzó despacio y aceleró poco a poco el ritmo. Carlos la tomó por la cintura e intentó bajarle el pantalón, ella levantó un poco la cadera y

