Toda la vida se había imaginado aquel momento. Había tratado de adivinar cual sería el sentimiento que la invadiría cuando le dijeran que estaba dentro del clan de los Black Night. Pero ahora que lo había logrado, no sabía que era lo que estaba sintiendo. Era una mezcla se emociones que estaba revolviéndole el estómago, incluso llegando a darle dolor de cabeza; esto nunca le había pasado.Y recordar a aquel lobo n***o de ojos color plata no mejoraba la situación, es más, la empeoraba.
Cuando trataba de analizar todo lo que había ocurrido durante la prueba, sus pensamientos la llevaban una y otra vez hacia ese hombre. No podía dejar de pensar en él. ¿Quién era? Tendría que ser alguien muy importante o de desempeño superior para que lo hayan puesto en aquel punto de la prueba. Su físico era impresionante, eso sí, la chica no había visto un lobo más alto ni con el cuerpo más definido que el de aquel hombre, su espalda era tremendamente ancha y sus manos, aunque vistas de lejos, juraría que eran casi el doble de grandes que las de ella. Y ni hablar de su rostro bien definido con facciones sumamente masculinas.
Su mente no dejaba de reproducir la escena en la que aquel hombre paso a ser un lobo enorme haciendo que sintiera algo que era desconocido para ella. Un escalofrío extraño la invadió de pies a cabeza obligándola a cerrar los ojos por un momento.
- ¿Te encuentras bien?
Al abrir los ojos se encontró con el niño viéndola fijamente con un gesto de preocupación. Ella con un poco de sorpresa analizo su alrededor notando que se encontraba en medio del bosque. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no había notado que, desde que le habían devuelto su maleta, había estado caminando por el bosque en compañía del niño. Sacudió un poco su cabeza para despejar su mente y continúo caminando.
- Estoy bien – dijo sin siquiera mirarlo.
- Si tú lo dices – respondió encogiéndose de hombros - ¿A dónde vamos? – dijo este después de unos segundos de silencio.
- Al clan de los Black night.
- ¿Y como sabes que es hacia allá y no por acá? – Dijo el niño señalando la dirección opuesta a la que estaban caminando.
- Porque he leído.
- ¿Cuál?
Alice se detuvo, giro su cuerpo hacia el niño para verlo de frente y cruzo sus brazos sobre su pecho. ¿Es que no se cansaba de hablar? Muy poca gente notaba lo valioso que era el silencio y era más que obvio que aquel que la acompañaba no era uno de esos. Después de observarlo de manera gélida y notar que el niño ni se inmutaba, simplemente respondió.
- Ubicación Geográfica Volumen II. Capitulo cinco, párrafo tres: “Una estrella de pino han de encontrar, su punta más larga los ha de guiar y al clan de los Black Night irán a parar”. – Termino de recitar la chica mientras que con su mano derecha señalaba hacia atrás suyo, mostrándole al niño la estrella hecha de pino que se nombraba en aquel libro.
- Vaya, tu debiste haber sido parte de los Gibosa Menguante. No conozco a nadie a parte de nosotros que se conozca ese libro de esa manera, además el color lila te quedaría bien. – Dijo el niño sonriendo para mostrar su aprobación. – Muy bien, continuemos.
Alice rodo los ojos mientras reanudaba su camino detrás del niño. El recorrido siguió sin ningún problema y sin ningún afán. El silencio era adornado por los sonidos del bosque y los animales que allí habitaban, siendo interrumpidos de vez en cuando por pequeños comentarios del niño y uno que otro tarareo. La compañía de aquel niño le agravada a Alice, no era un silencio incomodo donde te sudan las manos y buscas de manera urgente algo que decir o un tema de mutuo interés que abordar, era más de esos donde sabias que estabas acompañado y eso era suficiente. Sin embargo, a la chica le surgió una duda y no planeaba dejarla sin resolver.
- Cuando nos separamos y subiste a la copa de los árboles… ¿Qué fue lo que hiciste? – el niño volteo a verla con cara de confusión – Me refiero a porque tardaste tanto en llegar al punto de finalización de la prueba, estuve analizando y estaba segura de que podrías haber llegado mucho antes que yo.
El niño se quedo callado, pensando en que decir mientras miraba al suelo sin dejar de caminar. Volteo a ver a la chica y soltó un suspiro.
- Mira, no se que tienes, pero me agradas y me generas mucha confianza, así que seré sincero contigo ¿está bien? – la chica asintió esperando que su acompañante siguiera hablando – Cuando subí a la copa de los arboles simplemente me quede ahí, sin moverme, esperando a ver que pasaba. No me pareció correcto dejarte sola, pero tampoco tengo la capacidad de ayudarte durante una pelea porque… mírame, no tengo ni el cuerpo ni las capacidades físicas para poder darle frente a un guerrero en una pelea, simplemente estorbaría y te haría las cosas más complicadas. Por eso preferí observar desde lejos pero no pude avanzar sin ti, por lo que iba avanzando a medida que tú lo hacías.
- Eso quiere decir que pudiste ver todo lo que paso ¿verdad?
- Aja, y déjame decirte que te admiro, nunca vi a alguien luchar de esa manera y salir ileso. Mucho menos una chica… sin ofender – apresuro a decir para que la chica no se tomara su comentario a pecho.
- No te preocupes, se a lo que te refieres. Lo que no me queda claro, es porque te demoraste tanto en saltar al lago.
- Ah eso – dijo rascándose la cabeza mientras soltaba una risa nerviosa – Si quieres la verdad y por si no lo has notado, no soy el más valiente del mundo, y al ver aquel lago sentí una energía extraña saliendo de él y tuve el presentimiento de que algo no andaba bien. No sabía que había ahí y me daba miedo averiguarlo, así que espere a que tu saltaras primero. Iba a saltar detrás de ti, te lo juro, pero me detuve a observar algo. Al ver que te demorabas tanto me asuste y pensé que ibas a necesitar ayuda, pero justo saliste a flote sin ningún rasguño ni nada, así que salte al no ver ninguna amenaza y bueno, aquí estamos.
- ¿Entonces asumiste que en el lago no había ninguna amenaza porque no me viste herida?
- Exacto
- ¿Me creerías si te dijera que te equivocas? – el niño frunció el ceño nuevamente, ya se estaba acostumbrando a hacer dicho gesto – Si había algo en ese lago… así que tu presentimiento fue correcto.
- Rayos, lo sabía. Me estaba convenciendo a mí mismo de que no había nada para poder tener el valor de terminar la prueba, pero algo no me cuadraba del todo. Mis presentimientos nunca fallan... – Se quedó callado por un momento, como si recién se hubiera dado cuenta de lo que la chica había dicho - ¿Qué había en el lago? – Preguntó palideciendo.
- ¿Has escuchado sobre del tiburón anguila? – el niño se detuvo en seco y la miro con horror.
- No me digas que… - La chica solo asintió mientras seguía caminando. El niño la alcanzo trotando mientras trataba de procesaba que había estado en el mismo lugar que esa cosa sin saberlo – ¿Hablas de esos que son muy largos y grandes? – la chica volvió a asentir – En el mundo de los humanos llega a medir unos dos metros. Pero como estamos en el mundo oscuro, su anatomía debió mutar, haciendo que llegara a medir unos cuatro o cinco metros.
- Este media más de siete metros, unos ocho quizás. Y su grosor… no tenia idea de que podía existir uno asi.
- Pero eso es imposible. ¿Qué rayos hacen los Black Night con un animal así en su poder?
- Tal vez solamente lo encontraron y realizaron un trato con él para que hiciera parte de la prueba a cambio de algo. Aunque me parece curioso que no me atacara en cuanto salte al lago o en el tiempo que estuve allí.
- No lo entiendo ¿De donde salió? – Dijo tratando de encontrarle una respuesta razonable a aquella pregunta – Además es un animal extremadamente agresivo cuando entran a su habitad ¿Por qué dejarte ir sin más?
- Yo también me pregunto lo mismo… cambiando de tema, dijiste que ibas a saltar al lago detrás de mi pero que no lo hiciste porque te detuviste a ver algo -dijo ella mirando de reojo al chico que aún seguía pálido y pensativo - ¿Qué viste?
El chico se sorprendió por la pregunta de Alice, haciendo que su rostro y semblante cambiaran por completo. Abrió la boca para decir algo, pero la cerro al instante como si estuviera dudando en decirle o no a su acompañante lo que había notado. Después de un rato miro a la chica y sonrió.
- No se te escapa nada ¿verdad? – dijo soltando una pequeña risita que hizo que la Luna Llena recordara lo pequeño que era y creando dentro de ella una sensación de ternura. Ternura que obviamente no demostró – Bueno, como te he dicho antes, me caes bien y me generas confianza. Pero antes de decirte cualquier cosa quiero saber si yo te genero lo mismo; muchas veces me he pasado de confianza con quien no debo y termino siendo un bocón y diciendo cosas que no les agrada oír, metiéndome en problemas. Así que ¿Puedo ser sincero contigo? Porque si no mejor dejémoslo claro.
A la chica le llamo la atención lo sincero que había sido el niño y lo serio de su semblante al decir la ultima frase. Para demostrarle al niño que ella también tomaría el asunto con total seriedad, asintió firmemente haciéndole entender que podía ser sincero con ella y que no le traería problemas. El niño al ver el gesto de Alice soltó un suspiro, le alegraba por fin tener a alguien con quien podía ser sincero y hablar sin filtros.
- Cuando estabas a punto de terminar la fase III, cuando llegaste al claro del bosque y te encontraste con aquel licántropo de ojos plata… pude ver algo en él… algo que me causo mucha curiosidad.
- ¿Curiosidad? – Dijo Alice mientras sentía como su corazón empezaba a latir más rápido de lo normal y sintiendo nuevamente esa sensación extraña en el estomago al recordar nuevamente a aquel interesante hombre.
- Si. No estoy seguro de que sea lo que pienso, pues nunca he visto ni sentido nada de eso. Solo conozco esa situación por lo que narran los libros, pero… tuve el presentimiento de estar en lo correcto, y como te dije, mis presentimientos siempre son asertivos. ¿De verdad quieres saber que fue lo que creí ver entre ustedes? Mira que es un tema muy personal.
- Dime lo que sea que estes pensando – dijo la novata con un toque ansioso, sintiendo como la piel de su nuca se erizaba.
- Bueno, te lo digo. Nunca vi nada igual, pero estoy seguro que los ojos de ese lobo reflejaban…
- Odio – Dijo una voz gruesa interrumpiendo al niño de manera abrupta.
Ambos voltearon a mira rápidamente hacia el lugar de donde provenía la voz. Quedaron en completo silencio al ver quien era el que había intervenido en su conversación.