Me volví para mirarlo, convencida de que estaba mintiendo e intentando manipularme. —Pregúntale si se coge a putas con condones. O mejor aún, revisa si lleva condones en la billetera —continuó. Lo observé en silencio. —No te estoy presionando; sólo te presento una propuesta. Te quedas embarazada, le dices a Julian que es suyo y él recupera las ganas de luchar por la empresa. Entonces podré instarlo, o incluso influenciarlo, a modificar la disposición de herencia a favor de la esposa, el hijo y el hermano. Todos ganan: tú obtienes algo, sin importar que tan horrible se vuelva todo —explicó. Seguí mirándolo, atónita por cómo un padre podía traicionar a su propio hijo por dinero. Me soltó la mano y empezó a acomodar su chaqueta. Su teléfono sonó; lo sacó del bolsillo, lo revisó y luego me

