—Valeria, ¿estás con nosotros? —preguntó Néstor. —Probablemente se esté dando cuenta de que tengo razón —respondió Damian. Lo miré con seriedad. —¿Y si probamos mi plan y, si se niega, entonces puedes secuestrarlo y robarle el hígado? —sugerí. Se echó a reír a carcajadas y me preguntó si mi cerebro seguía intacto. —Por favor, Damian, solo estamos perdiendo el tiempo. ¿No estás cansado de esta estúpida venganza? Ganamos… Julian perdió. ¿No quieres una vida en la que solo estemos los tres, enseñándole a nuestra hija a ser una joven fuerte, en lugar de espiar esa tableta tuya todo el día? —pregunté. Se mantuvo en silencio. —No te estoy pidiendo que seas amigo de Julian. Y si no se arrepiente, no permitiré que se acerque a nuestra hija. —Está bien, digamos que acepta donar y se arrepie

