Planeé aprovechar esas seis horas al máximo. Probé mover la mano derecha y respondió; sólo podía suponer que era efecto de la máquina o que algo no estaba saliendo según lo previsto. Decidí mantener la boca cerrada hasta resolver el problema del hígado. —Señor, ¿a dónde va? —preguntó Néstor. —A informarle a Valeria las buenas noticias —respondí, abriéndome paso. —Señor, creo que necesita descansar. Puede llamar a Julian mañana; no es necesario ir a visitarlo hoy —insistió, pero lo ignoré y salí de la habitación. Cada fibra de mi cuerpo dolía. Me detuve y me apoyé contra la pared. Néstor me alcanzó y le grité que consiguiera analgésicos, pero seguía insistiendo en que regresara a mi habitación. Era irritante la mayor parte del tiempo. Le ordené que se callara y me trajera las pastillas.

