Cuando apareciste y le propinaste una paliza no hice más que mirar la escena, embobada, todavía temblando, sumergida en una mezcla de emociones, temor, rabia, desconcierto, y enojo.
Era inaceptable tener que vivir estas situaciones, ser violentada por el simple hecho de no aceptar una cita o no querer un beso.
Y por otro lado me preguntaba: ¿Realmente tú, habías hecho eso? ¿Habías golpeado a uno de tus mejores amigos por besarme?
No imaginé que pudieras reaccionar de ese modo con Martin. Tu puñetazo significaba muy probablemente perder una amistad. No supe desde cuando tú te volviste de esa forma conmigo, y aunque lo hubieras hecho por cualquier otra mujer me agradaba el saber de qué lado estabas.
Realmente me gustaba que no sea solo en ella en quien te fijaras...