Capítulo 5

2095 Words
Capítulo 5 Daniel Estaba pasando el mejor momento de mi vida. Fue increíble ver lo mucho que Rut me deseaba. Lo noté cuando se paró de su asiento tomando un gran sorbo de vino y dejando la copa a un lado. Caminó directamente hasta mi con esa mirada penetrante que me tiene completamente enamorado. Se acercó y comenzó a acariciar mi rostro con sus suaves y olorosas manos, mi cuerpo entero pudo sentir su rose si tan solo ella supiera todo lo que estaba provocando al tocar mi rostro de la forma en que lo hacía. Dejé la guitarra a un lado y me dispuse a besarla, este sería el momento más épico de mi vida, por fin rosaría sus tiernos labios con los míos. Llevaba esperando este momento desde la primera vez que la vi, sus labios me provocaban tomarla y besarla, todo este tiempo tuve que poner mucho esfuerzo para no aceptar la invitación de su boca siempre que la veía. Esta vez era diferente sentía que ya era momento, además no podría resistirlo por más tiempo. Todo mi cuerpo la pedía a gritos, incluso había una parte de mí que estaba más despierto que yo, listo para la acción con solo sentirla cerca. Me sentía muy emocionado al ver como ella había tomado la iniciativa y ahora no iba a detenerme, en sus ojos podía notar que ella estaba lista para que este paso se dé entre nosotros. La tomé por la cintura y la acerqué a mi mientras con mi otra mano acariciaba su rostro hasta llegar a su cuello por la parte de atrás. La tomé con firmeza y había llegado el momento de besar sus hermosos labios. Tengo que admitir que estaba muy nervioso, había esperado este momento por tanto tiempo y las mariposas revoleteaban en mi estomago como si se había desatado un gran Torbellino dentro de mí. Pero un sonido me sacó de la burbuja donde me encontraba, quise ignorarlo, pero me fue imposible. Observé como Rut se apartaba de mí y se dirigía a abrir la puerta de la casa y maldije mil veces en mi cabeza, este era mi momento por el cual había esperado tanto tiempo y estaba siendo cruelmente interrumpido. Me quedé parado observando cómo se rompía nuestro momento mágico queriendo tener el poder de detenerlo para quedarme con sus labios pegado a los míos por toda una eternidad. Escuché la voz de Víctor sacándome de mis pensamientos y no puedo negar que desde la noche anterior cuando fue capaz de declarar su amor frente a todos los celos me acosan y arden dentro de mí. Siempre supe que ellos tuvieron una historia y muero del miedo solo al imaginar que ellos quieran seguir adelante con su historia dejándome a mí en el olvido. No he podido dejar de sentir ese miedo, Víctor es un hombre muy elegante y tiene mucho a su favor. Ellos se conocen desde niños, él tiene la ventaja de saber casi todo de ella, puede conquistarla más fácil que yo, sin hablar del enorme cariño que evidentemente ella le tiene. Pero este era mi momento, no podía permitir que Víctor lo arruine. Caminé hacia ella y rodeé su cintura como diciéndole a Víctor que ella me pertenece, que es momento de alejarse. En verdad quería que el entendiera el mensaje y se marchara, que comprendiera que su tiempo ya había pasado y que ya no tenía oportunidad. Él simplemente decidió ignorar mis señales y comenzó a pedirme que no le impida hablar con ella, tengo que confesar que en verdad me dio un poco de lastimar al mirarlo en esa condición. Víctor era un hombre exitoso y excelente profesional, verlo en esa condición era algo que no me esperaba. Me preguntó que hacía en el lugar, pero pensé que debido a la condición en la que el estaba, era él que no tenía nada que buscar en el apartamento de Rut. Fue por eso que decidí repetirle la misma pregunta para la cual no tuve ninguna respuesta. Para mi sorpresa Rut me echó y prefirió quedarse con él a solas a las tantas de la noche. La duda me carcome ¿Será que Rut también lo ama en secretos? Quizás debería dejarla en paz para que sea feliz, pero mi corazón se niega, no está dispuesta a atravesar esa travesía. Los celos aparecieron en mi interior como fuego abrazador quemándome todo por dentro. Me fui de inmediato sin rechistar, aparte de confundido me sentía enojado, ella estuvo a punto de besarme antes de que él llegara y en sus ojos parecía haber pasión, se sentía como si ella deseaba ese beso tanto como yo. ¿Cómo puede ser posible que sus sentimientos cambiaran tanto por el simple hecho de verlo? Aunque también debería darle un boto de confianza y pensar que ella tal vez se haya quedado con él solo para hablar y aclarar las cosas. En otro momento ese pensamiento talvez hubiera ayudado, pero ahora los celos eran quien dominaba mi interior, en lo único que podía pensar era en ella totalmente sola en su departamento con un hombre dispuesto a todo por tenerla entre sus brazos. Me pasé la noche sin dormir pensando en ella, en la manera en que sus ojos me decían te quiero y también en la forma en que me echó para quedarse sola con él. Tenía sentimientos encontrados, estaba feliz porque creí que había avanzado y también furioso por pensar que ella se quedó a solas con él. En más de una ocasión me descubrí tratando de enviarle un mensaje. Necesitaba saber que estaba sola, que Víctor se había ido en seguida. Todas las veces me obligué a detenerme, no quiero presionarla ni que se sienta hostigada por mi culpa. No podía dejar que ella viera los celos enfermizos que se habían apoderado de mí en cuanto escuché la voz de Víctor afuera del departamento. Cuando era de mañana me fui directo al baño me di una ducha y me vestí con mi traje beige muy elegante, hoy tenía varias juntas con el comité de mi organización. Salí muy temprano directo a la empresa pues quería dejar mi presentación lista antes de la hora de la primera reunión. Llegué a mi oficina y de inmediato mi secretaria me salió al encuentro vestida completamente de rosa con su cabello rubio que le cubría la espalda de una manera muy elegante con sus tacones negros que la hacen ver muy atractiva. Si soy un hombre muy detallista y siempre me fijo en cómo van vestida las personas, lo hago hasta inconscientemente, Me brindó una hermosa sonrisa como saludo como siempre lo hacía. -Buen día señor Daniel – dijo mientras me pasaba mi café favorito, el cual me prepara todos los días antes de que me presente en la oficina y que me reconfortaba bastante, me despertaba y me llenaba de energía para cumplir con mi trabajo. -Buen día señorita Carol – le respondí tomando mi café, notando al instante que estaba a la temperatura perfecta. Oh por Dios ¿acaso existe una mejor secretaria? Carol aparte de atractiva es la mejor secretaria que podría tener, es una gran profesional y muy minuciosa con su trabajo, siempre se ocupa de que todo salga según lo planeado, ella siempre está dispuesta a trabajar horas extras con el fin de hacer todas las tareas necesarias. Nunca he tenido que quejarme de su trabajo, ella capta muy bien las informaciones y siempre hace todo mejor de lo que yo esperaba, siempre supera mis expectativas. Seguí caminando hasta mi silla mientras Carol leía mi agenda del día con mucha precaución y poniendo énfasis en las reuniones más importantes. Cuando Carol salió de la oficina de inmediato me puse a terminar la presentación mientras reprimía el impulso de llamar a Rut para desearle un buen día. La verdad es que darle los buenos días era solo una excusa para escuchar su dulce voz. A cada momento quería tenerla cerca, escuchar su voz y sentir su olor. Me parece un delito que una persona se adentre tanto en ti hasta ocupar tu corazón por completo y todos tus pensamientos. Rut es declarada culpable y yo quisiera darle su castigo en persona. Solo esperaba que ella no estuviera con Víctor. No me permití llamarla pues no sabía que era lo que debía hacer con respeto a nuestra situación. En ese momento moría de amor, celos y enojo, ¿Cómo se supone que debía manejar esta mezcla de sentimientos? La verdad es que debía resolverlo y este no era el mejor momento. Comencé a trabajar y cuando termine ya era hora de mi primera junta, justo una hora antes del mediodía. Antes de dirigirme a la sala de junta tomé mi teléfono para hablarle a mi madre, acababa de recordar que había quedado en almorzar con ella. Sin embargo, también tenía una reunión de negocios justo a la hora del almuerzo y no hubo manera de trasladarla. Necesitaba serrar ese negocio con ese cliente por lo que decidí llamar a mi madre para cancelar nuestra cita personalmente. Cuando tomé mi celular lo primero que alcancé a ver fue un mensaje de Rut diciendo que quería verme. Al verlo mi corazón dio un gran salto, no sabía que emoción sentir, o miedo a que me dijera que ya no quería volver a verme porque saldría con Víctor. O bien, felicidad de saber que ella me extraña casi tanto como yo. Necesitaba responder a ese mensaje, después de todo no podía dar por perdida la guerra sin siquiera ir a la batalla. Estaba a punto de responderle el mensaje con un yo también quiero verte cuando de repente entra mi secretaria a la oficina. Al parecer estaba muy apurada, ni siquiera se tomó el tiempo de tocar antes de entrar, cosa que casi nunca hace. -Disculpe señor Daniel, lleva casi cinco minutos de retraso y todos están esperándolo un poco inquietos – me dijo con un tono de preocupación y devolviéndome al mundo real del que al parecer me había ido hace unos diez minutos. De inmediato Salí de la oficina dirigiéndome a la sala de juntas. Antes de irme le indiqué a Carol que llame a mi madre para cancelar el almuerzo. Llegué a la sala de junta y gracias a Dios ya Carol había preparado todo para la presentación, por lo que de inmediato comencé la junta después de disculparme por la tardanza. No me había dado tiempo a responder el mensaje de Rut, pero ya lo haría en otro momento. Esta junta me había tomado dos largas horas, cuando terminé me quedaba solo treinta minutos para reportarme en un restaurante cinco estrellas que quedaba a unos veinte de la empresa. Allí almorzaría con un posible clientes que sería de gran importancia para la compañía, no me podía dar el lujo de llegar tarde. Había reservado el área VIP para poder almorzar tranquilos y poderle hablar de mis planes de negocios con más serenidad. Salí a toda prisa y me monté en mi auto esperando llegar antes que mi cita al lugar. Prefería esperar a que me espere porque como ya les dije este cliente le daría un gran impulso a la compañía. Además, si corría con suerte me daría tiempo a llamar a Rut para invitarla a cenar o para quedar con ella donde guste. Necesitaba aclarar todo, tenía que escuchar de sus labios que prefería estar con Víctor para yo poder tirar mis esperanzas y dejarla en paz para que sea feliz. Cuando llegué al restaurante me recibió el supervisor con una gran sonrisa y le correspondí de la misma forma. -Buenas tardes, señor Daniel – me dijo de una manera muy amable – puede pasar a su mesa, lo están esperando. Me sorprendí de que el señor Carlos Alcántara haya llegado con tanta puntualidad, yo había llegado quince minutos antes. Había pisado el acelerador después de darme cuenta de que las calles estaban vacías, ganándome de esta forma cinco minutos, que al parecer de nada me habían servido. Asiento con cordialidad y camino directo a donde se encontraba mi mesa, sabiendo su ubicación de memoria. Cuando llegué a mi lugar de destino me sorprendí de encontrar al señor Alcántara muy bien acompañado. Éste era un hombre maduro de unos sesenta y tantos años que había logrado construir el imperio de materiales de construcción más grande del país. A su lado se encontraba una joven muy elegante de unos veinticinco años con una sonrisa capaz de iluminar todo el lugar.
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