đź©· La oficina de James huele igual que siempre.
 Limpia. Ordenada. FrĂa.
 Como si aquĂ dentro nada pudiera salirse de control. Cierro la puerta detrás de mĂ y Ă©l levanta la mirada de inmediato.
 Por un segundo… sonrĂe.
 Esa sonrisa fácil. CĂłmoda. Pero esta vez… más amplia de lo necesario. Sus ojos recorren mi figura sin disimular demasiado. —Victoria… no esperaba verte —dice, quitándose los lentes con calma—. Aunque no puedo decir que no sea una agradable sorpresa. ÂżEros ha tenido algĂşn problema? Ignoro el matiz. —Esta vez no he venido por un asunto de Eros. Necesito hablar contigo de algo personal —digo, sin rodeos. Su expresiĂłn cambia. Más atento. Más interesado.
 Deja el mouse, se inclina un poco hacia adelante… como si acabara de encontrar algo que le intriga. —Claro. Siempre te

