Debido a nuestras agendas apretadas y debido a que nos acercábamos a los exámenes, no habíamos podido terminar el regalo de Lily. Cada tanto Susy y yo nos reuníamos en secreto después de clases porque ella tenía más y más ideas para el bendito galletero. De vez en vez ella lo traía a la escuela y en los descansos lo íbamos haciendo. Era difícil porque con los exámenes, su recital de ballet, mis entrenamientos, hacían que decorar un puto galletero fuera algo imposible. Faltaba poco para que las vacaciones de invierno comenzaran, para ser más exactos, nos quedaba solo dos días. Susy había dicho que llevaría el frasco a la escuela así que podíamos terminarlo. Terminar esa maldita cosa y meterla en la maldita caja hecha a mano que Susy y yo hicimos era lo que más quería ¡Maldito sea el gallet

