Ginebra bostezó mientras salía de la clínica. El cansancio la tenía abrumada, la mente le daba vueltas y el corazón… bueno, ese parecía no encontrar reposo. Decidió que lo mejor sería volver a casa, cambiarse de ropa, descansar un poco. Necesitaba aire y silencio para pensar las cosas El trayecto hasta su apartamento fue tranquilo. Subió las escaleras arrastrando los pies, abrió la puerta con movimientos automáticos y la cerró con suavidad. Pero apenas dio dos pasos dentro, frunció el ceño. Algo no encajaba. El aroma a café recién hecho flotaba en el ambiente, y eso era imposible… ella no había dejado la cafetera encendida. Tampoco recordaba haber dejado sus zapatos fuera del clóset ni una maleta abierta en medio de la sala. —¿Qué…? —¡Bú! Ginebra pegó un salto, soltó un gr

