Narrador.
El tiempo parece que pasa volando, la vida de Celeste estaba cambiando y ella no podía hacer nada, más que asumir las nuevas responsabilidades en su vida. La familia Cáceres se mantuvo al margen de todo y Celeste permaneció en el hospital hasta que el niño fue dado de alta.
Liam tenía solo seis años, se veía sano, pero nació con una condición especial, le había tocado vivir muchas cosas dolorosas a su corta edad. Los resultados de los exámenes estaban bien y fue dado de alta, ella recogió sus cosas, cargó al gordito en brazos y salió del hospital, rumbo a la funeraria.
En todo ese tiempo Celeste no dejó solo al niño, lo llevaba como llavero a todos lados, luego de todo el sufrimiento y días sin dormir llegan a casa. Liam estaba dormido, lo acostó en la cama como pudo, estaba bien pachoncito a pesar de tener seis años se veía más grande. Ella se fue a dar un baño ya le salía, todos los días que estuvo en el hospital, no se había bañado ni comido bien. Se preparó un sándwich y se sentó a comerlo, desde allí podía ver al pequeño dormir.
—¡Ay Dios mío! y ahora ¿qué haré con mi vida?, ¿cómo voy a criar a este niño sola? Y con un salario mensual.
Mientras disfrutaba de su cena recibió un mensaje del abogado para fijar una fecha para una cita, ya que había otros asuntos que aclarar. Celeste respondió y terminó de comer, ella aún no había entendido que su hermana le había dejado un buen dinero para ella y para el niño. Al día siguiente comenzó su vida como mamá de Liam, haciendo las rutinas de la mañana y luego llevándolo al colegio, fue a su trabajo y a la hora de almuerzo se reuniría con el abogado.
En algún lugar de la ciudad.
El empresario multimillonario Baltazar Ciccineli. Es un hombre de 35 años, extremadamente inteligente, es ingeniero en robótica, excelente porte físico, extravagante, con una personalidad que lo hace diferenciar de los demás, exageradamente selectivo con todo, la comida, la vestimenta, las mujeres. Tiene una obsesión por las motocicletas de alta cilindrada, las armas de fuego y la limpieza. Es perfeccionista compulsivo. CEO del grupo Ciccineli y jefe de la mafia.
Es un hombre muy aclamado por las mujeres por su buen parecido físico, silencioso, tal vez introvertido, vanidoso y poco sociable. Aunque reconocido por las múltiples labores sociales que hace su fundación que lleva el mismo nombre de su empresa.
Digamos que ese es su lado bueno. Sin embargo por otra parte es calculador, sin sentimientos a la hora de cobrar deudas o venganza, obstinado, si algo sale mal cobra el error a quien sea. No es mujeriego, pocas veces se ha acostado con alguna mujer, algunos empresarios creen que sea gay, pero no lo es, solo se considera demisexual.
Para tener sexo con una mujer, esta debe ser lo suficientemente atractiva para él y por la cual sienta deseo s****l. Si no cumple con estos requisitos por muy hermosa que sea, las ve inferiores a él y por ende no siente deseos de tener sexo con ellas.
Es un hombre que ha mantenido su doble vida oculta por años, llevando ese apellido con tanto prestigio.
Se encontraba en su empresa, feliz por haber ganado una buena negociación que le traería muchas ganancias, celebraba con un buen whisky y sonreía ampliamente; sin embargo, esa sonrisa se borró al ver a su abogado entrar a la oficina.
—Vaya veo que Celina está urgida para que le dé el divorcio, pero Manuel, sabes cual es mi respuesta.
—Pues en realidad vengo a informarte que Celina falleció, tuvo un accidente automovilístico iba acompañada con su hijo.
Baltazar quedó impactado, si bien ya no amaba a Celina jamás le desearía algo tan malo como lo que había ocurrido, preguntó un poco angustiado.
—¿El niño…?
—Él está bien, está perfecto.
—Gracias por la información, pero mi pregunta ¿a qué viniste?
—Vengo a hablar del cubo Negr*.
Baltazar se colocó de pie y miró con furia a Manuel.
—El cubo Negr* es absolutamente mío y lo sabes, además creo que por ser su esposo viudo, me debe quedar su parte a mi ¿o me equivoco?
—Pues si, te equivocas, Celina dejó un heredero y no fue a su hijo.
—Perfecto entonces que la persona esa me venda su parte y todos felices— habló Baltazar molesto.
—No es tan fácil, Celina dejó algunas condiciones y una de ellas es que no puede vender.
Baltazar apretó sus puños y los dejó caer sobre el escritorio con furia.
—¡Maldita sea!, qué mujer tan jodida, acaso hasta muerta me va a seguir jodiendo la existencia. Ella sabía que el cubo Negr* es mío que no…—Hizo silencio y pasaba la mano por sus sienes.
—Pues tú sabrás tus cosas, pero ella dejó todo muy bien arreglado legalmente. Me tomé la tarea de revisar y todo está limpio y muy legal.
Baltazar estaba molesto, Celina le había hecho una jugada que nunca se esperó.
—Debe haber una salida, sé que eres buen abogado así que convence a la persona de que me la devuelva ya. Creo que debes saber más que nadie que el cubo Negr* me pertenece en su totalidad.
—Lo sé Baltazar, y solo si ella lo rechaza o lo cede será tuyo, aunque tendría que averiguar quien es, para eso debo esperar la cita con el abogado de Celina que está pautada para dentro de dos días ,allí sabré de quién se trate.
—Solo habla por las buenas, para que me ceda esa parte del cubo Negr* que me pertenece y ofrecele una buena suma de dinero. No quiero usar otros métodos.
El millonario estaba molesto y quería saber más sobre la persona que había heredado lo de Celina. Quería saber de quién se trataba ¿Tal vez un amante?, sin embargo, se aguantó las ganas de irse a la fuerza y decidió manejar todo a través del abogado. Además no le convenía un escándalo más.
Baltazar Ciccineli era un hombre caprichoso y meticuloso, a la hora de hacer negocios, el cubo Negr* le pertenecía, Pero ahora debía arreglar todo por las buenas de no resultar usaría todo su poder para obtener lo que por derecho le pertenece.
En otra parte de la ciudad
Celeste decidió reunirse con Damaso, el abogado de Celina quien le explicó todo lo que conlleva ser heredera de una herencia millonaria.
—Celeste debes mudarte a la casa que te dejó tu hermana, allí Liam estará más cómodo.
—No, la verdad yo no quiero saber nada de las cosas de mi hermana, eso es de Liam.
—Escucha él está pequeño necesita que alguien las maneje por él, tu hermana confió en tí y no en Harold, entonces si tu no aceptas automáticamente pasará a él o en su defecto al esposo de tu hermana.
—¿A quién? ¿Ella estaba casada? ¡Ay no puedo creer esto!
—Si ella estaba casada, pero era algo…emh…ellos estaban casados por contrato y tenían negocios juntos es todo.
—Esto es increíble, ¿desde cuando las personas dejan los sentimientos a un lado y no les importa nada más?, ni lo que sienta la otra persona.
—En el mundo de los negocios esto se suele manejar así.
—Definitivamente estoy de acuerdo en cuidar a Liam, y de recibir la manutención,
pero no quiero nada de lo que ella me dejó, dejáselo a su esposo o al imbécil de Harold, no me importa.
Celeste tomó sus cosas y se colocó de pie.
—Celeste, dejame decirte que te estas perdiendo de cosas muy buenas, no seas terca y acepta. Además vives en una caja de fósforo, Liam no está acostumbrado a vivir así—el abogado se veía desesperado— El viudo, él quiere el cubo Negr* quiere darte dinero por esa propiedad, pero piensa Celeste, ¿por qué tu hermana no se lo dejo a él?, ¿no crees que hay algo más?
Celeste se quedó pensativa Dámaso logró hacerla dudar de su decisión..
—Está bien lo pensaré. De igual manera me iré a la casa que estoy pagando con Harold, esa es comoda y grande Liam estará bien ahí.
—Usa el dinero que dejó tu hermana y paga la casa, ahora tienes solvencia económica muchacha no seas tonta.
Celeste frunció el ceño y asintió y le regaló una media sonrisa y se fue del lugar, pensando en todo lo que había conversado con el abogado.