Ambos llegaron agitados a sus respectivas duchas Celeste se metió en seguida calmando sus ganas de inmediato aunque aún sentía que su centro palpitaba. Sin embargo Baltazar quien tenía mucho tiempo sin sentir algo así por una mujer, lograria calmarse con una simple ducha. Sin duda la ducha se convirtió en un refugio para liberar su deseo, el agua deslizándose por su piel como un suave abrazo. Baltazar cerró los ojos, sintiendo la tensión acumulada del momento, y sobre todo, la punzada de deseo que Celeste había dejado en él. Su imagen, lanzando gemidos inaudibles, él los sintió, sintió como ella también quería seguir sintiendo, danzaba en su mente. Sus manos se movieron con una lentitud deliberada, explorando su propio cuerpo. El jabón resbalaba entre sus dedos, creando una caricia resb

