Pasó el bisturí por una oreja haciendo que esta cayera al piso, el hombre gritaba desesperado y a la vez se orinaba.
Baltazar se colocó frente al hombre y aprovechando que tenía la boca abierta por que gritaba de dolor, le sujetó la lengua y cortó un pedazo ya que esta se resbaló de entre sus dedos. El olor a sangre, orina y heces era repugnante y Baltazar no soportaba los malos olores o los sitios sucios, tenía una especie de obsesión con la limpieza, le encantaba todo con pulcritud.
—Encargate Renzo y no dejes evidencias de nada—le dijo Baltazar a su mejor hombre
Cuando iba saliendo de ese lugar Harold habló.
—Se quien tiene lo que tanto anhelas—dijo con dificultad—el Cubo Negr0 se quien es y se burla de ti jamas te lo entregará.
Baltazar se detuvo de golpe en la puerta y dándole la espalda le pregunto.
—¿Qué sabes del Cubo Negr*?
—Lo tiene una mujer, lo tiene mi esposa, si, si como lo escuchas ella es la apoderada de Celina, ella la convenció de que no te dejará tu preciado tesoro.
Baltazar estaba confundido¿ como este tipo sabía del Cubo Negr*?¿ Por qué Celina confió más en esa mujer que en el mismo? Algo no estaba bien, así que la quería, quería a esa mujer a la que Celina dejó su herencia y su parte del Cubo Negr*.
Salió del sótano e hizo una seña a sus hombres. fué directamente a su oficina, sus hombres le llevaron a Harold. El estaba sentado con la mirada perdida, cuando vio entrar a Harold todo ensangrentado, se puso de pie y le dijo.
—Creo que no quieres apostar, así que dime cuanto necesitas y voy ya mismo por la puta de tu mujer.
—Esto es lo que pido—le mostró una cifra en su teléfono—solo quiero que me devuelva mi casa, es una vividora.
—Miserable de mierda—Baltazar sacó un fajo de billetes de la gaveta del escritorio y se lo lanzó en la cara riendo—Tu mujer no vale tanto, para estar contigo debe ser una estúpida sin cerebro, sin duda no se merece mas de lo que te doy. Sal de mi vista cretino y jamás vuelvas a este lugar si quieres permanecer con vida.
Baltazar salió de allí molesto, aunque sabía ocultar su rabia. Se fue temprano a la dirección que Harold le había proporcionado.
—Jefe ¿usted se quiere divertir con la mujer o hay alguna orden en especial?—preguntó Renzo antes de salir del auto.
—Tráela sana, me divertiré en casa.
Cuatro hombres vestidos de Negr* entraron a la casa, Celeste aún se encontraba en pijama y estaba preparando el desayuno cuando escucho la voz de un hombre, ella rápidamente tomó uno de los cuchillo para defenderse.
—No hagas esto difícil, te vendieron a ti y debes venir con nosotros—dijo uno de los tipos.
Ella estaba en posición de ataque, pero no entendió lo que le dijo el hombre y tampoco se dio cuenta del otro hombre en su espalda, quien le sujetó los brazos, dos hombres subieron debian percatarse de no dejar testigos, pero Liam no había ido a la escuela porque se sentía mal.
Celeste al ver que los hombre se encontraron con el niño empujó con fuerza al simio que sostenía sus brazos haciendo que se quemara con agua hirviendo, el hombre que tenía enfrente se vino sobre ella, pero lo espero con una patada en el interior del muslo derecho haciendo que este cayera de rodilla, Celeste corrió rápidamente por las escaleras y fue recibida por otro hombre quien intentó agarrarla pero ella lo esquivó con facilidad y llegó a la habitación de Liam donde estaba el cuarto hombre y lo tenía apuntado con un arma.
—¡Shshsh! quieta fiera hermosa, quieta en el mínimo movimiento que hagas le vuelo los sesos.
Renzo tenía todo bajo control, Celeste, tenía un nudo en la garganta, sentía que el corazón se le iba a salir por la boca, sus manos temblaban, de hecho todo su cuerpo temblaba sin poder evitarlo, se armó de valor y habló con voz temblorosa.
—Deja al niño, por favor baja el arma, me quieren a mi, aquí estoy.
Renzo se carcajeó. El era el mejor hombre de Baltazar, el más viejo y el que tenia mas experiencia, era el de eterna confianza de Baltazar; meticuloso, calculador y el sanguinario del equipo, nunca mostraba algún tipo de sentimiento, su semblante era intimidante y hasta tenebroso. Baltazar tenía un código, no dañan ni a mujeres ni niños, pero si por alguna razón debían hacerlo ese trabajo lo hacía Renzo.
—¿Qué te hace pensar que te haré caso?, estúpida
—¡Él es solo un niño!—rogó Celeste.
—¡Titi, tengo miedo!—gritó Liam.
—¡Cállate mocoso!
Renzo golpeó con la pistola la cabeza del niño haciéndolo sangrar y Celeste se enfureció tanto que se lanzó sobre el hombre tenebroso, pero en ese momento llegaron los otros secuaces y la lograron detener y someter sentándola en una silla amarrando sus brazos hacia atrás.
Renzo no hacía nada sin autorización de su jefe así que lo llamó para preguntar.
—Jefe esta mujer nos está dando pelea,¿ jugamos con ella o aun la quiere intacta?
—No me quiero imaginar lo estúpida que puede ser esa mujer, ya termina allí haz lo que quieras, pero que sea rápido me quiero ir. Pero recuerda que la necesito viva.
Renzo no le contó que había un niño, sabía que si lo decía la orden de Baltazar sería otra y él se quedaría con las ganas de jugar con Celeste, ella escuchó toda la conversación porque el muy desgraciado lo tenía en altavoz, la chica soltó algunas lágrimas, no por lo que había escuchado sino porque no entendía qué estaba pasando.
—Pequeña fiera, creo que jugaremos un poco.
Cuando él se acercó a ella, con mucha fuerza se echó hacia adelante y le dio un cabezazo haciéndolo retroceder con la nariz rota. El rápidamente le hizo seña a los demás hombres para que no intervinieran.
—Eres agresiva tal cual como me gustan. Pero sabes que hoy me apetece verte sufrir, pero no te tocare a ti.
Renzo no había soltado a Liam quien lloraba asustado de ver la sangre correr por su rostro. Este hombre tenía tanta fuerza que levantó por los aires al niño y luego lo soltó dejándolo caer de manera estrepitosa. Liam comenzó a llorar y no se lograba poner de pie. Aurora comenzó a llorar y gritar.
—¡Haz lo que quieras conmigo, pero deja a mi niño por favor, déjalo!
—No pequeña fiera, quiero verte sufrir, quiero más, quiero ver qué me supliques.
—¡Lo haré, lo haré, lo que tú quieras lo haré! Solo deja al niño por favor.
El hombre se carcajeó y sujetó al niño por el brazo y lanzó varias cachetadas. Celeste gritaba desesperada, ella no podía permitir que ese hombre maltratara al pequeño y los demás hombres se burlaban. La rabia, la ira y los recuerdos de los maltratos y la violencia que ella vivió en su niñez, la hicieron reaccionar.
Aprovechando que no habían atado sus pies, se apoyó en ellos y se desplazó hacia Renzo con rapidez, él no se alertó, porque creyó que con un simple empujón la iba a derrotar, pero nunca se imaginó lo que ella haría. Celeste se giró y cayó con todo su peso sobre él, ella calculo todo y una pata de la silla, se clavó en la garganta de renzo, haciendo un daño irreversible, la silla se partió y ella pudo zafarse y tomar el arma de Renzo y disparó a los otros hombres, hiriendo a uno de ellos, Liam comenzó a gritar con desesperación y Celeste reaccionó abrazandolo, pero sin dejar de apuntar a los hombres, le habló al niño.
—Cierra los ojos mi amor, no los abras, vamos a jugar un juego, quien abra los ojos pierde y es un tonto.
Liam apretó muy fuerte sus ojos, no quería perder y Celeste no quería que viera el escenario tan escalofriante que había en la habitacion. Angelo, el más joven del equipo, resultó herido antes de poder salir de la habitación y tirado en el piso del pasillo hizo una llamada a Baltazar.
—Jefe, algo salió mal, estoy herido y Renzo ha muerto.
Baltazar tomó su arma, arreglo su saco y pasamontañas y salió muy rápido del auto accediendo a la casa, sigiloso y observador, subió las escaleras y se encontró con Angelo en el piso inconsciente. Siguió caminando y llegó a la puerta de la habitación, aunque Celeste quiso accionar el arma nuevamente, Baltazar como gacela llegó justo frente a ella y la desarmó completamente en un abrir y cerrar de ojos.
Fue en ese justo momento donde sus miradas se encontraron y él quedó totalmente sorprendido.
—¿Celina? ¿Eres tú?—preguntó sorprendido
—¡Que!?
Celeste también se sorprendió y aunque intentó hablar no pudo.